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El lenguaje de la violencia.

La capacidad para comunicarnos como seres humanos es una de las grandes maravillas con las que podemos contar. Definitivamente es un don...

Foto del avatar Escrito por Leonardo Oviedo Revollo · 3 min read >

La capacidad para comunicarnos como seres humanos es una de las grandes maravillas con las que podemos contar. Definitivamente es un don recibido, que nos permite expresarnos y ser entendidos, así como identificarnos con otros y sentirnos parte de una comunidad mediante el habla, la escritura, el braille u otro medio articulado como las señas. Ahora bien, la forma en la que podemos relacionarnos o el código que usamos para entender a otros y ser entendidos se denomina lenguaje, el cual es definido por la RAE como: “«Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos». «También como manera de expresarse».”

De igual forma, el lenguaje es rico porque existe una variedad de formas con las cuales podemos expresarnos y ello es significativo porque permite la exteriorización de nuestros sentimientos a los que nos rodean, ya sea que hablemos del amor o del odio es el lenguaje el que permite que sepamos identificar lo que sentimos. Cuando amamos abrazamos y cuando odiamos rechazamos, estos actos y símbolos son los que nos ayudar a reconocer nuestra realidad y a vivir en sociedad.

A la par, esta facultad tiene sus matices, puesto que se puede usar de forma culta, grosera, sencilla, técnica, forense, vulgar etc. Pero existe una forma peligrosa en la cual puede ser empleada esta vital herramienta comunicativa, esto es, a través de la violencia.

En este orden, cuando nos referimos a la violencia, es necesario acudir a su definición según la RAE, que detalla la violencia como: “«cualidad de violento», «acción y efecto de violentar o violentarse», «acción violenta o contra el natural modo de proceder» y hasta como «acción de violar a una persona»”. Justamente, para enriquecer nuestro entendimiento sobre el término echaremos mano del diccionario sociológico Octavio Uña Juárez y Alfredo Hernández Sánchez que indica: “conducta límite que se emplea para imponer, por medio de la fuerza física o la intimidación, los objetivos marcados por un individuo o una colectividad con respecto a alguna cuestión”, Adicionalmente, se añade: “esa conducta extrema se materializa por medio de la agresión en último término, si bien puede haber una violencia latente previa que está basada en la amenaza de la utilización de esa violencia física en caso del no cumplimiento de aquellas exigencias que el ostentador de estos mecanismos dictamina”

Así las cosas, el lenguaje como bella herramienta de entendimiento reciproco humano, tiene su lado oscuro, cuando se emplea violentamente, y es que las palabras pueden ser usadas como una forma de agresión que tiene la facultad de dejar huellas y repercusiones en la mente y corazón de tanto el que las pronuncia como el que las recibe, aun con marcas que tardan años en sanar. Al respecto, el sabio Salomón describe esa experiencia en la Biblia en el libro de Proverbios 12.18 así: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.”

Hay que precisar, que rara vez en nuestros días meditamos sobre el lenguaje violento, ya que este uso del lenguaje es oculto, a través de formas verbales como el sarcasmo, las cuales han sido legitimadas socialmente y aprobadas, puesto que no son tan visibles o notorias como la violencia física. Sin embargo, lo cierto es que el lenguaje violento equivale a golpes en el alma y por ello deberíamos cuidar nuestras expresiones, si queremos aprender a vivir en paz.

Entre los efectos que esta forma abusiva del lenguaje produce, encontramos el daño a la otra persona víctima del gesto, entonación, seña o manifestación y el consecuente deterioro de las relaciones humanas con ella. Esos golpes al alma, rompen familias, separan noviazgos, matrimonios, amistades y producen efectos nocivos en las emociones de quien los sufre. Esto se agrava en demasía cuando las agresiones verbales son mutuas, pues lo más seguro es que habrá un punto en que será imposible para los afectados estar en presencia el uno del otro. En definitiva, traspasar la barrera del respeto y la consideración que merece el otro, afecta y deja cicatrices.

Otra aplicación que se ha normalizado de esta forma de violencia, se presenta en el contexto de las redes sociales, donde se promueve odios, se denigra de las personas y se les humilla públicamente sin ningún tipo de consideración y misericordia. Si fuésemos capaces de medir el impacto y el odio que se vierte en ellas, encontraríamos la explicación a las profundas divisiones que nos aquejan como país y probablemente a la existencia de tantos hechos graves que lamentamos todos los días.

Precisamente, son estas expresiones violentas, las que legitiman en redes sociales asesinatos, masacres, genocidios, violaciones y xenofobias. Sin embargo, socialmente nada de ello se cuestiona en la moralidad y ética personal y social, porque se ha validado ese espacio para dicho uso, lo que no hemos percibido es que por consentir interiormente y socialmente dichos actos verbales o simbólicos, seguimos alimentando el monstruo de la guerra que ha condenado a Colombia cerca de 60 años de guerra interna.

Finalmente, mi llamado con este escrito es a que meditemos en nuestras palabras, ellas pueden ser instrumentos para herir o para sanar, en un país aquejado por la violencia y sus múltiples expresiones, necesitamos agentes de paz que por conducto del lenguaje aporten respeto, consideración y bondad, que traten de sanar a los que ya han sido ofendidos y que trasmitan esperanza y fe. El cambio comienza desde el interior y la paz se logrará de adentro hacia afuera.

Escrito por Leonardo Oviedo Revollo
Abogado, Especialista en derecho administrativo, con estudios de Maestría en Derecho de Estado con énfasis en Derecho Administrativo. Profile

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