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¿Hacia dónde va Colombia?

Saludos queridos lectores, en esta oportunidad quiero invitarles a que me acompañen a analizar y considerar el futuro de nuestro país y...

Foto del avatar Escrito por Leonardo Oviedo Revollo · 3 min read >

Saludos queridos lectores, en esta oportunidad quiero invitarles a que me acompañen a analizar y considerar el futuro de nuestro país y sobre todo, como creemos que podría ser.

Colombia es un Estado Social de Derecho, eso es lo que reza el artículo primero de nuestra Constitución Política de 1991. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la expresión «social», fue una gran novedad respecto a la anterior Constitución de 1886. Toda vez, que la anterior rezaba que éramos un Estado de Derecho. Dicho cambio, imprimió en la nueva constitución un espíritu de servicio a los ciudadanos para trabajar activamente en la construcción de una prosperidad general. A saber, el artículo 1º constitucional dispone:

ARTICULO 1o. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.

Desde aquel momento, han pasado 30 años, pero no se han visto avances significativos en la reducción de la pobreza, la desigualdad y la eliminación de la corrupción. Es más, estos últimos años se han profundizado esas brechas entre los que viven en la riqueza y los que viven en la pobreza, a tal punto de encontrarnos viviendo en el tercer país más desigual del mundo, solamente superado por Haití (Centro América) y Angola (África), siendo el más desigual de América Latina. En materia de corrupción ocupamos el puesto 90 entre 176 países, de acuerdo con el listado divulgado por Transparencia Internacional del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), otra información pertinente es que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) nos ubicó en el puesto 83 de 189 naciones en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), este indicador mide el nivel de salud, educación y el nivel de vida de los países e incorpora además las emisiones de dióxido de carbono y la huella material de los Estados, muestra en cómo se proyecta el territorio nacional en materia de bienestar a los ciudadanos, así como la integridad del planeta. Sobre este último índice, vale la pena destacar que Chile está ubicada en el puesto 43 de dicho ranking.

Todo lo anterior, nos lleva a una conclusión; hemos fallado como colombianos en construir bienestar y prosperidad general y no solo ello es responsabilidad de los líderes políticos que han gobernado nuestra patria en estos últimos 30 años, pues estos fueron elegidos por nosotros. Y es que para construir un nuevo Estado, es necesario que todos hagamos mea culpa, asumamos nuestras responsabilidades en el mal camino que hemos trasegado. En esto han fallado nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros. Fuimos engañados por promesas de transformación que nunca llegaron. Esto fue posible porque no sabíamos que tipo de república queríamos ser, nuestros ojos estuvieron nublados por una guerra interna de cerca de 60 años que nos impidió saber el norte o meta a la cual debíamos aspirar como proyecto de nación. Por lo tanto, es necesario un nuevo contrato social con aspiraciones renovadas y nuevas metas como colombianos.

Resulta imperativo entonces, determinar una hoja de ruta de lo que queremos como país, a efectos de que luego podamos exigir a cualquier líder político que designemos democráticamente que respete el modelo que como nación hemos establecido. El gran problema en nuestra patria ha sido que hemos dejado la labor de pensar en el futuro al político de turno y no nos hemos hecho cargo de nuestro propio futuro y el de nuestros hijos. Por eso el cambio inicia con nosotros y nuestro compromiso con lo público que es de todos y para todos.

Con respecto a lo antes mencionado, sugiero que el modelo al que deberíamos aspirar es el Estado de Bienestar, el cual ha llevado a Europa en una senda de desarrollo sostenible y crecimiento económico postguerra. Entre estos modelos en especial me inclino por el nórdico de Dinamarca, Noruega, Islandia, Finlandia, Suecia y Países Bajos, el cual se enfoca en:

i) Niveles alto de protección social a partir de la condición de ciudadano de las personas, ii) Inversión alta en políticas en la reinserción rápida en el mercado de trabajo de los desempleados y  iii) Una elevada cuña fiscal, tributación que se obtiene de la diferencia que existe entre el precio pagado por el bien y el dinero que recibe el productor.

Sobre este modelo, vale la pena destacar las palabras expresadas por el filósofo y profesor Karl Popper:

“En ningún otro momento, y en ninguna parte, han sido los hombres más respetados, como hombres, que en nuestra sociedad. Nunca antes los Derechos Humanos y la dignidad humana han sido tan respetados y nunca antes ha habido tantos dispuestos a hacer sacrificios por otros, especialmente por aquellos menos afortunados que ellos.”

Según los estudios realizados a este modelo, contribuye eficazmente a la eliminación de la pobreza, el desempleo y formas similares de inseguridad social, falta de oportunidades educativas, la guerra, la discriminación y diferencias de clase, entro otras.

Así las cosas, es necesario decir que un buen modelo no es suficiente por si solo, pues hay que recordar que “los países desarrollados lo son porque las personas que lo conforman son desarrolladas” (JOR), debemos comenzar por volvernos a la moral, la ética y la educación, considerarnos hermanos y desarmar nuestros espíritus, ello es un buen punto de partida para construir un nuevo país con mejores ciudadanos.

Escrito por Leonardo Oviedo Revollo
Abogado, Especialista en derecho administrativo, con estudios de Maestría en Derecho de Estado con énfasis en Derecho Administrativo. Profile

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