Tengo un amigo campesino, mi amigo vive entre las mañanas silenciosas de sus cultivos. Para él, el campo lo es todo. Estoy seguro que cualquiera que lo conozca sabrá que mi amigo tiene un calor humano, sencillez y amor por todos aquellos que lo rodean. Él siempre sonríe, especialmente cuando cuenta sus historias, es que sus historias hablan de su suelo, es que sus historias hablan de su familia, es que sus historias hablan de las adversidades que superaron sus antepasados, las historias de mi amigo hablan del amor por su entorno a quien le ha entregado todo y hace parte de él, las historias de mi amigo exponen una sabiduría excepcional, adquirida por la naturaleza exuberante del Caribe y por las circunstancias de la vida.
Hace varios meses hablé con mi amigo, nos sentamos en su rancho en dos hamacas hechas de costales al lado de un árbol floreciente, me trajo una taza de café y disfrutamos de una cálida conversación, es que dan ganas de escuchar hablar a mi amigo, contar es parte de su esencia, pero sobre todo, me habló de su cultivo, me dijo que era una belleza, que estaba tan verdecito y saludable que parecía una cotorra, que el grano estaba cuajando hermoso, que parecía un gusano, que daban ganas de verlo, mi amigo me dijo que si diosito lo quería su cultivo iba a dar una buena producción y habrían buenas ganancias, así podía ayudar a sus muchachos a salir adelante y arreglar la casita para que su señora estuviera más cómoda.
Es que como no va ser así, si mi amigo se levanta todas las madrugadas, toma su rula, se pone sus botas, toma su sombrero y va a dejar el alma entera en su trabajo, yo lo he visto sudando mientras cogemos los bultos de arroz para ir a sembrarlos, lo he visto cargar tanques para llenarlos de agua para fumigar el cultivo, lo he visto poner su mano en la cintura, levantar su mirada mientras el sudor baja por su frente porque está cansado y se toma un momento para descansar. Mi amigo huele a sol de mediodía, huele a atardecer, huele a pastos verdes, mi amigo huele a campo. Mi amigo es un trabajador incansable que hace todo por sus verdes campos y cultivos que alimentan a su familia y toda una nación.
Hoy fui donde mi amigo, estaba donde siempre hablamos, pero esta vez estaba sentado en un tronco, al lado del árbol que ya no estaba floreciente, quizás como un gesto de generosidad con mi amigo que también es su amigo. Algo no estaba bien en él, estaba triste, pero no era cualquier tristeza, era tan densa que invadía el espacio. Mi amigo quiso disimular su tristeza al verme, pero no pudo, es que él es tan generoso que no quiere que los demás se preocupen. Me senté a su lado, y mi amigo me dijo: el cultivo dio una excelente producción, todo iba muy bien. Pero hoy llegaron los compradores y nos dijeron que el país estaba en crisis y por eso el precio había bajado, además, que mi cultivo tenía mucha impurezas, disque, arroz rojo, yeso, arroz peludo, caminadora y falta de asistencia.
También me dijeron que los insumos que ellos me habían ayudado a conseguir, como el veneno, la urea para abonar y otros, estaban bien caros. Se llevaron todo mi cultivo y me dijeron que les quedaba debiendo 20 millones de pesos. Pero eso no es todo, nuestro vecino que hizo una patilla le pasó lo mismo, decían que no había mercado para vender y por eso estaba a 2.000 pesos cada patilla, si quería que la vendiera sino que se le pudriera en el lote, que ellos le estaban era haciendo un favor, nuestro vecino quedó con una deuda de 10 millones de pesos. Por eso estoy triste, es que como es posible que uno se rompa el lomo todo el año para que nos roben de esa manera. En ese momento me llené de mucha tristeza e impotencia igual que mi amigo, no podía creer cómo esto era posible, sin embargo, me quedé en silencio.
Decidí quedarme con mi amigo en su casa, él siempre está dispuesto a alojar al que llega de visita, me colgó una hamaca y se fue a dormir, aunque seguía con la misma tristeza, no supe qué hacer por mi amigo. Cuando eran aproximadamente las tres de la mañana me levanté y salí porque escuché a alguien que se lamentaba. Salí, y bajo la oscuridad fui hasta donde estaba el lamento, de nuevo era mi amigo, estaba llorando al lado de su esposa, nunca lo había visto de esa manera, mi corazón se arrugó, las palabras de mi amigo expresaban un inmenso dolor y preocupación.
¡Ahora cómo vamos a pagar las deudas, ahora cómo vamos a ayudar a los muchachos en sus estudios, Señor ayúdanos, por qué esto tiene que ser así! Fui imprudente y me atreví a entrar y darle un abrazo a mi amigo. Mientas mi amigo se calmaba, me dijo: compa, ahora que amanezca acompáñeme al pueblo a buscar ayuda, en la televisión dicen que estas cosas hay que denunciarlas, allá de seguro harán algo cuando sepan lo que está pasando. Después de todo, los gobernantes son instrumentos de Dios para hacer justicia a los más débiles, de seguro ellos usarán su poder para ayudarnos a nosotros los campesinos que estamos siendo sometidos por esta injusticia.
En la mañana fuimos al pueblo, mi amigo estaba más tranquilo, tenía la certeza de que las cosas se iban a arreglar. Cuando llegamos al pueblo, fuimos a la alcaldía, pedimos hablar con alguien que pudiera ayudarnos, mi amigo dijo, me han hecho una injusticia y quiero que me ayuden, creo que aquí pueden hacer algo. Sin embargo, todos se quedaron en silencio, nadie dijo nada. Mi amigo expresó, quizás estamos en el lugar equivocado, vamos donde los señores que se visten de verde, ellos de seguro nos ayudaran. Fuimos, nos atendieron, mi amigo comentó su situación y de la manera en que le estaban robando.
Pero todos se quedaron en silencio, nadie dijo nada, solo se mostraron interesados en escuchar un relato que, según uno de ellos, parecía sacado de un cuento de ficción. Al salir, fuimos a la iglesia, quizás ahí es el lugar indicado, después de todo los hombres de Dios defiende a los pobres como hacían los profetas.
Al llegar, encontramos a muchas personas que estaban orando y haciendo ayunos. Mi amigo les comentó lo sucedido, al escucharlo un hombre nos dijo: Vamos a estar orando por tu situación, pero solo hicieron eso, mi amigo me dijo: está actitud parece tan santa, tan cerca de Dios, pero todavía sufro por esta injusticia.
Mi amigo se comenzó a desesperar, en mi ignorancia le dije que era mejor regresar, pero él insistía, y me decía, debe haber alguien que nos haga justicia. En vista de que nadie hacía caso, nos fuimos a la plaza pública del pueblo, todas las personas estaban distraídas y parecían interesadas en la organización de unas fiestas. Mi amigo en su desespero se paró en el centro y comenzó a gritar, necesito que me ayuden, en el día de ayer nos robaron, a los campesinos nos están robando, estamos endeudados y queremos que los que tienen el poder nos defiendan. En ese momento, salieron cuatro personas, una de la alcaldía, una de la policía, una de la iglesia y una de en medio de la población y le dijeron: “No levantes la voz campesino, recuerda que estás cerca de la Morada del Señor del Silencio”.
“En honor a todos los campesinos que sufren injusticias en este país, especialmente a los de la región de la Mojana”.

El espejismo llamado felicidad