Hay terceras partes que no nos gusta ver, bien sea una película, o una relación amorosa, pero este no es el caso. Esta semana volvieron a ser noticias los militares colombianos, esos mismos que años atrás habían ganado el apoyo popular, y que hoy por hoy enfrentan la peor de sus crisis de los últimos 20 años. Ahora su imagen tiene la desaprobación de muchos.
Los actos reprochables cometidos en los últimos meses por el ejército nacional no pasaron desapercibidos para la Cámara de Representantes de Estados Unidos; tanto así, que le pusieron la lupa a los perfilamientos e interceptaciones que la Dirección Nacional de Inteligencia colombiana hizo a periodistas.
A este espaldarazo internacional se le suma el informe “Protejan la paz en Colombia” de 24 organizaciones estadounidenses y colombianas, publicado en El Espectador, donde recomiendan al presidente Donald Trump que inste al Gobierno colombiano para que lleve a cabo una reforma a fondo de los servicios de inteligencia, así como una revisión exhaustiva de la doctrina y el entrenamiento militar, para garantizar que promuevan una comprensión adecuada del papel de la fuerza pública en una sociedad democrática y en tránsito a la reconciliación.
Aunque es poco probable que la nación del Tío Sam decida seguir este consejo, creo que una investigación como esta deja en evidencia que existe una necesidad de transformación dentro de las filas militares, porque, pasado un tiempo, aún siguen siendo titulares de noticias, como es el caso de Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, quien reveló en su columna de opinión de la revista Semana que en el auto de citación de la Procuraduría General de la Nación, dirigido a los militares sospechosos de ejecutar los perfilamientos, aparecían varios nombres de miembros de la Fundación, que estarían siendo víctimas de espionaje.
Lamentablemente, no solo le corresponde al Gobierno nacional abrir los ojos y tomar acciones, también a muchos colombianos que prefieren cuestionar en redes sociales los talentos gastronómicos de la cantante Paola Jara e informarse poco sobre las realidades de su país. Casi no son necesarias las cortinas de humo, porque la atención ya está fijada en temas triviales.
Es el momento de que la institución militar cumpla con los compromisos democráticos en lo que ha fallado, en especial con su servicio hacia la sociedad, y que responda con transparencia ante sus delitos, no solo con las víctimas, sino con la población que contribuye a su existencia: usted y yo, que pagamos impuestos.
Por cierto, por si no lo sabía, según el reporte del Instituto Nacional de Investigación de Paz, de Estocolmo (Sipri), y del Banco Mundial, en 2019 el gasto militar de Colombia fue el más alto de la región, superando los 10 000 millones de dólares.

Cuando harán mea culpa los partidos políticos