Columnas

Crónica de una muerte anunciada

Sin duda Crónica de una muerte anunciada es una de las obras más reconocidas por uno de los mejores escritores que ha...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 4 min read >

Sin duda Crónica de una muerte anunciada es una de las obras más reconocidas por uno de los mejores escritores que ha tenido Colombia y América latina, sin embargo, aunque sería un tema importante de tratar y literariamente tendría mucha tela para cortar, su nombre en este caso será usado para algo diferente.

En esta particular historia, no hay diferencias entre el tiempo, la distancia, o las personas, porque la incredulidad, el escrutinio y las burlas parecen continuar constantes. La tragedia de Armero fue uno de los desastres naturales más grandes y significativos que Colombia ha tenido que enfrentar.

La historia que conocemos del municipio de Armero tuvo su fatal desenlace la noche de un miércoles 13 de noviembre de 1985, cuando el Nevado del Ruiz desató sus impulsos y descargó toda su ira sobre una de las ciudades agrícolas más prósperas del departamento de Tolima, arrastrando consigo la vida de aproximadamente 25.000 personas.

Según Paola Arcila Perdomo columnista de Señal Colombia antes de 1985, sólo se habían registrado dos erupciones del volcán, una en el año de 1595 y la otra en 1845, ambas dando como resultado avalanchas por el río Lagunillas, el cual se encontraba a la orilla del tan reconocido Armero.

Muchos de nosotros solemos usar dentro de las conversaciones cotidianas o informales, la frase o dicho popular “más se perdió en Armero”, sin embargo creo que muy amenudo, para no pecar al decir que siempre, se nos olvida que esta frase tiene una connotación más triste que jocosa y que la gran tragedia del departamento del Tolima pudo ser prevenida porque fueron muchas las señales que se presentaron antes del fin del mundo para los armeritas.

Fueron varios los científicos, escaladores e incluso políticos los que advirtieron de la catástrofe mucho antes que ocurriera, ya que, desde principios de 1984 se comenzó a observar un aumento de la temperatura del volcán, los peces morían en la cuenca de ríos como el de Lagunillas y no sólo se presentaron grandes cantidades de azufre, sino que pequeñas explosiones dieron aviso de la hecatombe que se aproximaba.

El miercóles 13 de noviembre de 1985, a eso de las 4 de la tarde empieza a caer una ceniza con la que incluso bromearon y jugaron los armeritas, posteriormente, aproximadamente a las 6 de la tarde cae una llovizna, con la que al parecer el cielo presentía lo que estaba por pasar.

A las 9:29 de la noche explotó el Nevado del Ruiz y de ahí en adelante empiezan las distintas narraciones de una de las tragedias más lamentables e icónicas del país, una tragedia en la que año tras año el nombre más recordado es el de Omayra Sánchez, una niña de tan sólo 13 años que aunque soportó 3 días atrapada entre el lodo y los restos de lo que había sido su casa, no pudo ser rescata porque sus piernas nunca pudieron ser liberadas.

Durante años, escuché atenta y conmocionada la historia de Omayra contada por mi abuelita, quien no sólo me relataba la historia de esa niña que todos siguieron hora tras hora por la televisión, sino que recordaba uno de los cuantos fragmentos de historias que había leído sobre personas que por temor al olor del azufre salvaron su vida, al dejar atrás su hogar e incluso a miembros de su familia que fueron incrédulos ante las señales y que confiaron en un gobierno que guardó silencio y concentró su atención en asuntos que consideró de mayor relevancia.

Hace aproximadamente 10 años, cuando todavía me sentaba y escuchaba atentamente la narración de mi abuelita y cuando veía por la televisión como recordaban lo ocurrido en Armero, fue para mi demasiado fácil juzgar a los armeritas por no salir a tiempo, por esperar hasta el último momento para reaccionar, para encontrar soluciones cuando ya era demasiado tarde; sin embargo, qué sabía yo de la vida, de los sacrificios y de lo que cuesta conseguir las cosas a los 10 u 11 años.

El sendero de mi vida todavía es corto, pero 10 o tal vez más años después de esas primeras narraciones de la tragedia de Armero, no sólo mi visión y percepción de la vida ha cambiado, sino que hoy soy capaz de ponerme en el lugar de los cientos y cientos de habitantes armeritas que se negaron a abandonar un lugar en el que estaban en el mismísimo fin del mundo.

Las burlas, la incredulidad y la desinformación fueron los acompañantes de la tragedia de Armero, sin embargo, viendo que existe una alta posibilidad de que esta historia se repita y luego del seguimiento que día tras día he tenido frente a las noticias de la actividad del volcán, puedo entender que los armeritas no sólo pecaron por su ignorancia o por la falta de información que existió en ese momento, sino también por la desesperanza, por la incertidumbre y sobre todo por el miedo de perder lo que poseían.

Si alguien viniera ahora, en este preciso momento y me dijera que debo evacuar, sé que lo pensaría muchísimo, meditaría sobre la posibilidad de quedarme en este mismo lugar y es probable que mejor decida pasar por un infierno del cual sé que no sobreviviré, a abandonar lo poco que tengo y simplemente poner mis esperanzas en unas entidades territoriales, en un gobierno que no sé si realmente me respaldará cuando le dé la espalda a lo que día a día me acompaña.

Estas palabras que plasmo, no son las de una persona pesimista o materialista, no son las palabras de alguien que pone lo material que posee por encima de la vida que puede salvar, sino que son las palabras que salen de mi corazón al leer la historia de Edward Ariza quien es uno de los vecinos más próximos del Nevado del Ruiz y quien dice que aunque buscará un carro para sacar a su esposa y sus hijos, prefiere quedarse al pie del volcán porque no quiere dejar su casa y sus animales, ya que estos son su fuente económica.

Me niego a creer lo fácil que fue para mí en el pasado juzgar y pensar que evacuaría inmediatamente ante una situación como la de Armero, en ese momento la inocencia de la edad no me dejaba ver la verdadera situación en la que viven los colombianos, lo realmente difícil que es conseguir algo con el sudor de la frente y lo doloroso que es abandonar todo lo que se ha obtenido y lo peor, sabiendo que en cuanto cruces la puerta de la casa con las pocas cosas que puedas llevar, empezará tu viaje de peregrinación por Colombia, porque tal y como sucedió con los armeritas que sobrevivieron, es posible que las personas que tengan que ser evacuadas tengan que luchar incluso más fuerte con uñas y dientes para recuperar alguito de lo que podrían perder.

En un país en el que la situación cada día es más dura, en la que los ricos siguen haciendóse más ricos y los pobres más pobres, es casi que imposible evacuar sin llevar consigo una cruz demasiado pesada. Son muchas las alertas que existen ahora mismo sobre el volcán, son muchas las burlas y los comentarios sarcásticos que hay en las redes, (lo irónico es que quienes opinan  se encuentran lejos de padecer las consecuencias del volcán) y pocas o casi nulas las estrategias o planes de emergencias que se están llevando a cabo para mitigar lo que podría ser nuevamente la crónica de una muerte anunciada.

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *