LAS VOCES INTERNAS DE ROBIN MYERS
Por: Adán Peralta*
Hay textos literarios que nos llegan por azar. Esta vez fue un poema de una autora joven que nada había leído de ella. Así es la buena literatura. Se nos presenta cuando menos la esperamos. De esta manera empezamos a interesarnos por algunos escritores, no tanto por lo que han hecho de su vida en particular, sino por sus escritos. Esos insumos que van más allá de sus vidas y de su tiempo.
El milagro fue con el poema: Apología con un verso de Héctor Viel Temperley [1] de Robin Myers, quien nació en EEUU (1987), pero en la actualidad está radicada en México, y se ha especializado en traducir poesía hispanoamericana. Algunos de sus poemarios publicados son: Amalgama, Lo demás y Tener. Y es que el texto en referencia me llevó a indagar sobre el poeta que se enuncia en el título: Héctor Viel Temperley. Casi siempre un autor nos lleva a otro. De este poeta me enteré que nació en Buenos Aires, en 1933, y falleció en su ciudad natal a la edad de 54 años en 1987, curiosamente el año de nacimiento de la poeta Myers. Y solo concedió una entrevista en su vida, meses antes de morir. «Me encuentro con mi poesía al no saber cómo hacerla», expresó, al también poeta Sergio Bizzio. Viel Temperley en vida, no gozó de reconocimiento y difusión de su obra.
Tampoco hizo parte de grupo literario alguno. Obra y nombre fueron ignorados por buen tiempo. Sus libros circularon de forma restringida y más bien anónima. Hoy esto ha cambiado, porque desde el 2004, se empezaron a reeditar sus poemarios: Carta de marear, Legión extranjera, Poemas con caballos, Crawl, Hospital Británico, son algunos de ellos. Adentrémonos en el poema anunciado.
Robin Myers escribe de manera intuitiva. Le encanta representar sus propios mundos y sus versos son una especie de lente que miran no solo al exterior, sino también a su interior. Su poema: Apología con un verso de Héctor Viel Temperley, es una reafirmación de algunas de las experiencias estéticas con las que a ella le encanta jugar. Imágenes y sonidos desfilan en este texto, al tiempo que apela, con sus versos entrecortados, a cierto tono persuasivo, logrando la cadencia esperada. Ese extraño ritmo que exigen los textos líricos para lograr el milagro de significar, apelando a la fuerza analógica que provocan curiosos entramados de palabras: “Voy/ lento, / creo. / Voy hacia/ lo que vi. Qué/más. Tomé/una foto del río/ todos los días que lo tuve/al lado. Mi vecina ciega/escribía sus memorias/en el estudio de abajo. A veces/se iba al puente a tocarle la flauta dulce/ al cauce gris que no podía ver.
/Escuchando a lo lejos su silbato/trémulo e insistente, la voz/de una niña con cosas/que decir, ya no veía el agua/yo tampoco: solo/a ella. Acaso la poesía/sea eso: más prevista/ que inevitable”.
El escritor colombiano Jaime Jaramillo Escobar ha acentuado que “Ser poeta es, pues, tener un dolor permanente en el costado” y en Myers es latente ese padecimiento, porque este es también un poema que indaga sobre lo que no fuimos, lo que somos, hacia dónde vamos, y cuestiona con insistencia el ahora y el mañana. Además, se evidencia que fue escrito en los días aciagos de la peste indómita que nos azotó. La poeta consigue sumergirnos en una atmosfera donde fusiona lo extrasensorial y lo evocativo, lo tranquilo y lo perturbador: “Voy hacia ti: /un hijo, un virus, /la sombra de una mantis religiosa saludando/detrás de la cortina/blanca, la tos de mi vecina en/ las horas pequeñas, según las llaman/ en el idioma que nací/ bebiendo…”
La autora husmea en esa franja recóndita de su subconsciente, para cuestionarse con un dejo de reclamo, pero también, a modo de consuelo. Expresa lo que percibe y siente como queriendo, con cada verso, desembarazarse de sus preocupaciones: “Tengo/vergüenza y anteojos. /tengo miedo de ser/un mal huésped en el mundo, /de hablar con todo menos/con la palma de mis manos, de no/saber la historia/que se contó/ primero. Voy hacia/lo que menos/conocí/en mi vida:/voy hacia mi cuerpo”.
A Robin Myers, es necesario leerla. Dejar oír sus voces internas, la amplitud de sus preocupaciones, sus reclamos que inquietan conciencias, pero, sobre todo, la dimensión emotiva que proyectan sus versos.
[1]Poema publicado en la página web de la revista GATOPARDO, en febrero de 2021: https://gatopardo.com/arte-y-cultura/ apologia-con-un-verso-de-hector-vieltemperley poema-de-robin-myers/
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