Dr. Alberto Jesús Iriarte Pupo
“En algún lugar, algo increíble está esperando ser conocido”. Carl Sagan
Realizar un bosquejo sobre diversos aspectos que se conjugan en pro de evaluar los procesos sociales y políticos, en torno a la investigación científica, la innovación y la tecnología, en la región latinoamericana, no es tarea fácil. Sin embargo, este escrito tiene el interés de aproximar al lector sobre ciertas perspectivas puntuales, que resultan de gran envergadura. En este, se abordarán matices históricos reveladores, sobre condicionantes que han incidido en el desarrollo o estancamiento de estos procesos. Luego, se mostrará, por medio de un análisis analítico comparativo, y en atención a indicadores puntuales, cómo se encuentra dicha investigación en la región, con respecto a otras naciones.
Investigación científica y política, una breve historia
En primera medida, se aborda la reflexión sobre la diferencia entre lo político y la política. En este sentido, la divergencia entre estas dos categorías subyace en su telos. Lo político, remite a una cualidad, una condición del género humano, donde se hace necesario el establecimiento de disimiles relaciones y que se expresa en la diversidad de los nexos sociales. De esta manera, lo político “es una cualidad que se construye, que emerge en toda interrelación humana. Por tanto, lo político es tan antiguo como el género humano, su ejercicio se remonta al encuentro primigenio cara a cara entre el hombre/mujer, primero y su par” (Díaz, 2003, p.50).
Ahora bien, la política es una categoría polisémica, que hace referencia a los mecanismos, dispositivos, aparatos ideológicos y diferentes formas de estructuras, mediante las cuales se establece un orden, se organiza la existencia humana, que generalmente se presenta en condiciones de tensión. Por lo general, la política se entiende como la manera en que se arreglan los asuntos del Estado, el modo en que una nación resuelve sus divergencias por medio de procesos de debate y discusión entre los representantes electos por el pueblo. Así, la política se equipara con el ámbito de lo público, se refiriere a su vez, a la lucha por la conservación del poder. Para Lechner (1984), “la política es la lucha que busca ordenar los límites que estructuran la vida social, proceso de delimitación en que los hombres, regulando sus divisiones, se constituyen como sujetos” (p.35).
Como se evidencia, cada categoría presenta un fin diferente, pero complementario. Con respecto a lo político, como condición de lo humano, se comprende desde la relación con el Otro, ese Otro que me configura y en el cual nos constituimos como humanidad. Se concibe lo político, entonces, como “un encuentro, el reconocimiento de la otredad, el surgimiento del alter ego, la mirada de lo diferente” (ibíd.). Por su parte, el fin de la política es de regulación (un fin deóntico), más allá del encuentro, de la posibilidad, su teleología se establece desde el estudio de las distintas formas pensadas y estructuradas para lograr una manera (“buena o no”) de convivir. Por ende, se considera una ciencia, una episteme, que construye conceptos, sistemas de interpretación que condicionan los modos de entender y construir el mundo de lo político (de la interrelación), y subjetivarlo en un tiempo determinado; he ahí su vinculación prevalente.
Ahora bien, como plantea García (2011), desde mediados del siglo XX “en América Latina se han registrado intentos de formular políticas de fomento a la investigación científica e innovación tecnológica, impulsados fundamentalmente por la necesidad de resarcir los efectos negativos de la Segunda Guerra Mundial en materia económica y social” (p.1). En esta época, los esfuerzos estuvieron destinados a que mediante la investigación y la tecnología se acrecentara la economía, pasando de una producción del sector primario al sector secundario.
En este periodo hubo esfuerzos dirigidos a sentar las bases de un modelo científico y de desarrollo tecnológico, que atendiera las necesidades económicas, que en aquel entonces estaban referidas a generar una planta industrial de carácter interno y acelerar los niveles de crecimiento económico, ya no sobre la base del sector primario sino del sector secundario de la economía. Sin embargo, este cometido de pasar de exportadores de materias primas a industrializar las mismas, no se ha cumplido a cabalidad. Lo anterior, debido a niveles relativamente bajos en la capacidad tecnológica del sector productivo y una escasa demanda de conocimientos de alta especialización generados desde lo local.
Posteriormente, con la crisis del modelo económico en la década de los setenta, se disminuyó el interés por las políticas de ciencia y tecnología, teniendo en cuenta que los pocos recursos disponibles se dirigían a la estabilización de los indicadores macroeconómicos, concretamente la inflación y el valor de las monedas. Además, el escenario político en varias naciones latinoamericanas, estaba caracterizado por cargas fuertes de autoritarismo, rigidez social y desigualdad. En tal sentido, “no es de extrañar, que las políticas de ciencia y tecnología pasaran a ocupar un lugar poco relevante en la agenda gubernamental, situación que perduró hasta bien entrada la década de los ochenta del Siglo XX” (García, 2011, p. 2).
