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Majagual: cuna cultural de la incultura.

“cuna cultural de la incultura aplica también para Sincelejo”   Es interesante, y enormemente genuina, la preocupación que muchas personas de Majagual...

“cuna cultural de la incultura aplica también para Sincelejo”

 

Es interesante, y enormemente genuina, la preocupación que muchas personas de Majagual manifiestan cuando se pone en duda la elaboración de la fiesta de toro. Muchos alegan que estos eventos no se deben acabar porque son patrimonio cultural de la región y por eso deben permanecer por encima de cualquier circunstancia.

Sin embargo, desde mi punto de vista, cuando se habla de cultura, la inconformidad debe comenzar por preguntar si las tradiciones qué tanto se defienden pueden ser consideradas cultura, agregando, por supuesto, que la cultura debe tener un impacto positivo en la trasformación de la condición humana. Puesto que, de no ser así, nos estamos enfrentando a una serie de tradiciones que por más que nos identifiquen, deben ser cuestionadas, reorientadas y cambiadas.

Así las cosas, lo primero que hay que decir es que, en la actualidad, desafortunada mente, el término cultura se ha corrompido y muchos lo utilizan de manera irresponsable como una forma de justificar todo tipo de actividades inhumanas alejadas de la trasformación social. La buena cultura, en su definición y en la práctica, como dije al principio, debe tener la capacidad de civilizar, potencializar y exponer lo mejor de la condición humana. Una sociedad culta se enfrenta y se sumerge a las preguntas y realidades de la existencia con la intención de humanizar y embellecer la vida, despertando en su conciencia y cosmovisión un entendimiento profundo y responsable del entorno y las personas que lo rodean. En palabras más concretas, el arte, las tradiciones, la literatura, la música, el folclor, las historias, todo aquello que le ponemos el nombre de cultura, no puede estar desligado de la humanización, la reflexión, la introspección, la trasformación de la condición humana, por eso, debe ser capaz de aplacar las dudas, las perplejidades sobre la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sin sentido de la existencia; de lo contrario, hacer cultura será de las cosas más insignificantes y menos valiosas que existen.

Sin embargo, y con un poco de tristeza, tengo que decir que, en Majagual, muchas de las tradiciones culturales que defendemos, en vez de modelar en nosotros un mejor ciudadano o llevarnos a reflexionar de manera profunda sobre la existencia y la vida, expone lo peor de la conducta humana y sumerge cada día a la población hacia un perverso estado de decadencia. Ya que la cultura en este municipio tiene como único propósito la posibilidad de dar libertad a las más bajas e inhumanas pasiones, promoviendo la celebración de la muerte y del dolor. La cultura en nuestro municipio es una especie secta carismática donde se dan riendas sueltas a un visceral deseo de insatisfacción y superioridad que busca ser saciado a toda costa, desligado completamente de la ética, la moral y la transformación positiva de la existencia.

Estamos frente a una sociedad donde todo es cultura y nada lo es, nos encontramos en la cuna cultural de la incultura. Puesto que la cultura de las  ideas, del libro, del arte, de las tradiciones que embellecen la vida y nos invitan a recordar con pasión y orientación nuestra historia y nos humaniza, ha sido reemplazadas de forma irresponsable por la incultura del berrinche, de lo inhumano, de la crueldad, de la perversa celebración del dolor, de la guacherna y el irrespeto, del uso excesivo del licor, de las peleas sin control, del ruido excesivo y el irrespeto a los vecinos, de las grandes cantidades de basuras y la contaminación ambiental que se dejan después de cada celebración.

No señores, esa no es la definición de cultura que deberíamos defender, la cultura que exaltan los expertos, la que debemos promocionar como sociedad, como dije al principio, exalta la reflexión y la introspección profunda, promueve la vida y sus más grandes inquietudes, promueve el progreso, la moral, la ética, el pensamiento, las ideas, la crítica, el esfuerzo, la disciplina, la pasión, la poesía y el arte.

Seamos honestos, la única razón por la que en Majagual se defienden prácticas tan desagradables y perversas como una fiesta de toro, no es porque crean que tenga un impacto positivo en la sociedad de la cual hacen parte. En el fondo muchos lo hacen porque han encontrado en estos espacios una forma rápida y sencilla de escapar y no lidiar con las preguntas y realidades del abismo sin fondo que es la condición humana. Es decir, en nuestra sociedad, estas fiestas, ligadas al consumo masivo de licor y drogas, en muchas ocasiones, responden a un entorno social que empuja a hombres y mujeres a la búsqueda de placeres fáciles y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación de la existencia y la responsabilidad que esto implica. Estos son espacios donde la gente huye del vacío y de la angustia que provoca el sentirse libres y obligado de tomar decisiones que tienen que ver consigo mismos y con el mundo que les rodea, sobre todo, si este incluye dramas tan enormes como la muerte, la vida, el dolor y la existencia y el progreso.

Así las cosas, me gustaría cerrar con las palabras de Mario Vargas Llosa: puede parecer pesimista, pero mi impresión es que, con una irresponsabilidad tan grande, especialmente por nuestra irreprimible vocación por el juego, los placeres momentáneos y la celebración de lo inhumano y cruel, hemos hecho de la cultura un vistoso, pero frágil castillo construido sobre la arena que se deshace al primer golpe de viento dejando nuestra existencia en la deriva y en la más pésima condición.

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