Columnas

35 millones versus el salario mínimo.

“Un congresista en Colombia gana 35’316.133, mientras que el salario mínimo es de: $1.117.172, eso indica que un congresista gana 34 veces...

“Un congresista en Colombia gana 35’316.133, mientras que el salario mínimo es de: $1.117.172, eso indica que un congresista gana 34 veces más lo que yo me gano.”

 

El domingo pasado el gran columnista Yohir Akerman público su columna en la de opinión de la revista Cambio, hizo mención a dos razas de perros están dando de qué hablar, se trata de la pareja de perros que pertenecen al fiscal más ególatra que ha tenido la historia de Colombia. En esta ocasión la revista lo señala de pasear a sus dos mascotas a través de uno de los vehículos y funcionarios que son pagados con los impuestos de los colombianos.

Esta columna me llevo a repensar mi columna de este domingo (una columna hecha con dolor por dos razones las desigualdades de este país y porque me duele una muela que no me deja dormir, pero me dejo escribir.

De ante mano gracias por leernos, hoy quiero tomar apartes de una investigación periodística que llevo a cabo la BBC, sobre la realidad de los diputados en Suecia y de entrada esa realidad dista mucho de lo que ocurre en Colombia. La premisa sueca es: “un político no debe tener privilegios por sobre un ciudadano común”.

En Colombia como todo es al revés, acá los privilegios se traducen hasta damas de compañía, trago, y la premisa de los diputados nuestros es: “usted no sabe quien soy yo”. Sino preguntémosle al Senador sucreño Eduardo Merlano en el año 2012, para evitar que lo multaran y le inmovilizaran el carro, dijo la famosa frase: “¿Usted no sabe quién soy yo? ¿Cómo le van a hacer una prueba de alcoholemia a un senador de la República? 50 mil personas votaron por mí ¿y ustedes me van a faltar al respeto?”, le dijo encolerizado a un policía.

Y recién salido del horno de hace unas semanas el senador del Pacto Histórico Álex Flórez agredió verbalmente a empleados de un hotel de Cartagena y a varios policías porque no quiso registrar el ingreso de una mujer en la madrugada. Y de nuevo la típica de los congresistas: “¿Usted no sabe quién soy yo?”.

En Suecia en promedio un salario de un trabajador en el país nórdico es el equivalente a 12 millones de pesos y un diputado sueco gana 63.000 coronas suecas, que se traducen a un poco más de 21 millones de pesos, ganan los diputados mensualmente.

Y usted se preguntará ¿dónde están las diferencias? o ¿que hace a un diputado un ciudadano común, sin privilegios?

Los diputados suecos no disfrutan de beneficios adicionales como los que tienen los parlamentarios de otros países, como presupuesto para fletar aviones, ayuda para el alquiler, dietas, contratación de asesores particulares, ayuda para gastos médicos, guardería pagada para los hijos, fondos para la divulgación del mandato y deben pagar impuestos por dichos honorarios. Tras pagar los altos impuestos, el salario neto es de aproximadamente 40.000 coronas suecas (unos 4.300 dólares), lo que equivale a menos del doble de lo que gana un profesor de primaria en Suecia.

A cada inicio de mandato, los 349 diputados suecos reciben -igual que el presidente del Parlamento- una tarjeta anual para utilizar el transporte público.

En Suecia, el único político que tiene derecho a carro de forma permanente es el primer ministro. El carro pertenece a la flota de la policía secreta sueca. Los ministros pueden pedir vehículos “cuando tengan fuertes razones para necesitarlo”.

Si un diputado tiene la base electoral fuera de Estocolmo, puede solicitar el llamado ‘traktament’, una ayuda para los días de la semana en los que trabaja en la capital del país. Esta ayuda, exclusiva para los parlamentarios que no tienen residencia permanente en la capital, es de 110 coronas suecas (unos 12 dólares).

Solo los políticos con base electoral fuera de la capital, y que no poseen inmuebles en Estocolmo, tienen derecho a vivir en apartamentos para funcionarios. Y el presidente del Parlamento no tiene derecho a residencia oficial.

Los apartamentos tienen un promedio de 45,6 metros cuadrados. Los que constan de una sola pieza tienen sólo 16 metros cuadrados. Del total de 197 viviendas que administra el Parlamento sueco, solo ocho tienen entre 70 y 90 metros cuadrados.

