la ley del embudo lo ancho pa’ ellos y lo angosto pa’ uno.
La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en septiembre de 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia. Los Estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron una resolución en la que reconocen que el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza y afirman que sin lograrla no puede haber desarrollo sostenible.
El objetivo número 16 es: paz, justicia e instituciones sólidas y consiste en promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.
En otras palabras el compromiso de Colombia como institución perteneciente a la ONU, es que se busque la paz, la estabilidad, manteniendo una sana gobernabilidad basada en el estado de derecho, sin esto no es posible alcanzar el desarrollo sostenible que promueve la ONU
La misma cartilla de la ONU en su objetivo de desarrollo numero 16 sostiene que los altos niveles de violencia armada e inseguridad tienen consecuencias destructivas para el desarrollo de un país, afectan el crecimiento económico y resultan a menudo en agravios arraigados que pueden extenderse por generaciones. La violencia sexual, los delitos, la explotación y la tortura también son fenómenos generalizados donde existen conflictos o no hay estado de derecho y los países deben tomar medidas para proteger a los sectores que corren más riesgos.
En Colombia parece que la declaración de la ONU en cuanto a los objetivos de desarrollo, caminaran por un lado y la dirigencia del país anduvieran por otro y no lo digo por un simple capricho de un ciudadano más como esos miles, que en Twitter expresan sus dudas ante el atentado con carro bomba ocurrido en la base militar de Cúcuta, del mismo modo tienen recelos del ataque armado que sufrió el helicóptero del presidente Iván Duque el viernes 25 de junio. Repudiando toda violencia sin importar cual fuese el actor armado hay una sensación de descredito o un naciente cuestionamiento de si estos hechos no sean más que auto atentado. Usted se preguntara en país civilizado como el nuestro, ¿Cómo se puede llegar a pensar eso? La respuesta es que lamentablemente se piensa y no es una herejía hacerlo.
Después de la autoentrevista, del Presidente Duque donde buscaba negar la crisis interna y la falta de gobernabilidad vivida durante el paro se puede empezar a dudar de todo. Pues este suceso parece un evento tonto e inofensivo; pero si uno encadena hechos como que el Defensor del Pueblo; Carlos Camargo, estaba en Girardot durante las primeras jornadas del paro y que ante los micrófonos de la W radio simplemente omitió o se negó a decir en qué lugar estaba.
Otro evento que salta a la vista es que trascurridos siete meses del paso del huracán ‘Iota’ Por la isla de Providencia de las 1.134 casas dañadas solo hay dos casas reconstruidas y como frutilla del postre está el proyecto de matrícula cero anunciado por el Presidente tal vez para calmar los ánimos en las marchas, pero la demora era que llegara al senado para que su bancada hundiera el aclamado y vitoreado proyecto.
A veces uno no quisiera dejar de creer en las instituciones democráticas que dicen representarlo. Menos en un presidente, congreso, ministros que dicen estar al servicio del pueblo pero las acciones y hechos a favor de ellos y en contra de nosotros nos está superando y pasando por arriba. Lo lógico y lo correcto es repudiar todo tipo de situación que atente contra la vida de nuestros soldados, policías y líderes políticos; sin embargo que al menos el 5% coloque en duda la fiabilidad, la veracidad de hechos tan graves, como un atentado en un batallón o hacia la integridad del presidente. Son un indicativo qué realmente las cosas se deben estar haciendo muy mal para que se siembre este nivel de desconfianza.
A todo lo anteriormente dicho lo respalda el Edelman Trust Barometer, un estudio mundial, en su edición 2021, consultó a 1.350 personas sobre los niveles de confianza hacia el Gobierno, las empresas, las ONG’s y los medios de comunicación. (los resultados se publicaron antes de iniciarse el paro)
Este estudio indica que Colombia ocupa el cuarto lugar como una de las naciones con mayor desconfianza en el gobierno, 20 puntos por debajo del promedio global que se encuentra en 53%. La prevención hacia los medios de comunicación coloca al país en el quinto lugar, con 12 puntos por debajo de la media mundial que es de 51%.
La mayor alerta de los consultados es con los funcionarios públicos (24%), los periodistas y líderes religiosos (35%) y los CEO de compañías diferentes a la propia (41%). Sostienen que los líderes son sospechosos de mentir y desinformar “El 72% de los colombianos cree que los líderes gubernamentales y el 66% que los líderes empresariales están tratando de engañar a la gente a propósito, diciendo cosas que saben que son falsas o grandes exageraciones.”
Más de la mitad de los encuestados considera que los noticieros están sesgados. El 73% coincide en que los periodistas y reporteros intentan engañar a la gente a propósito diciendo cosas que saben son falsas o grandes exageraciones. El 72% afirma que la mayoría de los espacios de información se preocupan más por apoyar una ideología o posición política que por informar a su público. Por último, un 76% asegura que los medios de comunicación son parcializados y están al servicio del poder.
Viendo todo lo que ha pasado en estos meses, las decisiones que fueron el detonante para el paro, los hechos ocurridos durante las jornadas de protestas, y lo que aun acontece pero que no se viriliza de la misma manera, puedo recordar por allá en el 2014 una entrevista del científico Colombiano Rodolfo Llinás, quien se refirió al país como “Esa Cenicienta que quisiera ir al baile de los países desarrollados”.
Cuánta razón tiene y tenía en su momento el científico Llinás, pues hoy los objetivos de desarrollo sostenible encaminados en Colombia parecen ser la parte antagónica de lo que la ONU promueve pues allá se dice paz acá se hace violencia, allá se dice igualdad acá se hace indiferencia, allá se dice justicia acá se hace injusticia, en definitiva a este paso esa meta para 2030 de los objetivos de desarrollo sostenibles se cumplirán en todos lados menos en Colombia.

Lo efímero de la vida