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El camino a la paz

“Para el silencio, / una palabra; / para la oreja, / un caracol. / Un columpio pa’ la infancia, / y al...

Foto del avatar Escrito por María Angélica Borja · 1 min read >

“Para el silencio, / una palabra; / para la oreja, / un caracol. / Un columpio pa’ la infancia, / y al oído un acordeón; / para la guerra, / nada”.

Canción Para la guerra, nada, de Martha Gómez.

 

A la guerra se le ha dado dinero y la oportunidad de prolongarse; también se le han dado  lágrimas y voces ahogadas de rechazos. La guerra se ha llevado recuerdos y ha dejado los peores momentos; ha arrebatado vidas y reclamado almas.

Esta semana, la guerra hizo de las suyas, y se llevó consigo a la lideresa indígena María Bernarda Juajibioy y a su nieta de un año y 5 meses de edad.

El hecho sucedió por las vías del Valle del Guamuez, en Putumayo, hacia las 6:45 de la tarde del miércoles pasado, a manos de hombres armados que irrumpieron el paso de la moto en la que se movilizaba Juajibioy, alcaldesa del cabildo Camentzá Biyá, y su nieta, cuando iban rumbo a la inspección El Placer. Ambas fallecieron en el ataque a bala.

De acuerdo con las cifras del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), con María Bernarda Juajibioy serían 34 los líderes y defensores de DD. HH. Asesinados en lo corrido del 2021, y 1148 desde la firma del acuerdo de paz.

En repetidas ocasiones y por diferentes medios, las organizaciones indígenas y sociales y la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos se han manifestado con preocupación respecto a la vulnerabilidad en la que históricamente han estado los pueblos indígenas al no ser garantizados sus derechos, y cómo esta situación se ve reflejada en los actuales asesinatos y amenazas a los líderes y lideresas que defienden los derechos de los pueblos.

En Colombia, las garantías para defender y luchar no existen. Muchos pueblos, por ausencia del Estado o por complicidad del mismo, han sido condenados a una violencia incesante que los amordaza y silencia, que los acorrala en una realidad cargada de miedos y resignación. Ser un defensor o un líder conlleva más que valentía, conlleva vivir aceptando la realidad de que en cualquier momento una bala le pondrá fin a la vida.

Sin embargo, hay muchos que no se detienen, porque guardan el anhelo de una existencia mejor, más justa y tranquila. La verdad detrás de esto es que el camino a la paz debe centrarse en la protección de aquellos territorios que han sido abandonados.

 

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