Cultura

El cristianismo inverso, la crítica de Karl Marx a la fe cristiana.

Saludos amigas y amigos, en esta oportunidad quiero compartir con ustedes algunas reflexiones, sobre el pensamiento de uno de los filósofos (entre...

Foto del avatar Escrito por Leonardo Oviedo Revollo · 5 min read >

Saludos amigas y amigos, en esta oportunidad quiero compartir con ustedes algunas reflexiones, sobre el pensamiento de uno de los filósofos (entre otros títulos) más conocido e importante del Siglo XIX, me refiero Karl Marx, un hombre de origen judío, cuyos escritos han transcendido a diferentes disciplinas como la económica, sociología, periodismo, política y hasta la teología. Sus frases y pensamientos se han propagado hasta convertirse en fundamentos de múltiples movimientos sociales y políticos, que han visto y creen que su propuesta es una solución a los problemas que aquejan el mundo. Sin embargo, en este artículo centraremos nuestra atención a la reflexión y propuesta de este filosofo ateo al cristianismo y específicamente a lo que posteriormente otros pensadores como Enrique Dussel denominaría el cristianismo inverso.

Inicialmente, vale la pena señalar el contexto religioso que existió durante la juventud en el que se levantó el filósofo. Alemania había sido la cuna y el centro del protestantismo en medio de un cristianismo católico que se mantuvo pese a los diferentes cambios y a la posición de algunos príncipes. Entre estos cabe destacar la figura de Wurtemberg, ducado de Alemania, quien va a tener una fuerte influencia pietista, que incidirá a su vez en los pensadores Hegel y Marx, quienes en primera instancia tendrán que enfrentarse al luteranismo hegemónico que imperaba allí. De hecho, este movimiento religioso pietista tenía como propósito renovar aquel luteranismo encaprichado con el poder. De tal forma, que buscaba revitalizar la fe personal de los creyentes a través de una espiritualidad que acciona por conducto de la piedad, junto a una sinceridad moral y austeridad material, aspectos que había sido aplacados por el extremo ritualismo y dogmatismo que avalaba practicas injustas de algunos gobernantes de la época aludiendo a la asignación divina de estos.

En consecuencia, la gran critica que, en aquel entonces, se hacía desde el pensamiento Marxista a la religión cristiana era como esta justificaba estructuras de poder que dominaban a la sociedad, a partir de una violencia de fe a través de la que con interpretaciones bíblicas y como parte de designios divinos, se avalaba de una parte la autoridad y poder de estos poseedores opresores burgueses que subyugaban a los más débiles y por otro se censuraba cualquier tipo de alzamiento contra estos, instituyendo una ideología que apoya el anti socialismo.

Ahora bien, sobre esta influencia religiosa en la vida de Marx vale la pena citar al pensador Enrique Dussel, quien en su libro Las metáforas teológicas de Marx expresó:

Marx nace el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, ciudad alemana de origen romano y de larga historia medieval, de una familia paterna judía (llamada Marx-Levi) de antigua tradición rabínica —desde el siglo XV hay rabinos Marx-Levi, y fue-ron rabinos de Tréveris su abuelo y uno de sus tíos, Samuel Marx, en vida del mismo Marx—. Por motivos políticos, ya que el emperador prusiano deseaba una burocracia homogénea, su padre es obligado a bautizarse luterano, entre 1816 y 1817. El 26 de agosto de 1824 hace lo propio Marx; su madre nunca deseó bautizarse y se mantuvo espiritualmente judía.

Parece, sin embargo, que Marx no conoció el hebreo. Como su padre, fue Marx de origen pequeñoburgués, de formación en la tradición judía, luterana con influencias pietistas y dentro de la cultura de la Ilustración. (Dussel, 1993, p. 25)

En efecto, Marx fue un hombre que conoció las dinámicas del cristianismo y su relación con el poder. Por ende, poseía un conocimiento de primera mano de lo virtuoso de la fe y del uso incorrecto que puede llegar a tener. Así resulta pertinente señalar en escena el lugar del cristianismo inverso dentro de su crítica, planteado como una tergiversación del verdadero mensaje predicado por Jesucristo y practicado por los primeros discípulos de amor y servicio colectivo a favor de la eliminación de la pobreza. La doctrina en mención, justifica una estructura de poder que ocasiona al mismo tiempo un pecado estructural y una lectura descontextualizada, literalista y dominionista del texto sagrado (Spadaro, 2017). A este tenor, Russel señala como momentos de inversión del cristianismo: i) La vinculación con Constantino el Grande del cristianismo como religión oficial del imperio romano, en la que de perseguidos se convirtieron en perseguidores. ii) Las Cruzadas en la edad media en la que, con fundamento en la fe, se realizaron saqueos, matanzas y la destrucción en Tierra Santa. iii) Durante la caída del Imperio bizantino, con la conversión del cristianismo a religión de grandes ciudades y           iv) La conquista española del territorio americano, donde se usó al cristianismo como colonizador.