Un sofá cama, una mesa, un pequeño armario, una mini cocina con un fogón, una nevera y un baño llenan el espacio de poco más de 16 metros cuadrados de uno de estos apartamentos para funcionarios, situado en la calle Monkbron.

En estos inmuebles no hay lavadora, ni lavaplatos, ni siquiera cama matrimonial. Una gran parte de estos apartamentos ni siquiera tienen habitación: una sola estancia, amueblada con sofá cama, hace las funciones de sala de estar y dormitorio.

En todos los edificios de apartamentos sin habitación las lavanderías son comunitarias, y los diputados tienen que hacerse la colada. Estas lavanderías comunitarias, generalmente situadas en el sótano de los edificios, también cuentan con tablas de planchar.

Y la cosa no acaba aquí: los apartamentos son exclusivamente para los parlamentarios. Los cónyuges, familiares y afines no tienen derecho a vivir ni tan solo a pernoctar en un piso propiedad del estado sin pagar. Si un familiar de un parlamentario pasa una temporada en el inmueble, el diputado tiene un plazo de un mes para pagar al erario público los días de pernoctación.

Y si la pareja de un diputado del interior decide vivir en el apartamento para funcionarios de la capital con su cónyuge, tiene que hacerse cargo de la mitad del valor del alquiler.

Los parlamentarios tienen dos opciones para vivir en la capital sueca. La primera es vivir en uno de los apartamentos para funcionarios. La segunda es alquilar un apartamento por cuenta propia y recibir del Parlamento el valor correspondiente al alquiler.

En este caso, el valor máximo que el Parlamento reembolsa a los diputados es de 8.000 coronas suecas mensuales (unos 860 dólares), una cantidad relativamente baja considerando la escasa oferta inmobiliaria del centro de la capital.

“Pero los parlamentarios que viven con su cónyuge en un apartamento alquilado sólo pueden pedir el reembolso de la mitad del valor del alquiler, y tienen que pagar de su propio bolsillo el mantenimiento del inmueble”.

“Ningún diputado tiene secretaría particular ni puede contratar asesores”, en el sistema sueco, cada partido político representado en el Parlamento recibe fondos restringidos para contratar a un grupo de asistentes y asesores, que forman el llamado secretariado del partido. Y este grupo de funcionarios atiende, colectivamente, a todos los diputados de un partido.

Es decir: los parlamentarios comparten un grupo de asesores y asistentes que, entre otras actividades, preparan análisis políticos y se encargan de las relaciones con la prensa. “Cada diputado se ocupa de su agenda de trabajo, prepara sus discursos, organiza sus reuniones y reserva billetes de tren o avión”.

Los parlamentarios suecos tampoco tienen el privilegio de recibir una pensión vitalicia después de cumplir un mínimo de uno o dos mandatos. No se les ofrece pensión, sino lo que se llama “garantía de renta” (‘inkomstgaranti’) por tiempo limitado. La ley sueca dice lo siguiente: “La finalidad de la prestación (pensión) es proporcionar seguridad financiera al parlamentario en el momento de transición después del término de sus actividades en el Parlamento. La prestación no tiene como propósito garantizar el sustento permanente del ex parlamentario”.

Es una especie de seguro de desempleo: el principio general es que todo diputado debe trabajar al menos ocho años en el Parlamento (dos legislaturas) para tener derecho a una prestación equivalente al 85% del valor del salario durante un período máximo de dos años. Y para recibir la prestación durante más de un año, el ex diputado debe demostrar que está buscando activamente una nueva forma de ganarse el pan.

Para evaluar si se les aumenta o no el sueldo, el comité hace un análisis de las circunstancias económicas de la sociedad como un todo, incluyendo índices de inflación y de variación salarial tanto en el sector público como en el privado.

Para cerrar esta columna y no hacerla mas larga a modo de reflexión quiero mostrarle estas cifras:

Un congresista en Colombia gana 35’316.133, el salario de los congresistas versus el salario mínimo $1.117.172, eso indica que un congresista gana 34 veces más lo que yo me gano, sin los privilegios que ellos tienen.

No te pierdas mi próxima columna hare un análisis Desempeño vs. Educación. Niveles de formación de los congresistas actuales, con decirte que yo, sin ser abogado estoy más preparado que una docena de los que hoy nos representan.

 

 

Escrito por Malkin Martinez Montes
Lic. En Humanidades con énfasis en lengua castellana. Magister en recursos digitales aplicados a la educación, universidad de Cartagena. Codirector y columnista del portal de opinión Soyciudadano.org Profile

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *