Por: Oscar William*

“Creo que es la mejor película de la historia”, pronunció un joven que venía detrás de mí en el pasillo después de haber visto el estreno de la exitosa cinta “Avengers: Endgame”. Con la emoción a flor de piel a pocos minutos de haber disfrutado de tantos personajes juntos en una guerra en donde los efectos visuales y de sonido, hicieron que la experiencia fuera aún más conmovedora. La acción y los momentos graciosos no hicieron falta. Estuvo bien de emoción y el valor de la boleta valió cada peso de esas tres horas de cinta, pero de ahí a afirmar “la mejor película de la historia” me hizo preguntarme: ¿en dónde quedan entonces las más de cien cintas de culto que han sido galardonadas por la crítica y que al pasar el tiempo aún siguen estando en boga y que en muchos foros sigan siendo tema central de análisis?
Lo objetivo y lo subjetivo del cine
Apreciar el cine como entretenimiento suele ser más común cuando escogemos ir a una sala. De esta manera lo único que puede defraudarnos es que haya menos acción de lo que se espera o menos comedia si se trata de una película de este género. Si lo que buscamos es una cinta que nos produzca temor y la escogida no logra hacernos temblar ni gritar, entonces estaremos, de la misma manera, decepcionados. Aquí poco importan los elementos de fotografía o guion; si llega a haber agujeros en este, no importa, recordemos que solo estamos buscando entretenimiento, aunque la trama tenga muchos sin sentidos. El aspecto lucrativo, para las casas productoras, cobra mayor más relevancia que la calidad, lo cual no está mal, puesto que si sus producciones no fueran bien recibidas por la mayor parte de la audiencia, entonces no estarían en los primeros lugares de la taquilla. En este caso, entramos a lo que sería la subjetividad del cine. El hecho de que una persona no comparta los gustos de otra, no quiere decir que alguna tenga la razón, ya que, como cualquiera de las ramas del arte, apreciar una pieza musical, un poema o una pintura, se convierte en un ejercicio personal que podría generar distintas opiniones dependiendo del punto de vista que ejerza la persona. En este apartado no habría nada que discutir. La mejor película será aquella que al consumidor le parezca sin importar lo que puedan pensar lo demás. No existen ni buenos ni malos gustos cuando de esto se trata.
Por otro lado, tenemos a los consumidores que aprecian el cine como arte y no solo como una forma de pasar el rato. En este sentido, la objetividad se hace claramente visible desde el foco colectivo y las opiniones van a tener más puntos de encuentro que desacuerdos. Por esta razón, cuando alguien de este segundo grupo ve producciones como “Sueño de Fuga” o “El padrino” queda admirado por la profundidad que existe no solo en el elemento de la trama sino en lo que también respecta al diseño de producción. El consumidor estará pendiente de cada detalle, si hay algún error y si existen agujeros de guion, sabrá que son muy pocos y que se pueden dejar pasar, puesto que no se puede llegar a ser perfeccionista cuando de arte se trata y particularmente no creo que una película pueda ser totalmente perfecta. Estas son las películas que prevalecen sin importar cuántos años pasen o que en el ojo de una persona a la que no le pueda gustar, con toda seguridad, cuando aprenda a ver el cine de esta manera, la va a apreciar. El cine de culto va más allá de buscar entretener al público o de llenar asientos, lo relevante de este es la trascendencia y la calidad.
Se puede afirmar entonces que existen dos formas de ver el cine: como entretenimiento (solamente) y como arte. Nos queda a cada quien el saber apreciar una a una las producciones que consumimos de la manera en que lo hacemos. Más allá de cualquiera de estas dos formas, lo que en realidad importa es que disfrutemos mientras estemos en frente de la pantalla y no caer en fanatismos.

35 millones versus el salario mínimo.