Según el World Inequality Database (WID), una fuente informativa que mide los índices de desigualdad en el mundo, se ratifica que la desigualdad sigue siendo uno de los problemas que más afecta a Colombia. De acuerdo con lo señalado en dicho estudio, el 10% de los habitantes del país recibe el 50% de los recursos económicos que se producen, esto significa que de cincuenta millones de habitantes que se cree posee la Nación. Solo cinco millones de personas acaparan las riquezas.
Así las cosas, es pertinente señalar que la desigualdad es un problema consistente en la humanidad, según una investigación financiada por el británico Arts and Humanities Research Council, se encontró en un estudio arqueológico que la desigualdad social data desde hace 7000 años. Así que como podemos advertir, en Colombia estamos luchando contra un problema histórico de la humanidad, para ello, es pertinente definir qué es la desigualdad, para lo cual debe ser entendida esta como el beneficio que obtienen un grupo de personas por sobre otras por razones de carácter económico, políticas, religiosas, étnicas y de género.
Ahora bien, a pesar de este desalentador panorama, cabe resaltar que para el año 2000, en Colombia, la desigualdad era aún mayor, esto es, que el 10% de los colombianos ostentaba el 55% de los recursos. En este orden, paulatinamente las cifras comenzaron a descender en pro de la igualdad, pero desde el año 2015 en el que las estadísticas indicaban que el 10% tenía el 45% de las riquezas. Inició un retroceso en el avance logrado de tal forma que en la actualidad el porcentaje de desigualdad ha crecido hasta situarse en un 50%.
En este contexto, habiendo reconocido el problema y su crecimiento e historicidad, considero de vital importancia examinar que circunstancias continúan contribuyendo al crecimiento de la desigualdad en nuestro país. En efecto, la corrupción sigue siendo uno de los principales avivadores de esta problemática, puesto que los recursos públicos no alcanzan para la inversión social necesaria para llegar contundentemente hasta los grupos menos desfavorecidos debido a que gran parte de ella es desviada hábilmente y termina alimentando los bolsillos de unos pocos, con lo cual se erige como una barrera que imposibilita generar ecosistemas que permitan aumentar la calidad de vida de los ciudadanos y propiciar la formación educativa de la población más necesitada.
Adicionalmente, encontramos que otro alimentador de la desigualdad lo constituyen los sistemas tributarios inequitativos, dado que estos persiguen cada vez más, gravar con impuestos la mayor cantidad posible de productos aun hasta los de primera necesidad, a fin de aumentar la recaudación fiscal. Igualmente, persiguen ampliar la base de contribuyentes, generando que más personas tengan que tributar, pero concediendo alivios a los tributantes que más poseen, lo que finalmente arroja que los que más poseen no aporten lo necesario para contribuir a las inversiones que deben realizarse.
Habría que decir también como otras causas, el crecimiento demográfico descontrolado, dirigido por la ausencia de planificación familiar a efectos de constituir un verdadero proyecto de vida y la carencia de responsabilidad individual y colectiva en el manejo de la sexualidad.
De igual forma, otros aspectos a considerar como alicientes de dicha situación inequitativa, son la llegada masiva de inmigrantes, el desempleo, subempleo, distribución injusta de la tierra, falta de acceso a capital y tecnología, prejuicios sociales, impunidad y conflictos internos. En suma, estas causas nocivas forman verdaderas columnas en las que se soporta la desigualdad.
Luego entonces, habiendo echado un vistazo de la magnitud del problema de la desigualdad, debemos entender que es un mal sistemático que existe en nuestro mundo y en especial en nuestra patria colombiana, Muhammad Yunus, el emprendedor social, banquero y economista creador del famoso Banco de los pobres expresó: “La pobreza no la crea la gente pobre. Ésta es producto del sistema que hemos creado, por ende, hay que cambiar los modelos y conceptos rígidos de nuestra sociedad”, esta reflexión resulta vital bajo el entendido que nuestro sistema necesita una verdadera reforma que favorezca la igualdad y promueve la equidad. La estrategia de los subsidios en nuestro país ha creado el imaginario común que el Estado debe proporcionarle todo a todos, pero ello no es cierto, puesto que es el trabajo humano el que dignifica al hombre, con lo cual, debería fortalecerse una formación integral a las nuevas generaciones con la mayor calidad posible y en perspectivas de un mundo globalizado para que podamos producir soluciones a los problemas de nuestro entorno y el mundo generando oportunidades para todos.
En este punto no creo que nuestra fe en los cambios deba colocarse en políticas que patrocinan viejos sistemas que han demostrado en pocos aspectos virtud y en muchas otras falencias graves que el tiempo ha exhibido, es por ello que me identifico con el pensamiento del gran líder Winston Churchill quien señaló: “El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”.
Mi reflexión final, no busquemos las soluciones para la desigualdad en los discursos añejos de sistemas económicos y políticos que hoy están en crisis, identifiquemos mejores prácticas, aprendamos de otros modelos y aunemos esfuerzos en crear nuevas propuestas que constituyan un nuevo pacto social, que reúna los aspectos virtuosos del ayer para construir un mejor mañana.

El epitafio con que la revista semana sentencio su muerte