¿Alguna vez has dicho o escuchado esta frase? ¿Realmente nos hacen daño o somos nosotros mismos quiénes lo hacemos al no hacernos cargo de nuestras heridas? Las heridas son esas experiencias dolorosas provocadas por el abandono afectivo o físico por parte de los padres, o la presencia de alguna eventualidad en cualquier momento de la vida que dio lugar al trauma, y con ello a secuelas emocionales que al no hacerse conscientes, no fueron procesadas y el individuo crece con carencias que tiende a querer llenar con todo menos con la ayuda profesional para hacerse cargo de sí mismo.
Paradójicamente es más sencillo culpar a los demás acerca de la vicisitudes de la vida que elegir la responsabilidad de aquello que ” si puedo controlar”, es más fácil relegar la necesidad de tomar decisiones radicales o en su defecto iniciar por lo sencillo, como por ejemplo perdonarse a sí mismo(a), brindarse todo ese amor que se ha buscado fuera y lidiar con la más amarga de las horas cómo lo diría Neruda al referirse al encuentro de uno mismo. Es más fácil llevar una alimentación desordenada o tener un estilo de vida sedentario a realizar la dieta correspondiente, o ser disciplinado en una rutina de ejercicio físico, lo curioso es que lo fácil no lleva en sí ese coraje de hacer frente a la vulnerabilidad, de darse cuenta que hay días grises pero que a menudo son necesarios para avanzar, y que avanzar también significa parar y observar el cielo inmenso que a diario se abre cual cortinas a decirnos ” inténtalo una vez más”.
Mi deseo para ti este nuevo mes que inicia es que tengas la fuerza de elegir el camino difícil, que trabajes en tu mente así como trabajas en tu cuerpo para lucir bien, y que recuerdes que lo que el otro haga no te afecta sino que es tu percepción y tu herida la que te hace daño. Hazte cargo de tu herida, evoca donde se produjo y elige sanar, abraza a tu niño interior con muchas fuerzas y ayúdalo a traer calma a su corazón, escribe una nueva historia y se coherente con el diálogo interno que a diario te hablas, tu mente cree tanto en ti, que cada pensamiento se siente como un deseo, y el alma lo percibe tan real que traduce en el cuerpo paz o malestar, espero que escojas los pensamientos que te hagan bien.

Embarazo en la adolescencia un coctel de pobreza