Por estos últimos días se me eriza la piel y se me hincha el corazón al ver a mi pueblo en las calles, marchando con ellos sentí la esperanza, las ganas de un mañana mejor. Siempre trato de escribir sobre lo que veo pero me apasiona cuándo puedo escribir sobre lo que vivo. Señores, para los que dicen que con revolución no se ha logrado nada entonces es porque no conocen la historia. Tu reconocimiento como hombre y ciudadano viene de las miles de muertes que tuvieron que producirse en numerosos levantamientos en los que el honor y la sangre eran el emblema.
No es necesario que salgas a las calles si temes al virus, no tienes por qué apoyar a un candidato político, es más, si lo deseas puede asquearte la política pero jamás jamás podré perdonar o justificar que un colombiano de clase media baja, media alta o un colombiano que conozca el filo del hambre o lo que implica estirar un billete para el fin de mes o la quincena, decida no pronunciarse por las aberraciones que cometen contra el pueblo.
Recuerdo que cuando entré a primer semestre derecho yo pensaba y le comentaba estas palabras a mi más fiel compañera de estudio: “mami, si nosotros supiéramos que todos los recursos son del pueblo y deben ser para el pueblo, si aprendiéramos que no somos los subordinados sino que la constitución establece que nosotros subordinamos entonces la historia sería diferente.”
Siempre he creído firmemente que la educación es el arma más poderosa y la revolución más grande, un pueblo educado jamás dudaría en elegir lo que más le conviene, pensaría en construir futuro, no se limitaría a los 4 años de gobierno. En mi época de colegio solía pensar que la revolución es el camino y mi andar en la universidad ha reafirmado aún más este pensamiento, porque si el sistema está mal, entonces que caiga el sistema, no que sufran las personas o se acomoden a él.
Podría decir mil cosas para cada persona que decide leerme pero, lo que más deseo es que en ti, en mí y en cada uno de los 50 millones de colombianos (excluyendo claramente a las minorías opresoras y corruptas) es que se despierte el deseo de cambio, que podamos encontrar un nuevo lenguaje para la revolución y que esta no sea con las armas ni con sangre.
Deseo que Colombia pueda hacer historia, pero no empañando más nuestro camino con cadáveres y guerras sino construyendo un sistema mejor, en el que todos podamos salir adelante y que todos tengamos sentido de pertenencia y patriotismo porque estos ingredientes a los colombianos nos hacen falta en todas las recetas. Siempre sonarán utópicos mis deseos pero supongo que eso es lo que ocurre con almas soñadoras con la mia, que despiertan cada día sabiendo que viven en un país cuya historia se ha escrito con sangre y se ha tildado con balas.
Pata ti que me lees, a los que salen a asomarse en los balcones, a los que deciden no pronunciarse porque alguien más lo está haciendo y a todos los otros que todavía no toman parte por cualquier excusa o motivo les digo: pon tu mano en el corazón e imagina que por cada latido que puedas percibir hay una persona pobre en Colombia, alguien ha muerto por culpa de los numerosos conflictos, alguien muere porque no hay suficientes camas en los hospitales , un niño no estudia sino que trabaja desde las 3 de la mañana, cientos de jóvenes no asisten a la universidad, miles de personas no consiguen un trabajo y otras miles más trabajaron y no recibirán su pensión.
Con esto no quiero decir que por cada latido ocurre algo así porque no sería cierto, mi intención es que con esto puedas darte cuenta que estás vivo y puedes sentir, y por lo tanto puedes crear un concepto sobre la situación, porque yo lo que pienso, es que si luego de todo esto sigues pensando que pronunciarse está mal, entonces pregúntate si estás vivo porque si después de considerar todo el panorama no quieres un cambio, no puede predicarse tu vitalidad.
Cambiando un poco la jerga hoy digo:
“Pueblo mirón, únete al montón. Que aquí se está luchando por la revolución”

Los sistemas de corrupción