A partir de ese momento, y en atención al surgimiento de acciones políticas y económicas en los diferentes países de la región, es cuando se retoma el impulso hacia la investigación científica,
…pero con un defecto: se crearon instituciones y políticas de ciencia y tecnología que lejos de innovar las capacidades de investigación, consolidaron los enfoques ya existentes, es decir, se gestaron acciones verticales, con poca referencia a lo local y con una desconexión notable entre academia y fuerzas productivas y de mercado, entre desarrollo tecnológico y desarrollo social sustentable. (Ibíd.)
De este modo, surgió en Latinoamérica un “modelo lineal que enfatizaba el financiamiento a la investigación básica como principio dinamizador del proceso creativo y de la transferencia de los conocimientos al entorno social” (Albornoz, 2009, pp. 65-66). Sin embargo, a partir de este proceso se han gestado diferentes movimientos sociales, críticos de la situación, donde se refuta la postura en donde las universidades y centros de investigación, desarrollaran sus actividades sin autonomía, sumisos a las agendas de innovación tecnológica definidas por los gobiernos centrales. De esta forma, en las últimas décadas la lucha ha sido en pro de generar independencia a los manejos gubernamentales, como de las grandes industrias. Esta disputa, aunque ha dado sus frutos, como en los casos de Brasil y Chile, no ha sido del todo acabada.
Desde esta perspectiva, ya en la segunda década del siglo XXI, las políticas públicas de apoyo a la investigación, ciencia y tecnología, aunque se encuentran elaboradas (planeación), puestas en marcha (ejecución), y en algunos casos evaluadas, no responden a las necesidades sociales locales o internacionales, dando paso a la impertinencia de sus efectos. Entre algunos de los factores que se pueden argüir se tienen:
- La capacidad científico-tecnológica existente en la región, realiza actividades incipientes con alcances limitados (Villegas, s.f.).
- No se le da la importancia prima, en la asignación de recursos por parte del estado, al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Siendo la inversión en muchos casos insostenible (Cepeda et al, 2018).
- La comunidad científica se encuentra, de manera general, en los nichos académicos (Villegas, s.f.).
- En atención a las pocas oportunidades y valoración del talento humano, se posibilita el fenómeno denominado “fuga de cerebros” (Rio, 2009).
- Existe un acceso limitado a subsidios para investigación. Así como, niveles deficientes de infraestructura de laboratorios de investigación y de sus equipamientos (Cepeda et al, 2018).
- Los altos niveles de corrupción existentes, condicionan el desarrollo regional en diferentes frentes (Pastrana, 2019).
Si bien, el listado anterior no pretende ser exhaustivo, si da una idea de posibles retos a enfrentar por parte de lo político, por medio de la puesta en marcha de políticas pertinentes, necesarias e ineludibles, que permitan a la región salir del letargo en que se encuentra.
América latina y el mundo, un análisis comparativo.
Aunque los países que conforman la región han avanzado en el perfeccionamiento de políticas para fomentar la ciencia, la innovación y la tecnología, así como se ha aumentado en cuanto a la preparación de alto nivel de su talento humano. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO (2018), advierte que
…si se exceptúa Brasil, son pocos los países latinoamericanos donde la intensidad de las actividades de I+D alcanza un dinamismo comparable al registrado en los países con economías de mercado emergentes. Además, los países de la región no tratan en general de ser competitivos a nivel internacional en el campo de las actividades de alta tecnología. (s.p.)
Esta situación se evidencia cuando se compara, en atención a ciertos indicadores, la región con el resto del mundo. Por ejemplo, teniendo en cuenta el SCImago Journal Rank, donde se mide la influencia científica de las revistas académicas, según el número de citas en otros medios y periódicos o revistas de importancia, basadas en datos de Scopus. Para ello, se utiliza la cantidad de documentos citables publicados o pertenecientes a investigadores del país en cuestión.
De este modo, se tiene que China, para el año 2020, ocupo el primer lugar con una cantidad de 744.042 documentos citables. En segundo lugar se encuentra Estados Unidos (624.554). Brasil ostenta el puesto 14 del ranking (89.241). Ya luego la brecha se va expandiendo en cuanto a los países latinoamericanos y el resto de los 240 países clasificados: México (puesto 29); Chile (puesto 41); Argentina (47); Colombia (49); Perú (65); Ecuador (66); Cuba (85); Uruguay (89); Venezuela (93); Costa Rica (94); Puerto Rico (105); Panamá (107); Bolivia (127); Paraguay (132); Guatemala (133); República Dominicana (136); Nicaragua (157).
Por otra parte, y teniendo en cuenta el Ranking Web de Centros de Investigación del Mundo[1], en donde se incluyen más de 8.000 centros de investigación, se logra evidenciar la desigualdad existente en la región, en cuanto a los siguientes indicadores de medición:
- Tamaño (S): Número de páginas obtenidas a partir de 4 motores de búsqueda: Google, Yahoo, Live Search y Exalead.
