Te pienso y me niego a creer que ya no estás, el eco de tus “te amo” retumban en las habitaciones vacías de mi corazón, donde solíamos estar, donde reaprendimos el significado del amor y la libertad.
Me falta el aire, pero sigo gritando a cuatro vientos este amor, que tú volverás, que solo has perdido el camino y que mis palabras te darán la luz para volverme a encontrar.
Me he convertido en un manojo de tristezas. La ansiedad y el nerviosismo se han convertido en rasgos de mi personalidad. Sigo gritando fuertemente que volverás, que no debo olvidarte, pero la realidad silenciosa no da su brazo a torcer.
He empezado a sucumbir, a comprender que por más que alce mi voz, mis palabras no podrán jamás derribar ese muro de concreto, mucho menos penetrar tus oídos que has ensordecido para mí.
Me he sentado a los pies de esa gran pared, recuesto mi espalda cansada sobre ella, tratando tontamente de encontrar un apoyo para mi alma que poco a poco deja de gritar y se sumerge en un silencio mucho más grande que tu ausencia.
Los dolores del hoy son las experiencias del mañana. No prometo amarte toda la vida, pero juro amarte hasta que deje de hacerlo. Y mientras mi alma silencie mis pensamientos, y el mutismo sea su única respuesta, no volveré a escribirte jamás, hasta que vuelva a encontrar la sonrisa que dejé caer en algún lugar de nuestro recorrido.
Adiós, mi amor; mi luna, mi sol, mi estrella, mi noche, mi día, mi eterno amanecer.
¡Te extrañaré!
Daniel EGM
IG: @Hdvgonz

Colombiano advertido no vota igual