Apreciadas lectoras y lectores, siempre es un placer compartir mis pensamientos con ustedes, hoy abro mi corazón para compartir en tres actos, tal como lo hacen las obras teatrales, mis conclusiones de esta campaña presidencial que concluye este 19 de junio en las votaciones de la segunda vuelta.
Primer acto: -Las promesas-
Uno de los primeros actos de las campañas, es definir las banderas en esta contienda presidencial. una de las primeras cosas que todos hicimos al conocer la amplia lista de coaliciones, precandidatos y luego candidatos, fue tratar de definir quien representaba qué y la razón de esa representación. En la primera vuelta con algunos fue fácil, por ejemplo, en el caso del aspirante Fico, todos pudimos evidenciar un talante uribista de extrema derecha, en Fajardo una propuesta de centro izquierda, en Petro una oferta de la extrema izquierda, en John Milton y Enrique Gómez una invitación de la derecha cristiana y Rodolfo, respecto al cual era difícil ubicar; no obstante, se pudo reconocer que era un candidato de centro izquierda al enlistar sus propuestas al pasar a la segunda vuelta.
En este orden, se puede identificar el talante de cada uno de los candidatos, al escuchar sus propuestas y discursos en los que se deja entrever la visión de país de cada uno tiene. Hasta este momento, sus propuestas se plantean como la solución a los problemas de Colombia, toda una maravilla que erradicaría la pobreza y terminaría con el mal de la corrupción. Pero esto no acaba aquí. Existe un dicho popular costeño que dice que: del dicho al hecho hay mucho trecho.
Segundo acto: -Los escándalos-
Pues, bueno, entrada en calor la campaña presidencial estando decantados los candidatos a enfrentarse en el raund de la primera vuelta comenzaron los ataques, señalamiento, hackeos, publicidad manipuladora, falsa y destructiva, entrando en funcionamiento las famosas bodegas digitales, a través de las cuales candidatos se sirven de expertos en redes sociales, quienes a través de miles de cuentas publican y replican información falsa para difamar, acabando mediáticamente a sus contrincantes políticos.
Adicionalmente, como si lo anterior fuera poco, los candidatos y sus familias se han convertido en blanco de todos los ataques y señalamientos habidos y por haber, siendo auscultadas sus intimidades para identificar sucesos problemáticos de su pasado, con la intención de desacreditarlos, perseguirlos haciéndolos inmerecedores del voto.
Con todo, la estrategia comunicativa desplegada tiene como fin que los electores distraigan su atención de los asuntos importantes, que lo constituyen los efectos de las propuestas de los candidatos, tanto en el impacto del costo de vida, como en el cumplimiento de las garantías sociales; ahora bien, ya habiéndose decantado en dos candidatos la segunda vuelta, se les ha visto manifestar dentro de sus propuestas una amplia agenda de inversión económica con subsidios, pensiones y prebendas, pero estos no han hecho más que construir una agenda populista que promete repartir recursos a diestra y siniestra, sin atender a la realidad económica del país, afectada por el fuerte endeudamiento público y una inflación que está encareciendo la vida, en especial la canasta familiar, con lo que se pone en riesgo la capacidad alimentaria de las familias y extender más el hambre en el país, que hoy equivale al 54,2%.
De otro lado, tanto Gustavo Petro como Rodolfo Hernández estan llenos de propuestas irrealizables y peligrosas, por un lado, el primero propone una reforma tributaria nunca hecha en la historia de Colombia y tampoco en algún otro país del mundo y el segundo dice no requerir una reforma tributaria, asunto que es inviable, dado que la situación económica del país exige tanto la austeridad estatal como nuevos recursos que permitan al Estado el cumplimiento de los programas y políticas públicas a riesgo de quedar sin financiación.
Este acto, cierra con los denominados Petro vídeos y las fiestas rodolfistas, que exhiben la carencia de ambas campañas de una verdadera decencia y moral, a eso le sumamos, los apoyos políticos de corruptos que ambos tienen, mostrando como los postulados se ponen en duda cuando llega el interés económico combinado con el culto al poder.
Tercer acto: -La elección-
Llegamos al punto cúspide, al desenlace. Aquí la pregunta natural es: ¿A quién elegir entonces en esta segunda vuelta?, la respuesta no es fácil, pues el idealismo del candidato perfecto, no existe. Además, esa decisión no debe ser impuesta, es cada colombiano apto quien en su real saber y entender, debe interpretar las realidades del país e identificar que candidato cree es el más competente para liderar al país, pero cuidado, no solo debemos mirar al que será la cabeza del Estado, sino a quienes lo rodean, a quienes harán equipo con él para llevar a feliz término los anhelos de todos los colombianos. Por ello, no comamos mentiras construyamos opinión y votemos. Que Dios bendiga a Colombia

Testimonio de falso positivo – Toluviejo