Cuando tecleamos en el buscador más famoso de lainternet (Google) la palabra guerra, encontramos cerca de seiscientos nueve millones (609.000.000) de resultados, es mucho ¿no te parece? y es que mucho tiene que ver esta palabra con el pasado, el presente y el futuro de la humanidad, así como en especial de nuestro país Colombia.
Hablar en Colombia de lucha armada otro nombre equiparable a guerra, es tocar una línea transversal de toda la historia colombiana, y es que, desde la independencia de esta patria, la guerra ha sido el pan diario, durante el Siglo XIX, excluyendo las revueltas en el marco de los estados federales, en el lapso de 1812 a 1886, se vivieron nueve (9) guerras civiles de alcance nacional y muchas otras más de carácter regional dejando miles de muertes y una inestabilidad gubernamental. Aquí debemos anotar, que uno de los leños que más avivó estos conflictos fueron los móviles políticos, la disputa por el poder del Estado.
Sin embargo, el panorama hacia el futuro no sería más alentador, pues iniciaría el más extenso de los periodos bélicos identificado como conflicto armado interno, el cual se ha desarrollado desde 1960 hasta el presente, con actores como las guerrillas (FARC-EP, ELN y EPL) de filosofía extrema izquierda (comunista, Marxista-leninista y socialista), los paramilitares o también conocidos como autodefensas de ideología extrema derecha (contrainsurgentes y anticomunismo). Sumado los anteriores, tenemos al Estado colombiano quien en su guerra contra las guerrillas se alió con los paramilitares para cometer todo tipo de vejámenes contra la población civil a fin de exterminar la insurgencia, valga decir que fracasaron en ese propósito.
De igual forma, otro protagonista que no podemos dejar por fuera de este caldo de dolores, lo constituyen los carteles de la droga que convirtieron a Colombia como el mayor exportador de cocaína del mundo y que surgieron como financiadores de los demás actores para dominar territorios estratégicos y garantizar sus rutas de transporte para enviar su producto maligno.
Ahora bien, aunque el tiempo y los acuerdos de paz con los grupos guerrilleros y paramilitares dio como resultado la terminación de estos nominalmente, lo cierto es que disidentes de estos grupos han organizado en el presente las denominadas bandas criminales y grupos de desmovilizados que siguen controlando ciertas porciones de territorios, pero cuyo propósito es el enriquecimiento a través del narcotráfico.
En este orden, es importante entender la guerra no solo como una lucha armada, sino también como un fenómeno político-social. Por tanto, resulta pertinente destacar los aportes que sobre este tema podemos encontrar en el pensamiento del fallecido militar prusiano Karl von Clausewitz, uno de los historiadores y teóricos más influyentes de la ciencia militar moderna, quien señaló como elementos de la guerra: a) acto o interés político, b) Odio, enemistad y violencia primitiva y c) El juego del azar y las probabilidades.
Así las cosas, en palabras de este teórico militar la guerra necesita estos componentes e ingredientes anteriormente mencionados para su nacimiento, lo cual nos permite analizar su origen. Justamente descendiendo entonces al contexto colombiano, hemos vivido en un estado de beligerancia durante los últimos sesenta (60) años. Para superar esta situación, debemos identificar esos componentes propios que avivan nuestra guerra.
En efecto, sabemos que siempre habrá intereses y actos políticos, pues como señala el historiador previamente citado: “La guerra es la continuación de la política por otros medios” y como lo señalase años más tarde Michel Foucault en una formula inversa “La política es la guerra continuada por otros medios”, esto nos lleva a entender que mientras haya una disputa por el poder en una sociedad o institución siempre habrá una guerra. Empero, esta llegará a ser bélica si se combina con odios, enemistades y violencia, pero también necesitará de una chispa o excusa en el momento oportuno para explotar en una confrontación.
Luego entonces, en Colombia estamos en guerra y siempre estaremos en guerra, en primer lugar porque hay actores que se sirven de ese marco para lograr sus propósitos económicos y de poder (nuestra historia nos lo muestra); en segundo lugar, porque ese es el destino de las sociedades pluralistas y heterogéneas en las que se alzan banderas políticas para todos los sectores de la sociedad, pero ello no necesariamente debe desembocar en acciones violentas para respaldar o proteger intereses sectoriales, pues si aprendemos a coexistir sin avivar causas que se sirvan de enemistades, odios y rencores, tendremos la esperanza de vivir mejor en comunidad.

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