Ese castillo de ensueño en el que moras, cuyo camino solo se vislumbra en las noches de luna llena. Luna llena que realmente es el reflejo de tu rostro sonriente sobre la noche cuando miras al cielo; tan bella, tan radiante.
Con cada día que transcurre me acerco un poco más a ti, me esperanzas, me motivas. Pero, veo con extrañeza que tu luz se hace más opaca, una noche tras otra, hasta que finalmente desaparece.
¿Adónde fue tu luz? ¿Dónde está aquel castillo de ensueño en el que mora mi amada? Pasan los días; y espero sentado sobre un viejo tronco, lamentando el deceso de tu sonrisa, pero sin arrepentirme de haber corrido tras los atisbos de tu amor.
Qué lugar tan inhóspito éste en el que me encuentro, a la mitad de la nada, a la mitad de mis sueños.
¿Desahuciado? Sí, pero te abrazo en mi mente y recito a alta voz aquellas bellas palabras que un día me dijiste: “No te vayas, es muy tarde ya; y tú eres la única luz encendida”.
No sé cuánto tiempo estuve así, quizá fue mucho, realmente lo ignoro. ¡Pero, de repente pude ver el resplandor de tu rostro que marcaba el camino que debía seguir!
¡Había logrado desnudar tu sonrisa! Y entendí cuanto amabas que hiciera mía tus palabras; mi amada era mía y yo de ella.
Veía cada vez más cerca cumplida mi fantasía, habitar junto a ti en el lugar de tu morada. Finalmente, mi sueño escondido se haría realidad.
Te hallé, en aquel castillo que a lo lejos divisaba; aunque la lejanía era cuestión del pasado, ya estaba entre tus labios y el resquicio que nos separaba desapareció.
Nunca más te dejaría ir. Mis palabras eran el motivo de tu sonrisa, y tu sonrisa la luz que desde el cielo de la noche me guiaba. Te amé y no hubo más otra loca travesía, porque jamás me iría de tu lado… Otra vez.
Ese castillo de ensueño en el que moras, cuyo camino solo se vislumbra en las noches de luna llena. Luna llena que, realmente es el reflejo de tu rostro sonriente sobre la noche cuando miras al cielo; tan bella, tan radiante.
Daniel EGM
@hdvgonz

La cultura del sincericidio