Cultura

Caras vemos, heridas de la infancia no sabemos

Frederick Douglas un gran reformador social dijo ” Es más fácil criar niños fuertes que reparar hombres rotos” y cuánta razón tenía,...

Frederick Douglas un gran reformador social dijo ” Es más fácil criar niños fuertes que reparar hombres rotos” y cuánta razón tenía, él conocía las grandes riquezas que esconde la etapa de la niñez, etapa en la cual los padres contribuyen a enseñar a sus hijos el arte de saber vivir, de valorarse, de ser seguros de sí mismos, ser capaces de alcanzar sus sueños y en especial a amarse a sí mismos.

En este orden de ideas, al reflexionar acerca de la etapa de la niñez, surgen varios recuerdos y en ellos, se pueden dar a conocer que hubo momentos felices, carencias, traumas y heridas, es de allí que nace el término ” heridas de la infancia” , una escritora canadiense llamada Lise Bourbeau se inspiró en las investigaciones del psiquiatra John Pierrakos quien analizó traumas de esta etapa de la vida, determinando heridas basadas en la percepción del menor acerca del cuidado, amor, respeto y apoyo con el que con todo de parte de sus padres.

Herida del rechazo

” ojalá no estuviera embarazada” ” ese bebé no es mío, no lo quiero”  sí bien es cierto que en algunos casos el bebé no era esperado, hay una diferencia entre ser “sorprendidos” a ser terriblemente decepcionados y tener una sensación de frustración, asimismo, el niño crece sintiendo que es desaprobado por sus padres o cuidadores; Las personas que tienen está herida perciben no tenidas en cuenta, que nadie admira o son criticadas duramente por su entorno, son solitarias, tienen baja autoestima y sienten que la vida les debe algo, poseen una actitud de víctimas,  codependiente y necesitan que suplan sus necesidades debido a que no pueden hacerlo por sí mismos.

Herida de abandono

Alguno de sus padres estuvo ausente ya sea física o emocionalmente, no contaron con el apoyo y cuidado que necesitaban en su etapa de niñez, las personas que la padecen son dependientes, tienen temor a quedarse solos los que los conduce a complacer y agradar a los demás sin importar que esto pueda causarle daño, a la vez les cuesta pedir ayuda por miedo a ser negada la solicitud que requieran, prefieren abandonar a ser abandonados, para no sufrir o experimentar el dolor de ser repudiados, es el típico empleado que prefiere pasar su carta de renuncia antes de ser despedido o aquel que termina su relación amorosa antes tomar decisiones que involucren cambios en la conducta, pedir mayor comprensión o reconocer sus errores, se sienten insuficientes y difíciles de amar.

Herida de la traición

Sus padres no cumplían sus promesas, les mintieron o engañaron, al crecer, son desconfiados y les pasan muchas tragedias constantemente, su conducta es de controlarlo todo, quieren impresionar a los demás a toda costa, mienten compulsivamente, son rencorosos, tienden a mostrarse fuertes y autosuficientes.

Herida de la humillación

Desde niños fueron objeto de burlas o ridiculizados, no se sintieron protegidos, al ser adultos se sienten culpables cuando los demás no están bien, quieren salvar a los demás y solucionar problemas, pero no está en sus manos tomar decisión por los demás, sin embargo, harán todo lo posible para ganarse la aprobación de las personas de su entorno.

Herida de la injusticia

Sus padres eran poco afectivos y establecían normas en el hogar sin darles a conocer el significado de esos límites, su opinión no era tenida en cuenta y en ocasiones eran castigados sin merecerlo, al ser adultos se caracterizan por ser perfeccionistas, les cuesta aceptar las opiniones o puntos de vista contrarios al suyo, no admiten los fracasos y mucho menos que los demás cometan errores.

Al leer puede que te identifiques con una o varias de estas heridas, y una forma de sanarlas es entendiendo que la misión única de tus padres fue traerte al mundo, la razón meramente biológica les exime de otras funciones adicionales, y es que sí estás leyendo esto es porque ya eres lo suficientemente maduro cómo para hacerte cargo de ti mismo sin sentir que la vida ni tus padres te deben algo; Por cada reclamo que le haces a los demás o a la vida, devuelve ese reclamo a ti mismo y pregúntate: ¿ Qué puedo hacer por mí?, ¿ Qué puedo aprender con esta circunstancia por la que atravieso?, ¿ De qué forma puedo amarme más y sanar está herida?.

Así rotos o heridos continuamos y salimos a adelante pero que bueno es sentarse y dejar el afán del día para brindarle tiempo y espacio a cuidar esa relación que tenemos con nosotros mismos, cuando nos vemos siendo víctimas, ahí está ese niño herido, ¿Le dejarás que sufra solo?, ¿Permitirás que crea esas falsas ideas sobre sí mismo?, ¿Qué harás por ti mismo?

Por otra parte, cuando estamos siendo agradecidos y aprendiendo, ahí está el adulto que le dice al niño herido ” lo siento perdóname, te amo, gracias” , hoy te invito a que te hagas cargo de tus heridas y mirándote al espejo puedas encontrar al único responsable de tus logros y fracasos: tú mismo.

El reflexionar acerca de ” caras vemos, heridas de la infancia no sabemos, nos motiva a ser amables con las personas que compartimos a diario, con nuestros compañeros de trabajo, vecinos, amigos, pareja, familiares, con nuestros padres, y comprender que en cada quien hay un niño interior esperando apoyo y afecto, por lo demás, sí están heridos, su herida no es algo personal, hace parte de su proceso y como tal solo podemos respetarlo y cuidar con amor entrañable a nuestro niño herido, las personas heridas hieren pero las personas amadas brindan de lo que tienen.. solo amor.

Escrito por Cindy Paola Arrieta Garrido
Psicóloga especialista en Gestión de Procesos Psicosociales, con amplia experiencia en el enfoque cognitivo-conductual, terapeuta de parejas y familias. Profile

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