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La sociedad del cansancio

El pasado 1 de octubre, Sebastián Galassi, un joven estudiante universitario italiano de 26 años, que trabajaba como rider (repartidor o domiciliario)...

Foto del avatar Escrito por Malkin Martinez Montes · 3 min read >

El pasado 1 de octubre, Sebastián Galassi, un joven estudiante universitario italiano de 26 años, que trabajaba como rider (repartidor o domiciliario) para Glovo, quitemos globo y coloquemos (Rappi o iFood).

Galassi estaba realizando una entrega de Glovo, cuando su ciclomotor fue embestido por un Land Rover. El joven murió al día siguiente. Pero unas horas después del accidente, recibió un mensaje en su celular en el que le comunicaban que había sido despedido por no entregar el paquete a tiempo. Su madre indignada y adolorida lo colgó en redes sociales:

“Lamentamos informarle de que su cuenta ha sido cancelada por incumplimiento de los términos y condiciones. El objetivo de Glovo es ofrecer una experiencia óptima a sus mensajeros, socios y clientes. Con el fin de mantener una plataforma sana y justa, a veces es necesario tomar medidas cuando uno de estos usuarios no se comporta adecuadamente”, dice el email.

Glovo es una empresa española de entrega a domicilio, que utiliza repartidores autónomos, llamados riders. Tiene también presencia en Italia. Recientemente ha sido comprada por Delivery Hero.

En Europa no todo es color de rosa como nos lo pintan y al igual que en Latinoamérica muchos se juegan la vida como rider por 600 euros al mes, en Colombia desconozco cuanto gana un repartido o domiciliario. Como es lógico, el email ha causado una gran indignación en las redes sociales italianas, así como en los sindicatos y partidos políticos.

El alcalde de Florencia, Dario Nardella, del Partido Democrático, estallo contra las empresas de reparto en un post publicado en su Facebook: “Cero protecciones, ritmos insostenibles, pocos derechos. Durante años en Florencia hemos estado luchando por la dignidad de todos los trabajadores y riders en particular”.

Glovo, por su parte, un poco tardío emitió un comunicado en el que se disculpaba por lo sucedido, y ofreció pagar parte de los gastos funerarios del joven rider. “Lamentamos profundamente el fallecimiento del repartidor Sebastian Galassi como consecuencia de un accidente de tráfico en Florencia, Italia. Estamos en contacto permanente con su familia para apoyarles en estos momentos tan difíciles”, informo la compañía.

 

Pasa en la vida pasa en TNT dice o decía la famosa frase publicitaria de este canal de películas, yo diría: si pasa en Europa pasa en Colombia o si pasa al otro lado del continente que se deja para Colombia.

Con esta lamentable y triste historia no busco centrar la mirada en la regulación de estas App, creo que será tema para otra columna.

Después de conocer este relato y el final infeliz de este suceso se hace necesario traer a colación un concepto acuñado por Byung-Chul Han, uno de los filósofos más influyentes de la actualidad y donde tomo algunos apartes de su obra por lo tanto lo que sigue hasta el penúltimo párrafo es literalmente un corto resumen de su exposición llamada: “La sociedad del cansancio”

Según Byung-Chul Han, el exceso de positividad nos está conduciendo a una sociedad llena de individuos agotados, frustrados y deprimidos. En este nuevo escenario social, víctima y verdugo son la misma persona. Ya no hace falta una dictadura ni un tirano para someter a la población. Nos bastamos nosotros solos para explotarnos hasta la extenuación. Y paradójicamente vivimos bajo una falsa sensación de libertad.

Nos explotamos voluntaria y apasionadamente creyendo que nos estamos realizando. Lo que nos agota no es una coerción externa, sino el imperativo interior de tener que rendir cada vez más. Nos matamos a realizarnos y a optimizarnos, nos machacamos a base de rendir bien y de dar buena imagen.

En la sociedad neoliberal del rendimiento se lleva a cabo una explotación sin autoridad. El sujeto forzado a rendir, a explotarse a sí mismo, es a la vez amo y esclavo. Por así decirlo, cada uno lleva consigo su propio campo de trabajos forzados. Lo peculiar de este campo de trabajos forzados es que uno es al mismo tiempo prisionero y vigilante, víctima y criminal. En eso se diferencia del sujeto obediente de la sociedad disciplinaria, que Foucault describe en su libro Vigilar y castigar.

En la orwelliana 1984 los ciudadanos eran conscientes de que estaban siendo sometidos. Sin embargo, Byung-Chul Han afirma que en la actualidad no tenemos esa consciencia de estar siendo dominados.

Cada época ha tenido sus enfermedades. Según el filósofo, en el pasado se debían a las bacterias o virus, pero en el siglo XXI, las enfermedades son neuronales: depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional.

Hoy nos venden la idea que todo es posible, que toca estar en constante preparación académica, actualización de los conocimientos, nos dicen que vivir es hacerlo intensamente, somos más productivos, valiosos y eficientes, si somos multi tareas, si estamos 24 / 7, si nos ganamos el empleado del mes y todo esto nos ha condenados a una larga carrera donde los niveles nunca dejan de subir, donde “junto con el éxito está la frustración y la derrota. Convirtiéndose en sorbos del mismo vaso.  ¿El premio?: infartos en el alma y en el cuerpo, enfermedades inimaginables, lo peor lo que ataca al hombre no viene del exterior, sino de su interior de sus temores a no poder cuando toda la propaganda te grita que el cielo es el límite.

Pero con la lamentable noticia que todos somos remplazables, aunque hayamos ganado el empleado del mes miles y miles de veces. Al tercer día todos somos olvidados y si ya no somos productivos nos convertimos en una carga para el sistema.

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Malkin Martinez Montes
Lic. En Humanidades con énfasis en lengua castellana. Magister en recursos digitales aplicados a la educación, universidad de Cartagena. Codirector y columnista del portal de opinión Soyciudadano.org Profile

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