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Los sistemas de corrupción en Colombia

Capítulo 5. Somos un pueblo llamado Majagual: un pueblo no debe dejar de soñar. Qué tal si igual que los creadores de...

Capítulo 5. Somos un pueblo llamado Majagual: un pueblo no debe dejar de soñar.

Qué tal si igual que los creadores de fábulas soñamos por un rato y protestamos contra las insuficiencias de la vida, qué tal si hacemos nuestro el derecho de emprender la creación de una realidad diferente, esa nueva y arrasadora utopía donde, de veras, es cierto el amor y la felicidad es posible. Qué tal si hacemos nuestro el derecho de buscar en las ficciones lo que no tenemos y quisiéramos tener en esta vida, qué tal si por medio de este acto de rebeldía declaramos que la vida en esta región, tal y como es, no nos basta y que debería ser mejor. Qué tal si por medio de este acto de soñar nos hacemos más conscientes de la importancia de nuestra libertad para que la vida sea más vivible y donde esta nación, condenadas por el odio y la violencia, tienen por fin y para siempre un nuevo inicio.

Haciendo mío este derecho, heredado de los maestros literarios, es este escrito, me atrevo a soñar. Por eso, tengo que decir que sueño con un mundo donde por fin haya paz, donde todos podamos vivir tranquilos y la violencia no sea el pan de cada día, donde los niños de nuestros pueblos no crezcan bajo su terrible influencia, hasta el punto que llegan a creer que la única solución para los males y diferencias que nos aquejan es responder con más violencia, de hecho, muchos llegan a creer que entrar a los grupos armados es sinónimo de orgullo y progreso. Sueño con que la paz sea celebrada y recibida, no burlada y desmeritada por aquellas personas que quieren seguir cautivas en el odio y la falta de perdón. En este mundo, serán borradas las cifras de desplazamiento porque no habrán desplazados, los inmigrantes dejarán de caminar sin albedrío y encontrarán un lugar donde por fin puedan vivir tranquilos y tener los platos de comida necesarios para su salud y bienestar.

Sueño con un país donde los jóvenes tienen toda una variedad de posibilidades y fácil acceso a la educación y ayuda económica para salir adelante, los jóvenes no se enfrentarán a esa fría soledad que produce salir del colegio y sentir que sus sueños deben ser cambiados, aplazados y, en ocasiones, orientados hacia los grupos armados y el dinero ilícito. Sueño con un mundo donde no haya tanta indiferencia, donde por fin seamos conscientes que los problemas de los demás también son asunto nuestro, pero no para hacerlo un chiste, o un chisme o la noticia de entretenimiento, sino para contribuir con la compañía, el apoyo y lo que sea necesario para que las cosas mejoren.

Sueño con un mundo que no se le eche la culpa a Dios de todos los males que nos aquejan, sino que seamos conscientes que todo lo que está pasando es nuestra responsabilidad, son nuestras acciones irresponsables las que han causado tantos males, y Dios lo único que ha hecho es mostrar su amor y misericordia por medio de personas que nos cuidan y nos invitan a corregir nuestras acciones.

Sueño con un mundo donde por fin entendamos lo que significa que somos seres en relación, es decir, personas que disfrutan la compañía calurosa de una conversación con un amigo, seres en relación que disfrutan con emoción y sorpresa un atardecer junto con la experiencia significativa de hablar con la naturaleza. Una humanidad que entiende que relacionarnos también tiene que ver con momentos donde es necesario estar solos para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Además, en este mundo, las relaciones no solo se reducen al área sentimental y matrimonial, van mucho más allá.

Sueño con un mundo donde consumir sin control no es su prioridad, con un mundo que vive feliz y en paz, con lo necesario; que se alegra en lo modesto, en este mundo la gente es consciente que el consumismo sin freno lo único que hace es exigirle al mercado que satisfaga nuestras demandas, aunque eso implique acabar con todos los recursos que tenemos en el planeta. Sueño con un mundo donde las marcas y el dinero no definan la importancia de la gente, donde todos seamos iguales, y tratemos siempre al otro con amor y respeto sin importar su condición social. Sueño con un mundo donde el dinero no es el mayor bien de las personas, de hecho, el dinero no será más esa divinidad absoluta a la que completamente le hemos entregado el alma, hasta el punto que solemos ver a nuestros semejantes como simples instrumentos necesarios que se pueden usar y luego tirar, solo para cumplir nuestros descabellados propósitos económicos.

Sueño con un mundo, donde los campesinos son prioridad en todas las agendas, su labor es celebrada con verdadera honestidad y no con la mediocre actitud de aquellos que dicen reconocer su importancia pero los olvidan en todas sus políticas. En este mundo, los campesinos no son extorsionados por el “cartel del arroz” engendrado por las arroceras inescrupulosas que ven en el campo un negocio millonario en el que deben exprimir al campesino hasta dejarlo en la miseria. En este mundo, habrá justicia, se crearán sistemas económicos que pagaran el arroz a buen precio, los campesinos por fin, tendrán ganancias y podrán descansar de tantas deudas y formas de opresión.

Sueño con un mundo donde la salud no es un negocio sino un derecho de todos los ciudadanos, la gente vivirá con la seguridad de ir al médico sin el temor de sentir que lo llevan a las manos de sus victimarios, en este mundo habrá gente calificada, hospitales de primera clase no por palabras sino por hechos. En este mundo no habrá preferencias, todos serán tratados con el mismo valor e igualdad, no habrá gente en la calle pidiendo dinero para sus fórmulas, no se tendrán que hacer actividades de colaboración para llevar a alguien al médico o comprar sus medicinas, en este mundo, todos tendrán la facilidad de acceder al sistema y tener sus medicinas sin reparos y condiciones, serán tratados con respeto, pero sobre todo con amor y dignidad.

Sueño con un mundo, donde la naturaleza sea de los bienes más preciados que tenemos y por eso la cuidamos, valoramos y disfrutemos de ella. En este mundo no habrá cifras de contaminación ambiental, se acabará la caza indiscriminada de animales, los animales ya no sufrirán cada diciembre por el uso irresponsable de la pólvora. Aquí, en este hermoso paraíso, las calles estarán limpias, no habrá pilas de basuras, el plástico ya no llenará los mares, las iglesias predicarán más sobre el amor a la naturaleza y no creerán más esa mentira de ver a Dios como un despiadado destructor de mundos y no como un constructor que da vida y hace nueva todas las cosas y nos pide ser agentes de bien y sanidad. En este mundo, se acabará la corrupción, los políticos no creerán que a los ciudadanos nos encanta que nos roben y por eso se enriquecen a costilla del pueblo.

En este mundo, los políticos no creerán que su mayor logro como administradores del poder es obtener riquezas, sino que sabrán que lo mejor de su labor es el servicio y un pueblo que alaba su integridad y amor por la dignidad de la gente. En este pueblo, se celebrará el cambio, y será recordado, en los libros, en las crónicas, en las canciones, como aquel momento esplendoroso donde un pueblo se cansó de la corrupción, de la injustica, de la desigualdad y se unió por una causa, se unió en unos valores, se unió a soñar en nuevos proyectos, en nuevas ideas y logró por fin y para siempre poner las bases para construir un mundo mejor, donde de verás es cierto la igual y ya no hay más corrupción.

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