Columnas

Caldo de cultivo.

La actual situación del país no es más que el resultado de años llenos de miseria, pobreza, desigualdad, falta de empleo, exclusión...

Escrito por Cigil Chamorro Vega · 1 min read >

La actual situación del país no es más que el resultado de años llenos de miseria, pobreza, desigualdad, falta de empleo, exclusión y una corrupción galopante y rampante. Vivimos un estallido social espontáneo en sus raíces, pero justificado en sus causas, no puede ser que un Estado caracterizado por un ausentismo sistemático pretenda deslegitimar los reclamos y la avalancha social que estuvo represada por mucho tiempo.

Desde el 28 de abril, día en que se dio inicio a las jornadas de movilización y al paro en toda Colombia, las marchas y bloqueos no han parado, la multitud sigue saliendo de forma masiva, se han sumado más sectores sociales, sindicales, todos bajo una misma demanda <REFORMAS YA>, si bien el detonante de la actual jornada de paro nacional, fue una reforma tributaria arbitraria, que golpeaba de frente a los más vulnerables, no es para nadie un secreto que el país político se ha desconectado hace mucho tiempo del país real, es decir, que la clase política que ha derrochado, abusado y despilfarrado del erario público no entiende, ni ha querido atender las necesidades que aquejan a la gran mayoría de la población.

A principios de año los indicadores de desigualdad en América latina indicaban que Colombia es uno de los países con mayor desigualdad y hace solo dos meses, el DANE dio a conocer que la pobreza ha aumentado considerablemente, a tal punto, que el 41% de los colombianos viven bajo la línea de la pobreza. Por su parte, la economía informal sigue siendo mayor que la formal, así como también en lo concerniente al acceso a educación y calidad de la salud las cifras son desalentadoras, esto sin mencionar el incumplimiento de los acuerdos de paz firmados en la Habana, todo esto se ha convertido en un caldo de cultivo que tiene al gobierno contra las cuerdas y en la mira de la comunidad internacional que ve con preocupación el actuar y excesos de la fuerza pública, que ya han generado un sinnúmero de asesinatos y desapariciones, esta es la típica respuesta de un estamento débil, deslegitimado y con poca capacidad de maniobra, encerrado es sus terquedades y cálculos políticos, teniendo en cuenta que se avecinan elecciones para el 2022.

Es por ello, que la necesidad de cambios estructurales es imperante, jóvenes sin futuro ni horizonte, presas de la violencia y el caos reinante en el país, y a merced de la ilegalidad. Es hora entonces, que el Estado proporcione a sus ciudadanos la garantía y ejecución de los derechos fundamentales, sin proceder a reprimir y criminalizar a los miles que salen a marchar pacíficamente, el garrote y la bala, no es la solución. Lo que todos esperamos es que en un acto de grandeza se pueda concertar un país más amable y solidario con todos.

 

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