Michael Sandel profesor de Derecho de la Universidad de Harvard es mucho más que un filósofo o un intelectual, es algo así como una especie de estrella del rock de la filosofía. Su último libro lleva por título “La Tiranía de la Meritocracia”
Después de leer un poco al profesor Sandel yo me pregunte:
¿Qué tan tirana es la meritocracia? O ¿Qué tiene de malo la meritocracia?
Tratando de dar respuesta a estas dos preguntas, se puede decir que la meritrocracia es un ideal utópico, un slogan publicitario muy atractivo, que engancha audiencias y vende mucho. No niego que haya historias fascinantes donde el esfuerzo, la dedicación, el sacrificio han desencadenado finales felices.
La meritocracia predica algo tan simple y tan superfluo “si todo el mundo tiene las mismas oportunidades, los ganadores merecen ganar”. Hasta allí todo es color de rosa; pero esta moneda en el aire llamada meritocracia tiene dos caras y ambas partes socialmente no suman sino que restan.
Una cara de esta moneda nos muestra que en realidad no estamos a la altura de los ideales meritocráticos que profesamos o proclamamos, porque las oportunidades no son realmente las mismas.
La otra cara señala que los padres adinerados son capaces de transmitir sus privilegios a sus hijos, no dejándoles en herencia grandes propiedades sino dándoles ventajas educativas y culturales para ser admitidos en las universidades.
De hecho, en las universidades de la denominada Ivy League (que incluye a las universidades de Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth College, Harvard, Pensilvania, Princeton y Yale, algunas de las más prestigiosas de Estados Unidos) hay más estudiantes que pertenecen al 1% de las familias con más ingresos del país que al 60% con menos ingresos.
Dejando el ejemplo de EEUU, viajando a Colombia en plena pandemia nos encontramos que el cierre de las escuelas por la pandemia de coronavirus y las dificultades de los sectores más vulnerables de la sociedad para acceder a las clases virtuales está produciendo una verdadera “catástrofe generacional” y no es invento mío, así lo dice: la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Un informe de la BBC menciona algunas claves de la “catástrofe generacional” que ha desatado la crisis del coronavirus en Colombia y los demás países de Latinoamérica, y que echa por tierra todo indicio de meritocracia. En otras palabras bajo este orden de ideas las desigualdades afloran en la piel.
Estas son:
- Interrupción del aprendizaje
Aunque es un problema en todos los niveles educacionales, quienes más lo sufren son los pequeños que están iniciando el ciclo escolar y aquellos a punto de egresar.
Los más pequeños porque, si no adquieren las destrezas básicas como leer y escribir o sumar y restar, se enfrentan a un déficit esencial para avanzar hacia los cursos superiores. Y los más grandes porque se hacen más difíciles sus perspectivas de ingreso a la educación superior o al mundo laboral.
- Familias sin preparación para enseñar
Ya sea que los niños se conecten virtualmente o que reciban guías de trabajo en papel, muchos padres no están preparados para responder preguntas y para asistir todo el proceso de enseñanza.
- Desigualdad en el acceso a las clases digitales
En muchas zonas de la región no hay señal de internet y la posibilidad de que algún día llegue es bastante remota.
Hay casas donde sí tienen acceso a internet a través de la compra de minutos de conexión pero es un acceso limitado y lo que es peor aún hay padres que tienen que elegir entre comprar minutos o comprar comida.
Siguiendo la ruta de nuestro viaje ya al interior de Colombia, llegando a la costa caribe, nos encontramos la ciudad de Sincelejo y el departamento de Sucre el cual tiene una presencia de educación superior con muy baja cobertura, así como el número de Instituciones de Educación superior (IES). Son más los programas inactivos que activos que aparecen allí.
En el departamento de Sucre, según datos oficiales de 2.018, hay 1.826 estudiantes en promedio por cada una de las 13 IES con presencia en una región con una cobertura muy por debajo del promedio nacional.
Según la información oficial del Ministerio de Educación, a 2018, la matrícula en educación superior de este departamento fue de 23.733 estudiantes, lo que representa un 0,97 % de la matrícula de todo el país.
Todos los anteriores son datos y cifras preocupantes que condicionan la realidad académica de muchos Sincelejanos como es el caso de Samir joven estudiante de tercer semestre de biología de la universidad de Sucre, quien en una nota publicada el 25 de marzo de 2021 en el noticiero del canal local de esta ciudad (canal doce) prácticamente entre lágrimas implora que todo el que tenga buen corazón, le extiendas la mano y le ayude porque no quiere verse forzado a retirarse de su carrera pues no cuenta con conexión a internet ni con computador para acceder a las clases virtuales, quien además perdió a su madre hace un año por causa de la pandemia.
Si bien la brecha digital siempre ha existido, la pandemia ha puesto en evidencia las huellas que deja la desigualdad en el acceso tecnológico, por lo tanto en un país como el nuestros la meritocracia es la panacea que nos ofrecen como oferta de black Friday para lograr el éxito.

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