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El amor y las despedidas

En el libro Los Miserables, Víctor Hugo deja muchísimas frases sobre las que pensar y reflexionar, frases que algunas veces me dejaron...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 3 min read >

En el libro Los Miserables, Víctor Hugo deja muchísimas frases sobre las que pensar y reflexionar, frases que algunas veces me dejaron sin aliento o me hicieron llorar hasta ya no poder más. La mayoría de los libros que impactan mi vida, son aquellos que conectan con la realidad y la describen de una manera tan pero tan precisa que hace que el mundo se detenga por un momento y me dé cuenta de lo finita que soy y lo efímero que es casi todo.

“El porvenir es mucho más de los corazones que de las mentes. Amar, eso es lo único que puede ocupar y colmar la eternidad. El infinito precisa de lo inagotable.” Esta frase en particular me gusta mucho y me recuerda que más allá de todo pronóstico, hemos nacido para amar y también para ser amados, sin embargo hay algo para lo que no venimos preparados y ni siquiera la vida entera nos alcanza para lograrlo, y ese es el precio más caro que debemos pagar, producto de todas aquellas manifestaciones que tiene el amor.

Muchas son las experiencias que a lo largo de la vida vamos construyendo, sin embargo, algo que es una constante casi para todos los habitantes de la tierra, tiene que ver con las despedidas; con las cortas que pueden terminar, las largas que terminan en fraternales abrazos y golpes de emoción o aquellas que son eternas, las que se quiera o no, suelen ser las más dolorosas y las más inesperadas, incluso cuando se está esperando.

Me encantaría decir que me he pasado la vida pensando y viviendo en el presente, que las culpas y reclamos por el pasado no son algo que todavía me persigue, o que la angustia y la ansiedad por el futuro no son cosas que me quiten el sueño. Sin embargo, este escrito es testigo que mis afanes y mi ansiedad estaban puestos en cosas muchísimo más insignificantes que la vida, hasta que como siempre los eventos que quisiéramos evitar, ocurren y, heme aquí, replanteando mi existencia, una vez más.

“Amar, eso es lo único que puede ocupar y colmar la eternidad.” Si me lo preguntan, para mi esta es una de las frases más dicientes que conozco, y basado en mi propia experiencia sé, que es el amor el que nos empuja a seguir vivos, a luchar incluso cuando las fuerzas se acaban, y hacerle frente a las más dolorosas despedidas. Tal como lo dijo Nicholas Sparks, el amor es un sentimiento que escapa a nuestro control, que vence la lógica y el sentido común, esto lo digo con la certeza de la pérdida y con la templanza del amor.

Hace casi dos años, me encontraba en una de las situaciones más difíciles que he tenido que soportar en la vida, la niña que lloró cada día de cada año hasta terminar el segundo grado, se quedó sin lágrimas en ese momento, el dolor se convirtió en un veneno que me debilitaba lentamente y me acercaba al precipicio, estoy segura que en más de una ocasión el dolor fue tan insoportable que hubiese muerto sólo para descansar de él.

Por la mañana, sentada frente a su cama le pedía a Dios que no se la llevara, que la sanara de ser posible y detuviera su sufrimiento; por la tarde, cuando me daba cuenta que en lugar de mejorar empeoraba, le besaba su mano o sus pies y con el corazón desgarrándose y las entrañas lo suficientemente apretadas para no dejarme respirar, le pedía a Dios que acabara con todo, que ella no merecía tanto sufrimiento, lo culpé por ser un Dios injusto y hasta llegué a pensar que se complacía con el dolor.

El amor es una cura, en eso no hay discusión, pero con certeza sé que muchas veces se convierte en enfermedad, o tal vez, en lugar de ser ocasionalmente una enfermedad, la consecuencia de amar, nos hace sentir enfermos. El amor y las despedidas, no son algo que vayan separados, sin embargo en la finitud de nuestra mente nos sigue costando, días, meses, años e incluso toda la vida para entenderlo.

Seguimos viviendo en un mundo acelerado, en el que nada se detiene por nadie, ni por nada. Irónicamente hay cosas más importantes que la vida misma, sin embargo, y por lo menos hoy, alguien en el mundo está pensando en todos los sobrevivientes del amor, en todos aquellos que dejamos ir hacia la eternidad una parte de nosotros mismos, una parte que siempre y para siempre hará falta y cuyo lugar jamás será reemplazado. Sabemos que el infinito precisa de lo inagotable porque está lleno de amor, especialmente del amor que físicamente ya no podemos expresar pero que sin duda manifestaremos hasta el final.

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