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A la espera del cambio

El pasado 28 de marzo tuve la oportunidad de seguir muy de cerca uno de los lugares habilitados para las elecciones, en...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 5 min read >

El pasado 28 de marzo tuve la oportunidad de seguir muy de cerca uno de los lugares habilitados para las elecciones, en ese entonces del famoso Congreso de la República, que después de todo no es tan famoso ya que muchos desconocen sus funciones o sólo se acuerdan de su existencia cuando hay algún debate o discusión que tenga capacidad de crear opiniones divididas y entonces capte la atención de sus medios de comunicación e inmediatamente empiece la opinadera, lo cual debo insistir no está para nada mal pero sin fundamentos no es muy llamativo.

En fin, volviendo a lo que venía, hace semanas quería contar la “novedad” de lo que me permitieron ver ese día, porque hay que reconocer que el ambiente terminó pesado y al no poder moverse del puesto costaba trabajo averiguarlo todo. Sin embargo, lo que sí estuvo claro es que ese día se presentaron múltiples intentos de hacer fraude electoral, que fueron detenidos a tiempo gracias a la labor que se ha tomado cada ciudadano interesado por la transparencia al momento de ejercer el derecho al sufragio.

Para ese entonces, creo que como ciudadana que se ha tomado la seria tarea de forjar un criterio propio a lo largo de mis últimos 5 años, todavía no temía por la integridad del país, del ejercicio de la democracia y les puedo asegurar que en mi cabeza no se encontraba la idea de tener que luchar por derechos que ya se adquirieron por diferentes luchas y decisiones que han sido trascendentales y que han cambiado el futuro del país, por su puesto para bien. En marzo de este año todavía me encontraba pensando en que por fin después de 4 largos años podíamos dimensionar una luz al final del túnel, pero como en muchas otras cosas, por supuesto me equivoqué.

Para este punto de campañas políticas y de decisiones que van a marcar el futuro del país, el cambio lo hallo borroso, un poco distorsionado pero estoy segura que se encuentra latente, que sólo nos hace falta un empujoncito y nos catapultamos hacia lo que podría ser uno verdadero. Pero hoy, aunque me emocionaba la idea de relatar lo sucedido en las pasadas elecciones, decidí exponer las razones que sostienen mis esperanzas y las que por supuesto ponen en jaque mi sistema nervioso al imaginar un país abriendo una puerta al mismísimo infierno político y constitucional.

Haciendo un poco de memoria, debo reconocer que para las pasadas elecciones presidenciales estaba firmemente convencida que ninguno de los extremos políticos le daría a Colombia la neutralidad, sensatez y cordura que necesitaba en ese entonces, en el que si hacen un poco de memoria, veníamos de trabajar en los acuerdos de paz, incluir todo el tema de justicia transicional y de una amplia variedad de opiniones sobre lo que sería mejor para el país. Para este momento, consideraba a Fajardo una de las mejores posturas o más bien creo que la ideal, aunque creía en las propuestas de gobierno de Gustavo Petro, no me generaba verdadera confianza y ya les contaré por qué.

Recuerdo perfectamente que en ese momento mi discurso tenía que ver mucho en contra de sus propuestas que me parecían un tanto populistas y cargadas de promesas que eran muy difíciles de cumplir, independientemente de su pasado, me di la oportunidad de escucharlo, de analizar sus palabras y llegué a la conclusión de que aunque tenía muchísimas cosas positivas y además las calidades necesarias para ser un buen presidente, al parecer se vendía al pueblo como su salvador, yo lo veía como un caudillo y en mis conversaciones sobre política insistía que Colombia no necesitaba nunca más un caudillo, o alguien a quien seguir sin vacilaciones, Colombia necesitaba alguien con liderazgo, que tuviera la lucha como emblema y que en lugar de venderse como el salvador, motivara a cada ciudadano a hacerlo.