Así las cosas, en su texto Sobre la cuestión judía, Marx expone la inversión del cristianismo a partir del ejemplo de Alemania al denominó un Estado cristiano así:

El Estado cristiano —como lo llaman— que reconoce el cristianismo como su fundamento, su religión oficial y por tanto excluye las otras religiones, no es el Estado cristiano acabado, sino que lo es sólo el Estado ateo, democrático, el Estado que asigna a la religión su puesto entre los otros elementos de la sociedad burguesa. (Marx, 2012c, p. 24)

El Estado democrático, el Estado real, no necesita de la religión para ser políticamente completo. Por el contrario, puede hacer abstracción de la religión, porque en el fondo humano de la realidad se realiza de manera profana. En cambio, el Estado llamado cristiano se comporta políticamente con la religión y religiosamente con la política. Una vez que degrada las formas políticas a una apariencia, hace lo mismo con la religión. (2012c, p. 25)

“En el Estado cristiano-germánico el poder de la religión es la religión del poder” (Marx, 2012c, p. 26)

“En el llamado Estado cristiano se halla vigente la enajenación, no el hombre. El único hombre válido, el rey, no solo es específicamente distinto de los otros hombres, sino un ser religioso en sí mismo, unido directamente con el cielo, con Dios. Las relaciones dominantes siguen basándose en la fe”. (Marx, 2012c, p. 27)

Otro concepto, que este mismo filosofo usará para censurar la religión es el término fetiche, definiendo este como un elemento humano al que se le atribuye poder sagrado y divino, empleado en especial para subyugar a los seres humanos, especialmente a los pobres designados por este como el proletariado.

El académico Andrés Rivera Gómez, en su escrito “Marx, el cristianismo y la violencia de lo sagrado. Hacia una anamnesis de la teología de la liberación” sobre la actitud de Marx frente al cristianismo expuso: “La crítica de Marx no es contra la religión, ni mucho menos contra el cristianismo, sino contra el fetichismo y el cristianismo invertido, dos fenómenos que llevan a los más vulnerables a un plano netamente utilitarista que sacrifica todas sus fuerzas para obtener valor material. Este termina así siendo superior al mismo hombre”

Conforme a lo anterior, en importante dentro del cristianismo considerar y reconocer la importancia y valor de la crítica. En ocasiones, solemos abrazar y aceptar los elogios y rechazar vehemente cualquier tipo de reproche. La Iglesia cristiana tiene una misión divina, pero la ejecutan seres humanos, que tienen falencias y errores. Y algunos aprovechándose de la fe han pervertido su misión. La historia nos ha mostrado esos grandes errores y ha exhibido que la Iglesia puede ser un instrumento de liberación o de cautividad, esto es, puede ser usada para cumplir su propósito glorioso o puede emplearse para manipular. Ciertamente, en muchos lugares de nuestro mundo la práctica del cristianismo inverso a invitado a la gente a desconfiar del cristianismo y la fe.

En definitiva, dentro del cristianismo es importante hacer mea culpa, pero en especial cada creyente. Es menester analizar nuestras conductas y considerar si estamos siendo esa verdadera luz en la oscuridad o estamos contribuyendo con el mal. Ahora, nunca lo haríamos de forma consciente, pero nuestro testimonio y vida es la ventana que tiene el mundo para conocer a Dios, Marx observó como el evangelio se deformó y tuvo sus razones para criticarlo, no estoy de acuerdo en muchas cosas con el filosofo en mención, pero en lo que si creo es que como Iglesia debemos vivir en una constante reforma e interpretación de nuestra realidad a partir de una correcta interpretación de las escrituras, porque no podemos emplearlas para justificar la injusticia y la maldad en nuestra sociedad y nación.

Escrito por Leonardo Oviedo Revollo
Abogado, Especialista en derecho administrativo, con estudios de Maestría en Derecho de Estado con énfasis en Derecho Administrativo. Profile

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículo siguiente: De sangre y llanto, un rio