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Déjà Vu

En cuestiones de predicciones siempre desearé preguntarle a Gabo, si al momento de decir ‘las estirpes condenadas a cien años de soledad...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 2 min read >

En cuestiones de predicciones siempre desearé preguntarle a Gabo, si al momento de decir ‘las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre esta tierra’, se refería a este pedazo de tierra conocido como Colombia o por el contrario su visión era aún más amplia y abarcaba a Latinoamérica. Así como Anton Ego en la famosa Ratatouille, sentí yo así mismo el terror y la repulsión al ver a varios jóvenes portando una particular gorra, ubicados en una posición que ya habíamos visto y cuyos acontecimientos después de eso, conocemos a la perfección y al detalle.

En mis clases de ciencias sociales, casi siempre se mencionó la importancia de conocer la historia porque un pueblo que no la conoce, está condenado a repetirla. Desde mi punto de vista en Colombia no sólo nos impacta negativamente el desconocimiento y la ignorancia de tanta historia y sucesos, sino que nuestra mayor desventaja es padecer una de las crueles enfermedades que puede tener un gobierno, y es que la corrupción parece estar aferrada desde las entrañas de esta nación.

Últimamente, con la subida de precios, la crisis hospitalaria, las muertes como el pan de cada día y la fuerza que han tomado los grupos armados al margen de la ley, me transportan a esa época, en la que incluso con mi escaso conocimiento y aun entendimiento, temía vivir en un país en el que no acabara la larga noche. Cuando entonaba el himno nacional en la primaria y con más razón en el bachillerato, deseaba con todo mi corazón que cada estrofa se cumpliera, soñaba en grande y tenía las más sublimes esperanzas de un país mejor.

Tener que ver nuevamente a los jóvenes alineados, expresando frases en las que visionan un futuro mejor para el país y con el pleno conocimiento del desastre acontecido la última vez que jóvenes estuvieron con gorras y camisetas alineados de la misma forma, más que decepción me causa miedo e indignación, porque mi cabeza no concibe que algo que ya esté en picada, pueda ponerse peor.

La crisis económica como consecuencia del Covid era algo de lo que no se podía escapar, pero más allá del castigo y el dolor que ocasionó la pandemia, nuestra peor enfermedad es vivir en un país corrupto, en el que cada gobierno en lugar de mejorar, roba más y más oportunidades de salir adelante. El mayor temor que existe, es que las palabras de Gabo se sigan materializando y no podamos detener la hecatombe.

No hace falta ir muy lejos para conocer que son muchísimas las personas que no creen en la crisis, que ven la subida de los precios y las limitaciones en ciertas compras como lo más natural, pero no podemos estar seguros de si así como vamos, saldremos adelante igual que Latinoamérica y Estados Unidos se pararon ae luego de la crisis de 2008, o si vendrá otra pandemia que en lugar de golpearnos hasta casi perder la pelea, nos dé el último round. Por este motivo, el mejor regalo que le podemos dar a este país, es dejar de creer en jóvenes perfectamente alineados para así, dejar de vivir en déjà Vu.

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