No voy a negar que ante la llegada del candidato del uribismo y toda su putrefacta corrupción y masacres políticas y sociales,  prefería una y mil veces alguien a quién hubiera que ajustarle tuercas en un posible gobierno y si, lloré amargamente cuando el presidente electo fue nada más y nada menos que Iván Duque, un señor de mediana edad, un aparecido en la política y quién demostró arduamente que fue una ficha más del uribismo, un títere que bajo ninguna circunstancia tomó buenas decisiones y que lo único que hizo por el país fue dejarlo más endeudado de lo que estaba.

El tema aquí, es que en esos 4 años así como no dejé de seguir y criticar el gobierno de Duque, tampoco dejé de seguir a Gustavo, analicé sus movimientos y sus alianzas, sé que tuvo aciertos y desaciertos pero sobre todo vi en él la capacidad de escucha, de reconocer los errores, de modificar propuestas, de flexibilizar quizás su autoritarismo y abrirse al diálogo y sobre todo a la guía, porque si de algo estoy segura es que todas las personas que fueron uniéndose a ese proyecto que hoy conocemos como Pacto histórico no lo hicieron adrede, ni tampoco siguieron a un hombre, sino que descubrieron que es mucho mejor darle sabios consejos, guía e instrucción a un hombre inteligente, que tratar de negociar con los necios.

El pacto histórico surgió como la iniciativa de un cambio que parece ser significativo, pero lo que más me gusta y lo respalda es toda esa serie de lucha a favor de los derechos que promueve y toda la inclusión que ha tenido sus mesas de negociación, hasta el momento creo que ha sido bastante abierto y ha ido recopilando las mejores ideas y se ha adaptado de tal forma que las personas que más influencia y más capacidad de análisis tienen en cuánto a política y derechos humanos se han unido a él, dándole un voto de confianza que espero no defraude jamás.

Cada día me canso de escuchar montones de argumentos disparatados, sin fundamento alguno y aunque debo decir que en la mayoría de las cosas soy muy radical, los años me han enseñado que la paciencia y la tolerancia de opiniones son virtudes que tengo que cultivar como uno de mis mayores frutos y es por eso, que más allá de exponer las múltiples, pero en serio múltiples y fundamentadas razones para desvirtuar no sólo la campaña política (que realmente ha sido cuestionable porque más allá de mencionar su supuesta lucha contra la corrupción, sólo ha estado en redes sociales, donde mis queridos amigos si soy honesta, no se hace una pelea tan limpia y fundamentada como la de exponer tus ideas frente a los demás en un debate)  de Rodolfo Hernández sino quién es él como persona, los invito a que así como yo me tomé el tiempo de analizar más allá de la persona, lo que es más conveniente para el país.

Dentro de mi poca o quizás insignificante capacidad de análisis, prefiero una y mil veces que el próximo presidente de Colombia sea Federico Gutiérrez (situación que se torna difícil para no utilizar la palabra imposible) y con él todo lo que eso implica para el uribismo y su continuación, que un hombre tosco y ciego que es capaz de desconocer a diestra y a siniestra los derechos que acompañan a cada ser humano y quién ha dejado muy en claro que tener el control y el poder es mucho mejor que ser razonable y actuar sino con inteligencia, por lo menos con prudencia.

Para finalizar, quiero invitarlos a que más allá del guerrillero que algunos puedan ver, vean la increíble maraña de personas que se encuentran a su lado, que analicen que él también ha tenido que replantearse y que aunque por supuesto no es ni será jamás el salvador de Colombia o el caudillo del pueblo, si es sobre quién se encuentra en este momento las esperanzas de un mejor amanecer, guiado por personas sensatas que más allá de diplomas o logros políticos, conocen la verdadera realidad de este pedazo de tierra. Y recuerden con todo su corazón que los jóvenes del país se encuentran a la espera de un cambio, cambio que vemos materializado en la presidencia de Gustavo Petro y en la vicepresidencia de Francia Márquez, pero que no quede duda de que si llegan a tener el poder y nos fallan, volveremos a las calles hasta tumbar cualquier propuesta nefasta o a protestar por malas decisiones, porque más allá de un partido político o de un candidato, lo que buscamos es una salida del lodazal de muerte, corrupción y deudas en el que se encuentra el país actualmente.

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