“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, esta frase se atribuye en primera instancia a Napoleón Bonaparte. Pero el no tener la certeza del autor de la frase no me impide comprender que esta celebre expresión es una de las más recordadas, mencionada pero poco llevada a la práctica. Nuestra querida y amada Colombia sufre el de tener poca memoria o de no tener memoria y la razón es que la polarización que tanto daño nos causó en el pasado, sigue teniendo lugar en el presente; incluso hoy con mayor fuerza debido a los medios masivos de comunicación y redes sociales.
La historia de Colombia ha estado atravesada por múltiples momentos de polarización política, producto de conflictos sociales, económicos y políticos, que han redundado en cruentas manifestaciones de violencia, con costes desproporcionados para el país (Montoya, Arboleda, Valencia, Serrano y Gómez, 2017).
Polarización implica una división de la sociedad en grupos extremos opuestos, endurecimiento de posiciones ideológicas y presión para que los sujetos se alineen con un ‘nosotros’ o un ‘ellos’ (Blanco y De la Corte, 2003); involucra prácticas refractivas y acciones comunicativas que guían la opinión pública hacia una dirección particular (Silva, 2004), impidiendo reconocer la pluralidad y establecer diálogos con otros diferentes. Así, se configura un proceso de categorización social rígido, que delimita actitudes, comportamientos (Espinosa, Calderón-Prada, Burga y Güímac, 2007)
Por lo cual de la polarización no puede esperarse sino el ahondamiento de las diferencias esto lo vemos claramente reflejado en las formas y maneras en que un bando se dirige a otro, los ataques en las redes sociales carecen de una argumentación y los improperios se decantan de acuerdo a la ideología política que se pertenezca.
Personalidades que han sido satanizadas y estigmatizadas por sus posturas políticas; algunos de ellos del ámbito del cine la música y la televisión, Julian Roman y Robinson Díaz al parecer su capacidad actoral y talento en el escenario de las tablas el cine o la televisión han quedado en el olvido porque han defendido una idea y se han casado con una postura política. Igual pasa con Adriana Lucia a quien hoy no se le reconoce ese talento que tiene sino que se le ataca y critica. Del mismo modo es lo que hoy le acontece al senador Gustavo Bolívar tildado de guerrillero y lo más absurdo criticado por defender a los pobres en un partido de corte comunista y ser rico, vivir bien. Gustavo Bolívar no es cualquier pintado en la pared para el mundo del cine y la televisión. Pues si no lo sabía este satanizado amigo de Petro. Es de los mejores Guionistas y libretistas que ha parido este país. Sus producciones han llegado a los mejores canales de habla hispana, de Latinoamérica.
Ha escrito 8 libros y más de 1.600 guiones entre programas periodísticos, docudramas, series, novelas, documentales y guiones cinematográficos. Su primera novela, titulada “El precio del silencio” (2002) la escribió a los 13 años de edad y 20 años después la llevó a televisión con el canal RCN. Dentro de sus libretos para televisión se destacan la miniserie El cacique y la reina (1999), Unidad investigativa (1999-2001); Galán, su vida, su lucha, su muerte (1999), Me amarás bajo la lluvia (2004), Pandillas, guerra y paz (1999-2005), Juego limpio (2005), Sin tetas no hay paraíso (2006) para Caracol Televisión, Infieles anónimos (2007), Sin senos no hay paraíso (2008) y Los Victorinos (2009) para Telemundo, El capo 1, 2 y 3 (2009, 2012, 2014), Pandillas, guerra y paz II (2009) de Fox-Telecolombia, Ojo por ojo (2010) de Telemundo y Tres Caínes de RCN Televisión.
Ha sido nominado cinco veces a los premios India Catalina como Mejor Libretista del Festival de Cine y Televisión de Cartagena de Indias (Colombia), y en tres ocasiones, en la misma categoría, a los premios TV y Novelas (Colombia) ganando este último en dos ocasiones; en 2007, la serie “Sin tetas no hay paraíso” obtuvo siete estatuillas en el primero de ellos incluidas las de Mejor Serie y Mejor Libretista.
Lo que se nos olvida es que el hoy congresista, Bolívar; de una familia humilde donde tuvo que empezar a trabajar desde los 12 años de edad y que a punta de talento ha amasado la fortuna, el reconocimiento y premios que le acompaña tiene que salir a dar explicaciones de su riqueza y de su vida porque algún twittero se le dio por pisotear su magnífica carrera solo porque piensa diferente a él.
Esta Columna no es una defensa a Bolívar por alguna afinidad política es un llamado a que reflexionemos y entendamos que la polarización se está llevando por delante todo hasta los logros alcanzados en el pasado y sin tinte político de nuestros artistas, académicos y deportistas.

Voto militar: del miedo a la confianza