Arthur Schopenhauer uno de los filósofos más importantes del Siglo XIX, señaló como frase célebre: «Quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona». En ello estamos de acuerdo. Precisamente, el maltrato animal viene siendo uno de los temas en los que la presente generación ha invertido esfuerzo en frenar y eliminar.
Dentro de los avances en Colombia, tenemos la Ley 1774 de 2016, que establece que los actos dañinos y de crueldad contra los animales que no causen la muerte o lesiones que afecten de manera grave su salud o integridad física serán sancionados con multas de 5 a 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Por otra parte, en caso de que se cometan delitos contra la vida e integridad física y emocional de los animales, sean de compañía, silvestres, vertebrados o exóticos, entre otros, y que se les cause la muerte o lesiones de salud graves, la pena será de prisión entre 12 a 36 meses e inhabilidad especial de 1 a 3 años para poder ejercer la profesión, oficio, comercio o tenencia que tenga relación con los animales y multas de 5 a 60 SMMLV.
En definitiva, el progreso en la protección animal ha sido asombroso y positivo para construir una sociedad pacifica, incluyendo a todos los seres vivos. Ello ha dado lugar a un mayor aprecio por las mascotas quienes son consideradas un miembro más de las familias y quienes tienen una influencia positiva en muchos aspectos, incluyendo para la salud mental. Esencialmente la disposición legal antes mencionada manifiesta como una declaración: «Los animales son seres que sienten, no son cosas y recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos».
Ahora bien, habiendo considerado el panorama del maltrato a los animales y las medidas de protección establecidas para ellos, quisiera ahondar en el maltrato entre los seres humanos, el maltrato es definido por la RAE como: «Tratar con crueldad, dureza y desconsideración a una persona o a un animal, o no darle los cuidados que necesita». La gran pregunta para hacernos es: ¿Qué tan común son los actos de maltrato a nuestro alrededor?, sobre todo porque existe un cuerpo normativo extenso elaborado para la protección y respeto por la vida y la integridad humana, pero no es notorio suficientemente el progreso en ello, pues al mirar el contexto nacional actual de enfrentamientos violentos, deberíamos preocuparnos, dado que con mucha facilidad somos capaces de ejercer actos de suma crueldad, dureza y de forma desconsiderada a los demás. Ese otro con el cual vivimos en sociedad, no es un extraño es un ser humano que siente, sufre y experimenta dolor.
Tenemos un mes en Colombia de haber visto el inicio de un estallido social, este se originó por el clamor de un pueblo con hambre y desprovisto de una esperanza para los jóvenes, quienes viven en un sistema que brinda con mucha dificultad la oportunidad de perseguir el bienestar y que estipula que la única manera de tener una educación digna es a través de empeñar su futuro al ICETEX. No obstante, toda esta protesta ha ido escalando en violencia y maltrato policial y militar, civiles empleando armas, manifestantes incendiando y vandalizando oficinas de entidades públicas. Mientras la clase política oportunista busca la manera de capitalizar electoralmente todo esto.
En efecto, tratándose de otros asuntos como la vulneración de derechos a los menores de edad, la Fiscalía General de la Nación ha señalado que más de más de mil menores han sido víctimas de delitos sexuales en 2021 en Colombia. Así mismo, sobre la violencia a las mujeres en lo corrido de 2021 han aumentado 8,8 % los feminicidios y respecto al maltratado a adultos mayores la Encuesta Nacional de Salud Bienestar y Envejecimiento (SABE Colombia), se estableció que el 12,9% de las personas mayores habrían sufrido algún tipo de maltrato, siendo maltrato psicológico el de mayor recurrencia (12,3%), seguido por el maltrato físico (3,4%), el financiero (1,5%) y el sexual (0,3%).
Con todo esto, debemos abrir los ojos y darnos cuenta que en Colombia no hemos advertido la crisis moral y ética que estamos viviendo, la cual se ve reflejada en las cifras de maltrato que padecemos, esto exhibe tristemente una falta de sensibilidad social y la carencia de un espíritu pacífico con el prójimo. Debemos aprender como colombianos de las difíciles décadas que hemos pasado y no repetir los errores del ayer que no han permitido disfrutar de una verdadera paz.
Mi llamado a la dirigencia del país y todo aquellos que con violencia se han levantado para luchar contra ellos en el contexto del paro nacional, es a la reflexión y sensatez, a tratar las diferencias sin maltratos y ultrajes, no podemos vivir en este Estado de guerra social permanente que está amenazando la seguridad alimentaria del país y el sustento de millones de familias, por ende, haciendo más pobres a los que más sufren. Igualmente, hago un llamado a la oración y generosidad cristiana como dice la Biblia en la carta a los hebreos 13.3b «Acuérdense también de los que son maltratados, como si ustedes mismos sintieran en carne propia el dolor de ellos.»
Finalmente, la realidad y la experiencia nos revelan que el maltrato no es la forma de tratar las diferencias con el semejante, ni es el camino para encontrar la paz, como lo expresó la religiosa Teresa de Calcuta: «No necesitamos pistolas y bombas para traer la paz, necesitamos amor y compasión.»

La violencia que si aplaudo.