Desde el viernes 29 se empezó a observar el movimiento y dinamismo de la celebración de Halloween en Colombia. Expresiones cada vez más marcadas y hasta parecen propias de nuestra cultura e idiosincrasia.
Tal vez el auge de las redes, las conexiones, un mundo globalizado, han hecho que hoy el Halloween sea algo que también nos pertenece. Recuerdo de niño que solía entender o comprender que era algo de los gringos acá uno se limitaba a pedir dulces y esporádicos niños se disfrazaban, los adultos casi nunca. Hoy día los adultos mandan la parada y la creatividad es desbordante y es algo para aplaudir.
El comercio una de las ramas de nuestra realidad social más afectada el año pasado en estas mismas fechas. Hoy se nutre de todos los eventos, celebraciones que acompañan a las fiestas de disfraces.
Como mi intención no es criticar ni satanizar esta celebración de la cual la gente es libre de llevar a cabo; los puntos sobre las íes los quiero colocar en el día después. Se acaba octubre y nuestra realidad como país sigue y lo lamentable es que mientras que muchos adultos juegan de manera saludable a disfrazarse con su mejor atuendo, en Colombia llevamos 4 años con un señor bonachón, buena gente, carismático, que baila y reza con todos los dioses cuando de hacer política se trata: disfrazado de presidente.
El primero de noviembre despertamos y podemos decir yo me quite el disfraz pero este señor aun lo tiene, lo peor no le quedo bien y es que le ha quedado tan mal y para que prueben solo un sorbo para que no se indigesten; cito algunos a partes de una columna que leí hace un mes y monedas. Su autor Federico Gómez Lara, la verdad a este columnista del diario el Espectador nunca lo había leído; pero, su columna fue tan clara y pertinente que merece un reconocimiento de mi parte.
Esta es una de las razones por las que digo y repito en Colombia llevamos 4 años con un Duque disfrazado de presidente, que lo ha hecho tan mal que día tras día hace más profunda la tumba de su partido político, ese mismo que lo saco del ostracismo y le tiro el disfraz.
“El uribismo, como fuerza política, ha sobrevivido a todo. Ese partido parecía estar hecho de hierro, blindado ante los escándalos. A los militantes del Centro Democrático, que son tal vez los más fieles del espectro, nunca les importaron los miles de cuestionamientos que desde su fundación han rondado al partido y a su jefe natural, Álvaro Uribe.
Los fieles adeptos, por grave que resultara la acusación, siempre encontraban la manera de argumentar que, fuera lo que fuera, se trataba de una persecución política injusta contra el “gran colombiano”. Así, galopando sobre esa devoción casi religiosa de su base, el hoy partido de gobierno lograba salir invicto y, a veces, hasta victorioso, cuando alguien trataba de endilgarle responsabilidad política por alguna barbaridad.
Se vienen a la mente miles de ejemplos: las chuzadas, la parapolítica, los falsos positivos, la compra de la reelección, los ministros presos, los funcionarios fugitivos, el proceso judicial contra Uribe, su fugaz condición de capturado, las doscientas y pico investigaciones abiertas, los Doce Apóstoles, los testigos, los negocios de Tomás y Jerónimo, los evidentes vasos comunicantes entre los líderes notorios del partido y el mundo de la criminalidad, etc.
Nada de eso importó. Álvaro Uribe, como ningún otro político en la historia reciente, logró siempre convertir sus derrotas en victorias. Y a pesar de semejante peso negativo que carga a sus espaldas, fundó un partido con su propia silueta estampada en el logo y, en cuestión de pocos años, lo volvió la principal fuerza en el Congreso y puso al presidente de la República. Allá llegó entonces Iván Duque Márquez, el hombre elegido con la consigna de hacer trizas la paz. Y miren las vueltas que da la vida. ¡Qué iba a pensar Uribe que el discípulo que instaló en el Palacio de Nariño, en lugar de hacer trizas la paz, como se lo ordenó él, iba a acabar haciendo trizas al uribismo!”
Como decimos por acá en la costa ese pelao es una caspa. Ni en su casa lo quieren, así parece ocurrirle a Duque, al parecer el supremo le dijo cuándo lo invistió. Si ganas la presidencia serás el Macron Colombiano, en efecto la gano y casualmente hoy día no solo comparte con el presidente Francés la inexperiencia en el cargo, la juventud, las ideas de derecha sino también récord histórico de impopularidad, y hasta me atrevería a decir que el mandatario Colombiano ha superado a Maduro en memes.
Ojala el disfraz del presidente Iván Duque tuviera algo de verdad, por ello una cosa es hacer campaña, otra muy distinta es gobernar y como el pasado no perdona. Hoy se es fácil recordar que hace 4 años uno de los videos de promoción de campaña de Duque con los jóvenes decía lo siguiente: “por 4 años de: legalidad, equidad, emprendimiento, seguridad, mejor educción, mejor salud. Por 4 años (el chiste e empieza a contar solo) de cero corrupción, sin mermelada, dialogo permanente, menos impuestos y austeridad”.
Gracias a la tecnología todo queda grabado y a la disposición de un público en general por ello se puede volver a reproducir en YouTube el video de 4 años de promesas sin cumplir. Por eso nuestro Halloween como país comenzó el 7 de Agosto de 2018 el día que este señor tomo posesión como presidente.
En la casa del terror está el patrón disfrazado de gran colombiano o de presidente eterno y a la espera con otro disfraz de presidenta esperando su turno para entrar en escena; se encuentra una Cabal de apellido porque no puede ser nada Cabal una candidata presidencial que admira Donald Trump y Jair Bolsonaro. No puede ser Cabal alguien que de manera cínica e infame diga que los falsos positivos son una invención de la izquierda.

La llave