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Conocimiento y poder

Últimamente he pensado y de hecho meditado sobre dos palabras que al parecer directamente no se encuentran relacionadas. Poder y conocimiento, son...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 3 min read >

Últimamente he pensado y de hecho meditado sobre dos palabras que al parecer directamente no se encuentran relacionadas. Poder y conocimiento, son palabras que generalmente suelo verlas juntas únicamente cuando alguien menciona la frase: “el conocimiento es poder”, sin embargo, realmente no había analizado más allá de lo superficial la verdadera connotación que tiene, la cual en mi opinión es bastante fuerte.

A pocos días de las elecciones más importantes que tiene nuestro país, para mi clase de filosofía tuvimos que leer uno de estos textos que en principio, parecen interminables y llenos de ejemplos, sin embargo, cuando me dispuse realmente a prestar atención, pude darme cuenta cómo es que generalmente, conocemos la historia que quieren que se conozca, cómo aquellos que logran tener por lo menos un poco más de conocimiento en comparación al resto, son capaces de manipular e incluso adoctrinar a las masas.

Mi mente se había enfocado mucho en los últimos días en pensar en la verdad, en buscar la verdad de muchos acontecimientos, sin embargo y en esto, muchos intelectuales me darían la razón, conocer la verdad nunca ha sido una opción, debido a que siempre tendremos que escuchar aquella verdad que fue capaz de imponerse al resto y trascender. Es una verdad que en la mayoría de las veces, corresponde a la parte de la historia de los vencedores, de aquellos que tienen en sus manos el conocimiento y por ende el poder.

Un dato que posiblemente sea curioso, ante las personas que no se encuentran inmiscuidas en el mundo del derecho, es el hecho de que realmente en los juicios nunca podrá conocerse la verdad, si es que existe una más allá de la que termina probándose, esto se explica de manera más clara, cuando se conoce que en el derecho y más específicamente en temas procesales, la verdad que sale a la luz es una mera verdad procesal, una verdad cargada de pruebas circunstanciales y que fueron tomadas o desechadas con base a unas reglas de conocimiento ya preestablecidas.

Estas eran mis conclusiones justo antes de las elecciones y mucho antes de tener que encontrarme frente a mi mesa de votación, ejerciendo una labor social como testigo electoral, figura en la que básicamente un ciudadano del común vela porque cada uno de los votos que fueron realizados en dicha mesa de votación, sean contabilizados en el formulario de la manera más exacta y correcta posible.

Ese domingo ahí parada frente a las urnas, observando quizás más detenidamente de lo que pretendía a las personas, noté claramente cómo es que ni siquiera las personas que fungen como jurados de votación y que en teoría, son quienes deben orientar y velar por un adecuado uso del derecho del sufragio, tienen la suficiente información o conocimiento para saber qué es lo que ocurre exactamente ese día.

En mi cabeza, tenía la idea casi que plasmada con un tizón caliente, que las personas en Colombia solían votar porque sí, sin cuestionarse, sin tener idea de lo que hacían, pero verlo con mis propios ojos y observar como lo que marca de manera contundente el futuro de un país por 4 años, era una actividad realizada casi que mecánicamente. Recuerdo ver a las personas llamando a X o Y sujeto para que le informara cómo debía marcar y en mi mente yo decía: “por Dios, cómo dejas tu futuro en manos de otros”, porque si, es justo lo que hacemos cuando nos dejamos guiar de ese modo.

Por esta razón, es más que correcto afirmar que el conocimiento es poder y no sólo porque un pueblo que no conoce su historia está condenada a repetirla, sino porque teniendo conocimiento sobre la mayoría de los acontecimientos o en este caso, las funciones que tiene un órgano tan importante como lo es el Congreso de la República, meditaríamos antes de poder si quería tomar un lapicero para marcar sobre cualquier papel.

Los colombianos por su falta de conocimiento, por la carencia casi que absoluta de conocimientos básicos sobre los órganos estatales, han puesto en cabeza del presidente un poder absoluto, autoritario y en teoría todopoderoso que realmente no existe. Nunca olvidaré a mi querida profesora de primer y segundo semestre mencionando la siguiente frase: “un presidente sin Congreso es un hombre con un título pero atado de manos”.

Juro por mi vida y por la bandera, que ese día me contuve innumerables veces, porque lo único que quería ponerme a gritar en ese lugar y frente a toda Colombia es que eligieran bien, y no porque es una frase que todos los políticos y politiqueros usan, sino porque gracias a Dios y a la carrera de derecho puedo saber que el pueblo es el poder constituyente, es decir nosotros tenemos el poder en las manos y lo que hacemos es una cesión de poderes a un órgano que constituimos nosotros mismos, y que es sobre todo es en nuestra plena, dura y mera representación de intereses y derechos, acontecimiento que en este país, es casi irreal e irrisorio.

Si algo pude llegar a concluir en esta y debo confesar fue mi primera jornada electoral, es que de nada vale que nuestro mayor anhelo sea acabar con la corrupción si siempre o casi siempre el conocimiento estará centrado en unos pocos, que precisamente son quiénes buscan gobernarnos y en su mayoría, sin el mínimo ápice de humildad, porque si de algo estoy plenamente segura, es que tener el conocimiento en tus manos, te da el poder no sólo de manipular sino de adoctrinar a las masas.

Finalmente, a modo casi soberbio me gustaría cerrar este acápite diciendo lo siguiente:

“Mientras el conocimiento siga concentrado en unos pocos y esos pocos sean en su mayoría quiénes quieren gobernar, el pueblo ignorante carecerá de poder y de armas de defensa, entonces dicho poder seguirá concentrado en los mismos buitres que se alimentan de la desesperanza alentada por una profunda ignorancia que por su puesto, no es más que carencia de conocimiento”.

 

 

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