Condenados por homicidio involuntario a 15 y 10 años de cárcel los padres del menor autor de un tiroteo en EE.UU.
“Los hijos no vienen con un manual bajo el brazo”; “quiero que tenga lo que yo no tuve”; “no soporta que le digamos ¡no! a algo que quiere”; “no hay cosa que me moleste más que me diga mentiras”; “no sé por qué en esta época los jóvenes son tan violentos”. Estas exclamaciones hacen parte de la larga lista de dilemas que enfrentan los padres y madres de la actualidad. La crianza se ha convertido en una labor tan compleja que los progenitores están siendo cuestionados. Ellos han probado varias formas de enfrentar estas situaciones, pero algo no funciona, algo queda sin resolver y sin entender.
La mala noticia es que la crianza, los cuidados, la formación y la educación de los hijos e hijas sigue, y seguirá siendo, responsabilidad primaria de las familias, independiente de su estructura, composición y organización, por cuanto ella es la primera agencia de formación de los seres humanos. El Estado, la sociedad, las comunidades, las organizaciones sociales son, como no, corresponsables en el cumplimiento de estas tareas y funciones. Su papel no es la de sustituir a las familias sino la de apoyarlas, acompañarlas y fortalecerlas. Todo aquello que las familias dejen de asumir, o asuman a medias, como responsables directos de los hijos e hijas, le toca al Estado y la sociedad asumirlas de una u otra forma. Los estudios e investigaciones en sicología evolutiva, en infancia, en el curso de la vida confirman la importancia que tienen los padres, madres y adultos, o quienes hagan sus veces, en la formación de la personalidad y el carácter de los niños, niñas y adolescentes.
Sin una estadística a la mano me atrevo a decir que cada vez es mayor el número de adolescentes y jóvenes en entornos de violencia, de calle, pandillerismo y consumo de sustancias psicoactivas y más proclives al delito lo peor de todo este cuento es que muchos padres a veces no se dan por enterados de las andanzas, compañías y desconocen los caminos que recorren sus hijos, sus conversaciones, sus relaciones sociales y en el peor de los casos hay padres que acolitan el delito y encubren sus fechorías, se disgustan y molestan cuando sus hijos con justa razón son presuntamente señalados de actos violentos, abuso de autoridad y violación de las normas escolares o socialmente previstas.
Ante este panorama desalentador y donde cada vez el mundo está al revés porque al pareces los hijos han adquirido mas autoridad que los padres y donde los padres muchas veces se quieren hacer los de la vista gorda con la crianza y donde indirectamente o involuntariamente los padres tienen cierta responsabilidad del proceder de sus hijos traigo a colación un hecho sin precedentes ocurrido en los Estados Unidos la semana pasada y que por primera vez en la historia de esta nación americana dos padres de familia van a la cárcel por homicidio involuntario debido a las acciones de su hijo. Estos progenitores son: Jennifer Crumbley, de 46 años, y su esposo James, de 47, son los padres de Ethan, que ahora tiene 17 años, que fue juzgado como adulto y condenado en diciembre a cadena perpetua por los hechos del 30 de noviembre de 2021, cuando mató a cuatro estudiantes e hirió a siete personas en la escuela de secundaria 0xford High School, a 70 kilómetros al norte de Detroit.
“Estas condenas no son por una mala crianza. Estas condenas confirman actos repetidos o la falta de acciones que pudieron haber detenido un tren descarrilado que se aproximaba”, expresó la jueza Cheryl Matthews, del condado de Oakland, durante la lectura de las condenas.
La jueza reprochó a James el haber permitido que su hijo tuviera “acceso sin restricciones” a armas y munición y dijo a Jennifer que su actitud fue “apática e indiferente”. Según los fiscales, “acciones muy simples” como guardar el arma bajo un candado habrían podido evitar el suceso.
Asimismo, la Fiscalía señaló que Jennifer Crumbley fue responsable de las muertes al haber sido “gravemente negligente” por entregarle la pistola al hijo en vez de ofrecerle tratamiento psicológico dadas las señales de advertencia manifestadas por el menor. La mujer matizó que el arma iba a ser utilizada para cazar en un rancho familiar. Durante su testimonio, Jennifer señaló a su marido de la supuesta responsabilidad que tenía de guardar la pistola en un lugar seguro. “No me sentía a gusto estando a cargo de eso. Era algo más suyo, así que le dejé encargarse de ello”, resaltó. “Jennifer Crumbley no apretó el gatillo aquel día, pero es responsable de aquellas muertes”, afirmó el fiscal adjunto del condado de Oakland, Marc Keast, en sus declaraciones iniciales durante la apertura del caso judicial.
Ambos fueron declarados culpables de homicidio involuntario y la jueza también hizo énfasis en su indiferencia y desatención hacia la salud mental del vástago.
Ethan el responsable directo de la masacre se entregó a las autoridades después de entrar armado en el instituto Oxford High cuando tenía 15 años, y matar a Justin Shilling, de 17 años; Hana St. Juliana, de 14; Madisyn Baldwin, de 17, y Tate Myre, de 16. El juez del condado de Oakland, Kwamé Rome, le impuso la máxima sentencia a Ethan por un “verdadero acto de terrorismo” y explicó que el adolescente obligó a su compañero Shilling a arrodillarse antes de matarle. “Eso es una ejecución”, afirmó. Esta decisión culmina un caso histórico, ya que por primera vez en Estados Unidos la Justicia ha responsabilizado penalmente a los padres de un tirador menor que ha llevado a cabo un tiroteo en un instituto.
Una acción penal de este tipo abre una puerta y es el principio para que los padres negligentes, desatentos y permisivos se empiecen a pellizcar y entiendan que los pecados de sus hijos de forma indirecta si les competen a ellos.
Este fallo histórico es un punto de quiebre para que la justicia colombiana empiece a pensar en que los padres están en capacidad de asumir penal y fiscalmente las acciones fuera del marco legal de sus hijos cuando estos aun permanecen bajo su tutela.
Es la primera vez que se condena a unos progenitores en Estados Unidos por no haber tomado medidas preventivas.

Quisiera no olvidar tan rápido