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Al desnudo

En publicaciones anteriores había comentado que me agrada mucho más escribir desde mi experiencia, desde lo que puede ser percibido por mis...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 4 min read >

En publicaciones anteriores había comentado que me agrada mucho más escribir desde mi experiencia, desde lo que puede ser percibido por mis sentidos o lo que puedo explicar con mis palabras porque es algo que suele tocar mis fibras. Mi papá a menudo me dice que sea fiel a mis principios y eso es lo que intento hacer siempre que escribo; por esa razón, en esta ocasión mi pequeño aporte, no sólo está dictado desde la razón sino que mi corazón y como diría Gabo mis entrañas también se encuentran aquí, al descubierto.

El día de ayer, al entrar por primera vez a redes sociales me encontré con la lamentable noticia de una muchacha sucreña que decidió quitarse la vida. Las últimas palabras que Noriana puso en redes sociales decían lo siguiente: “Mi vida es un dilema”, “Siento que no me alcanzan las manos”; inmediatamente después de leer esas sencillas frases, en mi mente sólo pude mantener presente las siguientes palabras: ‘Noriana, hoy fuiste tú pero pude ser yo’. Me gustaría estar hablando en sentido figurado pero no cabe duda, que mis palabras se acercaron mucho más a la literalidad.

Escribir lo que estoy plasmando aquí, no es fácil y generalmente para las personas es un tabú y es algo realmente personal; sin embargo, al darme cuenta que unas simples palabras pueden cambiar mi día y rescatarme de mis pensamientos no dudé en ponerlo en algunas letras. Para resumir un poco el cuento, debo contarles que actualmente mi historia clínica se encuentra adornada de dos trastornos psiquiátricos que siguen siendo analizados y van siendo ajustados a medida que asisto con la psiquiatra y con mi psicóloga.

Esta historia de altas y bajas no es algo reciente, desde que recuerdo suelo quedarme sin respirar, hasta el punto de sentir como mi cuerpo se va desmayando. Mi mamá durante mi niñez se angustiaba tanto por mi, al punto de terminar en una visita a la clínica para recibir oxígeno, quizás gracias a su trauma con mi hermano asmático, la llevaba a pensar que esa era la única solución.

Con el tiempo, eso me seguía ocurriendo pero a altas horas de la noche y se dio cuenta que cantarme era mejor medicina que sentarse conmigo al lado de un tanque de oxígeno a esperar que lo que sea que tuviese se pasara. Hoy, gracias a profesionales sé que esos eran mis primeros indicios de una muy larga historia junto a la que creo que es mi mayor enemiga, la ansiedad.

Años más tarde, durante el primer año de universidad y cuando casi llegaba a la mayoría de edad, la depresión llegó para marcar terreno y se convirtió no sólo en una enemiga sino en algo de lo que sin duda alguna trato de correr lo más rápido que puedo. Con esta no tan amiga, los sueños encontraron una manera de convertirse en tormentos y es ahí, cuando no dudé en dejar de dormir para encontrar mayor tranquilidad. Ahora, los días no eran sólo grises, estaban llenos de pensamientos que no dejaban ni que la comida pasara por mi garganta.

Tardé un año entero en poder decirle a alguien que me sentía hundida, ahogada e incluso frustrada por no sentirme feliz. Mi madre demoró semanas sobando mi cabeza mientras tirada en el piso sólo podía llorar porque ahora incluso con ella a mi lado, no podía escapar de la tormenta que ya se había armado en mi cabeza. En los siete meses que lleva el este año he tenido a mi lado un equipo de profesionales, una que aparece para ajustar la medicación y otra que si está semana a semana tratando que pueda comunicarme y que sepa despejarme un poco de las cosas que más me atormentan.

Hoy le quiero decir a todas las personas que se toman el tiempo de leer las publicaciones, que sé lo que es sentirse perdido, angustiado, dolido, quebrantado, a mis 20 años y viviendo mucho menos y pasando menos dolor que muchas otras personas, me he cansado y he querido tomar una vía que es rápida, pero que es demasiado errada y dolorosa como es el suicidio. Cuando las personas mencionan o tienen ideas o marcan planes jamás lo hacen para llamar la atención, aunque no estaría de más que eso fuera justo lo que recibieran.

A las personas que no pueden entender totalmente los desórdenes y enfermedades mentales, los puedo entender y no los juzgo, pero si les pido que intenten ser empáticos y ahorrarse comentarios despectivos. Desde mi punto de pista, desde quizás mi limitada perspectiva imagino lo que siento como si luchara con alguien que es tu reflejo; ese alguien conoce todo lo que te duele, lo que más te lastima y lo que más puede hundirte y hacer que te pierdas dentro de ti, ese alguien es tu mayor enemigo y ese alguien es uno mismo, porque justo así se siente.

Hay días en los que cada mente libra una batalla, en la mía por ejemplo, no todos los días gana la muchachita loca, rara y que parece que viviera en otro mundo porque cree que todo es bueno, bondadoso y lleno de amor y brillos. Hay días como el 9 de julio, ese mismo día en el que Noriana decidió que era el último, en el que yo siento que ya no puedo más con la lucha, que no puedo vencer la parte mala, esa que me hace estremecerme con lo que más me lastima y me atormenta.

Lloré por Noriana, porque estoy segura que ella no encontró a nadie y yo ese día tuve hasta desconocidos que me brindaron una palabra de aliento y se quedaron a acompañarme. Ese 9 de julio al igual que Noriana yo sentí que mis manos no alcanzaban y sin duda no lo hicieron porque yo sola no pude, ahí tuve a una mano extraña que estuvo extendida y también manos amigas que supieron sacarme de las sombras, no cabe duda que fue obra de un ser lleno de misericordia que le encanta darme motivos para seguir manteniendo la lucha.

Hoy con lágrimas en los ojos y con un terrible nudo en la garganta, escribo un pedacito de esta historia que siempre me guardo para los que más me quieren y para los que sé que siempre están y la comparto para que todas aquellas personas que puedan leerme, miren desde mi realidad lo que puede estar pasando en la mente de personas que conocen o incluso de ellas mismas.

Aprovecho para decirles que a pesar de que nuestras manos nunca serán suficientes, siempre podremos descansar en las manos del creador y si eres alguien que no cree lo suficiente en Dios, entonces aférrate a tus principios, busca a un amigo, pero jamás jamás pienses que todo está perdido, porque como diría Shakespeare: por muy larga y sombría que sea la noche, tiene su amanecer.

Las enfermedades mentales son algo real, no te hacen ser menos persona y no son tu culpa, así como no es culpa de nadie que una persona tenga un derrame cerebral o sufra un infarto. Me gustaría comentar también para aquellos que somos creyentes, que padecer algo así no es un mal que merezcas, no eres menos creyente por tener que enfrentarte a una cosa de estas.

A mi familia, a mis amigos y a las hermanas que la vida me ha regalado hoy quiero agradecerles por no espantarse, por no juzgarme y por estar a mi lado en cada bajón. Las palabras no me alcanzan para expresar mi gratitud, lo único que sé en este momento, es que los amigos en momentos así se convierten en una balsa que junto con Dios, te sacan de la tormenta para llevarte junto a aguas en calma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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