Capítulo 4. Somos un pueblo llamado Majagual: nuestros valores importan más que la plata.
Dadas las circunstancias que enfrentamos como ciudadanos al momentos de encarar las elecciones de nuestra región, y pensando en el candidato a elegir, en el capítulo anterior se dijo que el criterio principal y que debe ser incuestionable es que no sea corrupto, sin embargo, en este capítulo se busca anexar la falsa y casi ingenua idea de que tener plata es garantía de que el candidato es el correcto y hará las cosas bien o que es el mesías que va a salvar el pueblo.
En ocasiones, especialmente en nuestra región, se suele creer que lo que hace apto a una persona para un cargo son las cifras que maneja en su cuenta, esto se debe a que esta es una cultura que ha hecho del dinero el bien más importante que define el valor de las personas. Ahora bien, es cierto que el hombre es creado para trabajar, para la labor productiva, sin embargo, cuando el valor de la persona se define por el dinero que tiene, se presenta una translocación de principios que definen a las personas no por sus derechos y dignidad sino por el dinero que poseen o no. Esto no es ni debe ser así, a estas alturas debería saber que hay ricos que son demasiado pobres para dirigir el rumbo de un pueblo y personas con bajos recursos económicos que son lo suficientemente ricos en su vocación de servicio, conocimiento, valores y formación integral que hace de ellos una mejor opción; especialmente en un país donde hay tanta desigualdad laboral y adquisición de riquezas de manera ilegal. Ahora, esto también puede ser a viceversa, es decir, el pobre puede ver la política como un medio para enriquecerse, esto ya ha pasado, de hecho, en Majagual hay varios casos. Por eso, no quiero ser mal interpretado, y es necesario dejar claro que con esto no quiero decir que las personas adineradas deben ser descalificadas, ni tampoco que una persona que no cuenta con recursos es una garantía de que es la persona indicada, eso sería absurdo, lo que quiero decir es que usted como votante no debe ver el dinero del candidato como su mayor argumento para considerarlo aprobado y decidir elegirlo, ni tampoco para descalificarlo, esto es irresponsable, no debe ver los carros y las pompas como un valor supremo, igual que tampoco debe ver la falta de recursos en la vida de ciertos candidatos como un impedimento pero tampoco como la razón para elegirlo.
Lo que trato de decir es que en una cultura que he hecho del dinero el valor supremo, el más grande ideal de aprobación que debemos tener es priorizar las ideas, los valores, la vocación de servir a la comunidad y buscar su bienestar, al mismo tiempo la integridad, como asuntos esenciales al momento de pensar en un candidato. En palabras concretas, los puntos más altos de una persona que incursiona en la política no son su pobreza ni su riqueza, esos son asuntos poco relevantes, lo importante, como dije antes, son sus ideas, es decir, que esté preparado para el cargo, que haya demostrado ser una persona íntegra, y que en su vocación ponga en el centro de sus proyectos la dignidad y derechos del ser humano. Estos elementos pueden estar en alguien con recursos económicos o en alguien rico. Eso es lo que hace del ser humano un ser digno, el valor que tiene ante la sociedad, no por sus bienes y triunfos sino porque el hecho de ser en esencia un “ser humano.”
Sin embargo, es lamentable como en Majagual, la balanza está inclinada hacia los que tienen dinero y se descalifica a personas con ideas, vocación, integridad, preparación y ganas de servir, que pudieron fácilmente tomar las riendas del pueblo y buscar una sociedad con mayor igualdad, todo por el simple hecho de que no tenían dinero para impresionar al pueblo. Además, hay muchos que dicen que sin plata no se puede ser político, este tipo de frases solo muestra el nivel de mediocridad y corrupción a la que hemos llegado. Lo más triste es que los incautos de estas ideas son los barrios más vulnerables, San Vicente, La Esmeral, Guayabalito, Puerto Puya y las veredas.
Las personas adineradas, suelen ver a estos barrios como un negocio rentable, donde con el fin de sacar beneficio de la necesidad de la gente, los utilizan y proponen saciar su hambre por un momento con unos cien mil pesos a costa de que pasen hambre y necesidad durante cuatro años. Lo más interesante es que durante esos cuatro años de su gobierno, estos candidatos construyen más mansiones, compran fincas a costa de los negocios de la política. En contraste, durante ese periodo, estos barrios siguen en la misma extrema miseria.
El que tiene quiere tener más, por eso, más que alguien con plata o sin plata, vuelvo a repetir, se debe pensar en un candidato que sea íntegro, que ame la igualdad, el servicio y ponga al pueblo por encima de sus intereses. En Majagual, todos los años los candidatos entran a los mismos barrios con la misma estrategia ante los ojos de las mismas personas y los siguen aprobando de la misma manera y me cuesta creer que sigamos creyendo que nada está pasando. Eso sí, ellos harán una que otra obra social, como pavimentar una calle, dar dulces a los niños, todo con la intención de dar apariencia de que les interesa el pueblo y para que le gente siga sometida, es la ley del embudo, «lo ancho para ellos y lo angosto para el pueblo».
Cuándo será el día que, como pueblo, entendamos que tenemos que unirnos por una causa, y que tenemos el deber y el derecho a elegir de manera correcta, teniendo en cuenta filtros de evaluación personal que definan qué candidato debe ser elegido. Cuándo será el día que veamos a la corrupción como lo que es, el mayor mal de todos. Y cuándo será que veremos como el criterio más alto a los valores, las ideas, la integridad y el trabajo incasables por las comunidades e igualdad de todos. Cuando será ese día que dejaremos de vender al alma al diablo por unos pesos, o que dejaremos esa triste actitud de darle valor y aceptación a las demás personas por lo que tienen y no por lo que son, seres humanos, con una inmensa dignidad.

Caldo de cultivo.