Cultura

El cerebro de los niños cuando les leemos cuentos

Contarles cuentos a los niños es un hábito que quedó en el pasado. Hoy los padres están tan saturados de tareas que...

Foto del avatar Escrito por Malkin Martinez Montes · 3 min read >

Contarles cuentos a los niños es un hábito que quedó en el pasado. Hoy los padres están tan saturados de tareas que no hay tiempo para los hijos, mucho menos para leerles un cuento antes de dormir. El leerle un cuento a los niños todas las noches es más que una simple actividad para arrullarlos, puede beneficiarles de manera importante tanto a ellos como a los adultos. Esta sana y buena costumbre permite el fomento de la lectura y fortaleciendo su imaginación, El Dr. John Hutton, quien participó en el estudio propone que los padres interactúen a medida que les leen para que ese momento sea más importante para su desarrollo, sobre todo en la edad preescolar. Y por supuesto recomienda evitar las distracciones en ese momento como los teléfonos celulares, la comida, etc. para que realmente sea un momento de encuentro, sin barreras, disfrutable para ambos.

Leerle a un niño pequeño ayuda a preparar su cerebro para la lectura y el aprendizaje futuro, sugiere en su estudio. En una muestra de niños de jardín de infantes expuestos a la lectura habitual en el hogar, las imágenes cerebrales revelaron patrones de activación distintos a los de los chicos a los que nadie les leía en casa.

Cuento Infantil:

El pacto del anzuelo

 

Roberto y paulo se despertaron como todas las mañanas. Roberto justico a las 7 am  y paulo un segundito más tarde pues al no sentir a su hermano en la cama salto como un resorte, ambos llevados al patio por el olor del pescado en la olla de manteca caminaban como momias todavía con sueño; al rincón del patio fueron a parar. Los  perros dormían y las moscas volaban y formaban un montoncito negro al lado de la batea donde estaban las escamas,  las tripas los desechos del pescado recién traídos del río. Mamá los lavaba con mucho cuidado le quitaba las escamas y los salaba, quedaban listos para freír y comer. Al otro lado del fondo del patio debajo de los  árboles de níspero, guanábano  y guayaba estaba el gran mesón de madera forrado de papel plástico, rodeado por bancos de madera con la espalda peluda porque eran de cuero de vaca y alrededor y entre la mesa estaban el Negro que era el más bravo, café con leche pero como el nombre era largo cuando lo llamaban solo alcanzaban a decirle con leche porque era blanquito con café, también era gordito y juguetón  y Roco el más comelon de los tres perros que vivían en la casa; los cuales  pasaban todo el día durmiendo, lamiéndose  y rascándose la barriga  bajo la mesa porque el fresco de los arboles les ayudaba a dormir  después de comer,  escarbando la arena estaba roco, entre las piernas de Roberto estaba con leche, mientras que paulo le sobaba la cabeza y le doblaba las orejas al negro para hacerle coger rabia.  Ellos igual que Roberto y paulo esperaban que trajeran el desayuno para ver que migajas caían y así comer pescado frito también, algunas veces anteriores roco y  el negro se peleaban un pedazo de yuca que paulo dejaba porque le gustaba comerse el  pescado solamente.

 

El desayuno demoraba por lo tanto Roberto y paulo dejando los perros quietos, cogieron los trinches y se colocaron a jugar a los guerreros las espadas de trinches sonaban con cada ataque de Roberto y cada defensa de paulo, después de un  largo rato por fin llego el desayuno y todo fue felicidad. La alegría de comer su plato preferido fue tan grande que se les olvido cepillarse los dientes y lavarse las manos. Disfrutaban del desayuno y saboreaban dedo por dedo, cada pedazo de ese rico pescado que desayunaban. De pronto se acordaron que era viernes pero no era un viernes cualquiera por fin los llevarían al rió a pescar uno de esos peces que tanto les gustaba comer, de lo que no se acordaron fue de la tarea que debían cumplir cuando hicieron el pacto con papa que los miraba y se reía, terminado de desayunar corrieron a los brazos de papá para recordarle que era viernes día de cumplir lo prometido en el pacto del anzuelo, ese fue el nombre que le colocaron la noche que acostados en la hamaca hicieron el pacto de ir al rió a pescar.

 

Todo iba muy bien hasta que mama si se acordó del deber que no hicieron, a pero ustedes hoy se despertaron y no se cepillaron y tampoco se lavaron las manos para comer por eso papa tiene que hacer un nuevo pacto del anzuelo y deben cumplir para que puedan ir al rió, pero esta vez hay algo más que deben hacer bañarse y vestirse ustedes solos así que la ida para el rió a pescar queda para el lunes, ya saben a cumplir con sus tareas dijo mamá.

 

El sábado y el domingo se fueron volando Roberto y paulo hicieron toda la tarea que debían hacer, se despertaron el sábado y corrieron a cepillarse los dientes, se lavaron las manos, desayunaron y se bañaron y vistieron solos sin ayuda de la tía cristina, quien tenía prohibido ayudarles, hasta la cama arreglaron, muy  parecido  fue el domingo lo diferente fue que llovió así que se durmieron temprano porque el horario para ir a pescar había cambiado ya no sería por la tarde sino el l unes bien temprano junto con los ayudantes de papá. Roberto y paulo despertaron aun cuando estaba todo oscuro ni los gallos se habían despertado para cantar, se cepillaron los dientes, se lavaron la cara tomaron, café alistaron la mochila y salieron para su aventura, ellos cumplieron y papa les cumplió, aprendieron a bañarse y vestirse por sí solos y se aventuraron al rió, aun con algo de sueño iban felices paulo en los hombros de francisco su tío y Roberto en los hombros de Jesús el primo.

Escrito por Malkin Martinez Montes
Lic. En Humanidades con énfasis en lengua castellana. Magister en recursos digitales aplicados a la educación, universidad de Cartagena. Codirector y columnista del portal de opinión Soyciudadano.org Profile

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