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Edición #75 Revista literaria Crisol

¿Cuál es el reto actual de escritores y cineastas? Por: Adán Peralta * En la actualidad hay una conveniente y provechosa relación...

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¿Cuál es el reto actual de escritores y cineastas?

Por: Adán Peralta *

En la actualidad hay una conveniente y provechosa relación entre literatura y cine. Fusión que ha dado vida a grandes historias en la pantalla. Muchos son los aciertos entre este matrimonio. Hoy más que nunca resulta beneficiosa esta relación, en tiempos donde los descomunales adelantos tecnológicos han invadido todo.

Los primeros guiones de cine que escribió Gabriel García Márquez recibieron un rotundo rechazo, por la atmósfera fantástica de esas historias. Éstas fueron descalificadas, porque desde lo tecnológico era imposible llevarlas al cine. Entonces, Gabo optó por plasmarlas con el encantamiento de su narrativa.

Hoy es otro cantar.

Los inimaginables avances tecnológicos han propiciado que cualquier historia pueda llevarse a la pantalla. Ahora el cine, antes que hacerle competencia a la literatura, se ha alimentado de ella, la ha fortalecido y le ha devuelto su carácter invaluable dentro del mundo de los sueños. La tecnología de nuestros tiempos posibilita complejos y posibles mundos a través de la cinematografía.

¿Pensó J.R.R. Tolkien alguna vez que sus libros «El hobbit» y «El señor de los anillos» -considerados literatura fantástica y rechazados en su época por voluminosos- en la actualidad sean una de las sagas más vendidas en el mundo? ¿O que dichos textos hayan inspirado películas que desbordaron las expectativas de sus productores? ¿O qué las siete novelas sobre las aventuras del joven «Harry Potter» hayan alcanzado las astronómicas ventas de 450 millones de ejemplares, y que su autora J.K. Rowling, quien fuera una humilde maestra, sea hoy una de las mujeres más ricas del Reino Unido, por cuenta de sus libros y de su creatividad?

Es claro entonces, que en estos tiempos de voraz consumismo, los espectadores quieran más de una buena historia. Por eso los lectores iniciales de «Cien años de soledad», esperaban más del mundo de Macondo, y cuando Gabo publica «El otoño del patriarca», muchos fueron los decepcionados, porque en el fondo querían seguir conversando con Melquiades, con Úrsula y todos los Buendía. Deseaban más del mágico Macondo que se había incrustado en sus vidas. Por eso, hoy el cine, y también la literatura, explotan esa ansiedad de los cinéfilos y lectores, proponiéndoles sagas y series.

Es innegable: Cine y literatura recorren la misma línea sanguínea. Veamos algunas de las revelaciones logradas: «El paciente inglés», del escritor canadiense Michael Ondaatje, historia llevada al cine con un desbordante humanismo y que la hizo merecedora de diversos premios; o la película «El cartero», basada en la novela «El cartero de Neruda», del chileno Antonio Skármeta, «Como agua para chocolate», de Laura Esquivel, la cual fue llevada a la pantalla por el mexicano Alfonso Arau; «El padrino» basado en la obra homónima de Mario Puzo; «La chica del tren», de Paula Hawkins. Otra de las excelentes películas basadas en libros, es, sin lugar a dudas, «El perfume». Se trata de un film que está basado en la novela del escritor alemán Patrick Süskind. Qué decir de «Sueños de fuga», un crudo y poético relato sobre el drama carcelario, escrita por el famoso Stephen King. Es bueno referenciar lo que ha logrado el gigante de la pantalla Disney con los clásicos de la literatura infantil y juvenil. En fin, son incontables los convenientes aciertos.

También debo mencionar la saga «Crespúsculo», de Stephanie Meyer, con sus historias de vampiros, las cuales nacieron del «Drácula» de Bram Stoker. De igual forma hay que señalar la arriesgada apuesta cinematográfica del guionista y director mejicano Alejandro González Iñárritu, quien propone un cine que se basa en las estrategias que se utilizan en la literatura para contar historias a varias voces, o de entretejer relatos que al final se unen en una sincronía para el deleite del espectador. Historias como «Amores perros», «21 Gramos», «Babel», entre otras. O el largometraje «Jazmín azul», del gran director Wody Allen, quien retoma también maniobras de la literatura para aplicárselas al cine. Técnicas como la utilización de trasgresiones en el tiempo para narrar una historia y otras.

Literatura y cine evocan y convocan. Ambas se han globalizado como medios creadores de otras narrativas, utopías y espejismos, reinventando la vida, trasmutando el hermetismo de lo que llamamos realidad.

Miremos ahora otra orilla, la de las series.

El gran éxito en la pantalla de la serie de 17 capítulos de la novela «El Tiempo entre costuras», de la española María Dueñas, solo hay que verla para entender que estamos ante una prueba más de la magia que la cinematografía hace con la literatura. O la exitosa serie de «El cuento de la criada», basada en la novela de la canadiense Margaret Atwood. Más extraordinario es lo que ha ocurrido con el universo desafiante del escritor estadounidense G. R. R. Martin, con el fenómeno llamado «Juego de tronos», serie basada en sus consagradas novelas de la saga «Canción de hielo y fuego», y su precuela «La casa del dragón». Martin teje una narrativa apoyada en lo incierto, en la evolución de sus personajes que atraviesan complejos procesos de maduración o de degradación. Allí lo insólito es común, logrando seducir a millones de lectores desde que publicó el primer volumen de la saga, en el año de 1996.

Es cierto, la relación entre literatura y cine dan vida, pero también matan. Varias son las obras cuyas historias han naufragado en la cinematografía, y la película o la serie ha matado la esencia literaria. La prueba más elocuente es la trilogía de las novelas «Cincuenta sombras de Grey», de la escritora británica E. J. James, que habían alcanzado ventas de más de 170 millones de ejemplares de sus tres novelas, pero una vez fueron llevadas a la pantalla, las ventas y la pasión por estas obras decayeron, por las pésimas adaptaciones al cine.

¿Cuál es el reto actual de escritores y cineastas? No es más que seguir reconociendo y valorando las necesidades mutuas que existen entre literatura y cine. En entender el necesario intercambio de técnicas entre estas dos artes. Saber que el compromiso ineludible de todo narrador debe ser el ejercicio de ver buen cine, y así aprender estilos de como narrar atrapando al lector con las imágenes que construye. Pero a la vez, todo buen cineasta debe ser un gran lector de literatura, en todos los géneros, para lograr un verdadero aparejamiento. No hay otra.

 

*Nació en Sincelejo-Colombia. Reside en su ciudad natal. Narrador y ensayista. Licenciado en español y Literatura. Especialista en Docencia y en Gerencia Informática. Profesor de secundaria y catedrático universitario. Su libro de cuentos Los Giros del deseo, resultó ganador del portafolio de estímulos ConfinArtes, 2020, del Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes de Sucre. También publicó el libro: Cuentos para iluminar la noche (coautor). Editorial Torcaza, 2019.

 

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