En el no tan largo recuento que puedo hacer de los años, en mi memoria está que el 2020 fue el año que más “grandes profecías” o buenos augurios tenía, sin embargo y como todos hemos de recordar, no fue el año de la visión 20/20, ni mucho menos el año de la prosperidad o de las grandes oportunidades. 2020 fue el año en el que la mayoría de los seres humanos fueron puestos a prueba, ya sea con la enfermedad, con la escasez o pasaron la prueba de fuego de la fe.
Cada año trae consigo nuevas expectativas, nuevos deseos y por supuesto nuevos retos. 2022 a diferencia de los 2 años anteriores parecía ser el año de los cambios, el año en el que se cumplirían los nuevos propósitos; muchos incluso lo titularon el año de la post pandemia, sin embargo, y para tristeza de muchos fue un año difícil, lleno de altibajos y en el que la política y la economía tuvieron sus sacudidas, pero aun así fue un año esperado, con buenas o más o menos altas expectativas.
El año 2023 por el contrario, fue un año esperado con bajas expectativas, con pocos deseos y muchísimos más miedos y angustias que los años anteriores. Siendo conscientes que el país luego del gobierno Duque no quedó en las mejores condiciones y con todo el revuelo que trajo la elección y toma de poder del nuevo gobierno, no fueron muchas las esperanzas que fueron puestas en el año que ya se encuentra en marcha e iniciando su segundo mes.
Dentro de las creencias populares, resalta mucho la opinión de que enero es un mes muy difícil, que suele sentirse largo y en el que el dinero escasea. Sinceramente, aunque casi siempre tenía mis angustias y preocupaciones, solía ver junto con mi abuela cómo enero era el mes perfecto para aventurarse a predecir el clima del año con eso de las cabañuelas, pero con tanto alboroto y ya sin la presencia de mi abue, no fui capaz de sentar cabeza para predecir cuál clima nos ofrecería 2023, más bien me preocupé, al igual que la mayoría de los colombianos por qué se comería.
La simple tarea de comprar un plátano y comerlo con un pedazo de queso se convirtió en un verdadero reto, los precios de los productos parecen puestos de manera arbitraria e incluso estrafalaria, pero todos sabemos que no es así, que no estamos pasando por el mejor momento económico en el país y que el escenario parece cargado de densas nubes negras, que en palabras del cantautor Ricardo Arjona, también hacen parte del paisaje.
Reflexionando un poco y meditando tal vez otro poco, llegué a la conclusión de que a pesar de no tener el mejor escenario económico, social e incluso político debido a las cargas y decisiones que deben enfrentarse y las múltiples cosas que pueden salir mal, como seres humanos y más como colombianos deberíamos buscar en nuestro interior la fuerza y la disponibilidad para ver la luz en medio de la oscuridad y para enfrentar cada desafío o piedra en el camino con la mejor cara, la mejor disposición y sobre todo poniendo en práctica la fe que nos caracteriza.
En un año en el que el sostenimiento diario estará sobre la cuerda floja y llenar la alacena es un desafío mucho mayor, más que la resignación o creer que pensar positivo es una estupidez y quiénes pueden hacerlo viven en una utopía, es sin duda uno de los mejores caminos para no sucumbir ante la desesperación, la congoja, los miedos y la ansiedad que puede surgir al tener que enfrentar tantos desafíos.
Para los colombianos y en especial a nuestros lectores, les deseo (aunque un poco tarde) un año lleno de bendiciones, resiliencia, paz en los corazones, fe, esperanza y sobre todo muchísimo amor para sí mismos, para sus familias y para todas aquellas personas que se cruzan y cruzarán a diario en sus caminos. A los creyentes, mis oraciones estarán con ustedes aunque no tenga un nombre en específico y aquellos que quizás no compartan la misma fe, tengan la certeza que pediré al universo o en lo que sea que crean, que haga posible las cosas que desean, y que puedan tener a pesar de las dificultades el mejor de los años y que en el camino aprendan a cultivar la felicidad y la esperanza como verdaderas piedras preciosas.
Finalmente, me despido con una inspiradora frase del escritor francés Marcel Proust que reza lo siguiente:
“Trata de mantener siempre un trozo de cielo azul encima de la cabeza”.

La canasta familiar sin oxígeno.