Han sido 11 días difíciles para Colombia, los que iniciaron desde el pasado 28 de abril de 2021, fue un estallido de indignación, frustración y enojo que suscitó marchas y protestas en todo el país frente al proyecto del gobierno nacional en cabeza del presidente Iván Duque Márquez de realizar una reforma tributaria lesiva, un suceso que exhibió a un poder presidencial que no se compadece de la delicada y difícil situación económica, social y de salud que venimos enfrentando las familias colombianas por los embates de la pandemia del COVID-19, pero no solo por ello, sino además por otros problemas que nos aquejan como el crecimiento de la pobreza, la corrupción, el desempleo, el lento avance del plan de vacunación nacional, así como el derroche de los recursos público que ya comienza a pasar sus facturas, han generado un espinoso panorama.
En este momento, Colombia según lo señala la ONU es el tercer estado más desigual del mundo, solamente superado por Haití (Centro América) y Angola (África) y el más desigual de América Latina, según el Índice de Desarrollo Regional. En lo concerniente a la pobreza de acuerdo con cifras del DANE, 21 millones de personas están en condición de pobreza monetaria, es decir, el 42,5% de los ciudadanos. Por su parte, en materia alimentaria en la actualidad el 68.1 % de los hogares colombiano come tres veces al día, el 29.2 % come dos veces al día y el 2.6 % una sola vez, es decir, que 10.9 millones de personas tienen un consumo insuficiente de alimentos, lo que en términos coloquiales se describe como pasar hambre.
Sobre el último asunto mencionado, en el caso de Sincelejo, el DANE reveló que es la ciudad que ha recibido el mayor impacto en la seguridad alimentaria, puesto que antes del inicio de la cuarentena el 92,4% de los hogares comía tres comidas al día, mientras que en los últimos 7 días de febrero pasado solo el 45,1% pudo continuar alimentándose así, una brecha de casi 47 puntos porcentuales que, se relaciona con el deterioro de la capacidad de ingresos de los hogares, especialmente cuando la cabeza de familia son mujeres.
Todo lo anterior, muestra que en nuestra nación la protesta además de ser un derecho constitucional (Artículo 37 C.N.) es oportuna, debido a que es insostenible la situación del país y urgen cambios profundos que puedan enderezar el camino de esta patria dirigida por personas que han olvidado quienes las eligieron y para que fueron escogidas.
A este tenor, la protesta ha suscitado choques entre civiles y fuerza pública, que lamentablemente a su paso han generado la muerte de muchos compatriotas de lado y lado, han existido episodios repetitivos de abuso de la fuerza y violencia indiscriminada por parte del Estado, así como el aprovechamiento de algunos delincuentes para efectuar hurtos, saqueos y desmanes en muchas zonas y a empresas a lo largo del territorio nacional, haciendo que muchos de ellos vean desaparecer el esfuerzo de tantos años de dedicación y trabajo.
Finalmente, lo único que podemos concluir en medio de todo este cataclismo nacional, es que no podemos seguir por este mismo camino, que es necesario un diálogo nacional que pueda llevarnos a establecer soluciones reales y planes aterrizados para combatir la multiplicidad de problemas que hoy embargan a nuestra nación y que de no tratarse llevaran a nuestra amada patria a vivir en este ciclo de violencia sin fin que venimos sufriendo desde hace décadas. En la actual crisis no hay ganadores ni perdedores, pues todos hemos perdido.

Oremos, oremos, ¿otro día protestaremos?