- Visibilidad (V): El número total de enlaces externos recibidos (inlinks) por un sitio sólo se puede obtener de forma fiable desde Yahoo Search, Live Search y Exalead.
- Ficheros ricos (R): Los siguientes tipos de archivo fueron seleccionados tras valorar su relevancia en el entorno académico y editorial, y su volumen en cuanto al uso con respecto a otros formatos.
- Scholar (Sc): Google Académico provee el número de artículos y citaciones de cada dominio académico.
En el análisis realizado para el presente escrito, solo se tuvo en cuenta los primeros 100 puestos de los 440 que se ostentan en el ranking por parte de institutos pertenecientes a los países latinoamericanos. En atención a que se renquearon alrededor de 8.200 institutos de investigación, la proporción establecida por la región es del 5,3% de la producción mundial. De este modo, en la tabla 1, se observa que entre México, Chile y Argentina, representan el 80% de los institutos reconocidos.
[1] Esta es una iniciativa del Laboratorio de Cibermetría que pertenece al Instituto de Bienes y Políticas públicas (IPP) que es parte del mayor centro nacional de investigación de España, el CSIC.
Tabla 1
Análisis del Ranking 100 primeros institutos pertenecientes a la región.
| N° | País | Total de institutos |
| 1 | Brasil | 40 |
| 2 | México | 27 |
| 3 | Argentina | 12 |
| 4 | Chile | 5 |
| 5 | Perú | 5 |
| 6 | Colombia | 3 |
| 7 | Costa Rica | 2 |
| 8 | Bermuda | 1 |
| 9 | Cuba | 1 |
| 10 | Ecuador | 1 |
| 11 | Guatemala | 1 |
| 12 | Puerto Rico | 1 |
| 13 | Venezuela | 1 |
Nota: Elaboración propia, teniendo en cuenta los datos del Ranking Web de Centros de Investigación del Mundo.
En este caso, es posible también, observar la brecha existente entre los diferentes países que conforman la región, en cuanto a la producción científica y tecnológica.
De este modo, es posible deducir, para Latinoamérica, que al pasar del tiempo se han gestado diversidad de procesos políticos, donde la ciencia y la tecnología han avanzado en su desarrollo. De igual manera, al filo de los intereses macroeconómicos y particulares, las políticas establecidas han quedado rezagadas, no cumpliendo con el cometido de impulsar el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Asimismo, las desigualdades entre los países que conforman la región, son palpables, siendo diversos factores que inciden en este hecho. El reto sigue siendo apremiante y es desde lo político, desde la concertación ciudadana, el diálogo, que se pueden llevar a cabo políticas públicas que permitan avanzar en este quehacer.
[1] Doctor en Ciencias de la Educación; Magister en Educación; Magister en intervención Social en las Sociedades del Conocimiento; Licenciado en Matemáticas y Física.
Referencias
Albornoz, M. (2009), Desarrollo y políticas públicas en ciencia y tecnología en América Latina. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, 8 (1), 65-75. https://www.redalyc.org/pdf/380/38011446006.pdf”
Cepeda, K., Pazmiño, L. y Medrano, E. (2018). Evolución de la Investigación Científica en América Latina. Revista Científica Mundo de la Investigación y el Conocimiento, 2 (2), 464-476. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6732771.pdf
Díaz, A. (2003). Una discreta diferenciación entre la política y lo político y su incidencia sobre la educación en cuanto a la socialización política. Reflexión Política, 5 (9).
García, M. (2011). Políticas de innovación científica y tecnológica en América Latina. Encrucijada Revista electrónica del centro de estudios en administración pública, 7, 1-11. http://www.politicascti.net/index.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=72&Itemid=51&lang=es
Lechner, N. (1984). La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado. FLACSO.
Pastrana, A. (2019). Estudio sobre la corrupción en América Latina. Revista Mexicana de Opinión Pública, 14 (27), 13-40. http://www.scielo.org.mx/pdf/rmop/n27/2448-4911-rmop-27-13.pdf
Ranking Web de Centros de Investigación del Mundo. (2021, 25 de octubre). Ranking Latinoamérica. https://research.webometrics.info/es/Latin_America_es
Scimago Institutions Rankings. (2021, 25 de octubre). Scimago Journal & Country Rank. https://www.scimagojr.com/countryrank.php?year=2020
UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2018). Informe de la Unesco Sobre la Ciencia hacia 2030. Panorámica de América Latina y el Caribe. Ediciones UNESCO. http://unesdoc.unesco.org/images/0026/002653/265331s.pdf
Villegas, C. (s.f.). Características de la Investigación en América Latina. Documento de trabajo.

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