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Las ideas que dan vueltas

Hace días traigo varias ideas dándome vueltas en la cabeza, cada acontecimiento en lugar de calmar mis pensamientos, lo que hacía era...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 3 min read >

Hace días traigo varias ideas dándome vueltas en la cabeza, cada acontecimiento en lugar de calmar mis pensamientos, lo que hacía era crear una explosión de ideas que no había tenido oportunidad de plasmar en ningún lugar. Semanas atrás, en compañía de mis compañeros y un equipo de asesores de la universidad, tuvimos la oportunidad de realizar una brigada jurídica en uno de los barrios marginales de Barranquilla y en donde es mucho más probable encontrarse con población venezolana. Desde inicios de este año yo había tenido diferentes acercamientos a esta población y había logrado realizar uno que otro trámite jurídico para intentar hacer su vida más amena en este país, pero jamás de forma presencial.

Una de las cosas que la pandemia nos robó al entrar a regir la virtualidad, fue el acercamiento que el consultorio jurídico nos permite tener con las personas al entrar a los últimos semestres, retornar a la presencialidad y lo que siempre será la normalidad para mí; no sólo me hizo darle muchísimo más sentido a la carrera que elegí, sino que permitió que la realidad que había imaginado tras mi computador y a través de las entrevistas vía llamada telefónica, se materializara ante mis ojos. Indiscutiblemente vemos más claramente la realidad aunque es percibida a través de nuestros sentidos y la sensibilidad se hace presente cuando esta realidad no la vemos tan ajena.

Siempre me había cuestionado las razones que llevaron a las personas a emigrar y sé cómo la mayoría de nosotros, cuál es la realidad venezolana; pero llegar a Colombia y encontrar un panorama que no está muy lejos al que les tocó vivir, no es nada esperanzador. Una de mis preocupaciones más grandes, tiene que ver con la protección a la salud para esta población, pues incluso algo que es tan básico no han podido conseguirlo en este país y los que ya han logrado acceder, saben al igual que nosotros que es un sistema poco eficiente, casi que colapsado y con altos niveles de corrupción.

Una de las cosas que fue más sorprendente para mí, fue el hecho de escuchar uno de los tantos cuestionamientos que seguramente pasan por la mente de los usuarios a los que les brindamos servicios. En este caso, fue un señor de mediana edad o mejor dicho algo ya entrado en años, quién con nostalgia en su voz pidió que ojalá la situación no empeorara en Colombia porque por lo menos aquí se conseguía dinero y alcanzaba para comprar comida y reflexionaba que de empeorar la situación ya no estaría dispuesto a ‘seguir abandonando el barco’. En este punto yo me pregunté si al igual que ellos, yo sería capaz de dejar mi país, de irme con unos cuantos moteticos, casi que sin dinero y sin saber a dónde iba a parar, y sin duda creo que me decidiría a hacer lo mismo que el capitán del Titanic.

Entre Colombia y Venezuela existen muchísimas diferencias, al igual que muchas  cosas que nos unen, pero sin ponerle muchos peros, la idea que marca la diferencia y que más me agrada, es el hecho de conocer la diversidad que poseemos en esta tierra, la riqueza de sus suelos y por experiencia propia sé cuál es la fertilidad que poseen. En mi opinión y desde mi perspectiva tal vez un tanto idealizada, somos un diamante en bruto o más bien un tesoro pésimamente administrado, que podría ser un lugar en calma para todos los colombianos y también un cálido refugio para los extranjeros.

Somos el país de las festividades, del carnaval de Barranquilla, la feria de las flores, la tierra del vallenato pero para vergüenza no sólo nacional sino que es algo que trasciende, seguimos siendo el país de los narcos, el país del terrorismo, del eterno conflicto, un país que para nada es un refugio o un lugar seguro al que ir cuando el país de origen de alguien no se halle la calma y no contando con todo lo que ya está mal, somos el país que le cierra las oportunidades a una joven que se encuentra triunfando en su proceso de rehabilitación y creciendo no sólo ella a nivel personal sino ayudando a generar empleo y el país que cree en los supuestos engaños de Karen Abudinen y su complot.

Bien dijo Edmundo Burke en su frase: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.” Mientras tanto yo sigo tratando y trabajando por mejorar este país y soñando con que algún día pueda suceder algo parecido a lo que ocurrió en Bichos, la película de Disney. Finalmente, y palabras de Gabo, aquí he plasmado algunas de las ideas que me dan vuelta.

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