“Cuando las palabras son el arma de un presidente, los eufemismos cobran vida”
George Orwell escribía en 1946 que “el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible”, por lo que los gestores de la cosa pública recurrían a “eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras” para evitar argumentos “demasiado brutales” a oídos de los ciudadanos. Así, respecto a las purgas y deportaciones en Rusia, por ejemplo, el político nunca mentaría el “asesinato de los opositores”, sino “cierto recorte de los derechos de la oposición política”
Orwell también decía: “El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que expulsa tinta para ocultarse”.
El gobierno del señor Iván Duque Márquez caracterizado por poseer un haz bajo la manga, por tener a los artífices de las jugaditas en sus filas, (el bachiller Macías) por intentar meter algún mico en las reformas que llevan al congreso, o por suscribir bajo la figura de prestación de servicios y en medio de la pandemia un contrato, por medio del Fondo Paz, con la empresa Du Brands SAS por un valor de $3.350 millones, cuyo objetivo no era nada más y nada menos que el posicionamiento del presidente y de la Presidencia en redes sociales.
Pero como la expresión “lo que se hereda no se hurta” que más se le puede a pedir a este gobierno Dirigido por Iván Duque Márquez cuyo padre espiritual, ideológico, social, y moral. Es quien en días pasado dijo: “a mis 68 años puedo decir que jamás he mentido”. Tranquilo señor Álvaro Uribe, yo le creo que jamás ha mentido porque su estrategia consiste en disfrazar la verdad no en mentir.
El legado heredado o seguido por el actual presidente a su patrón no solo se resume en el cantaito, hablar bajito y pequeñito que se le pego al señor Duque. Lo grave está en hablar con ambigüedades y disimulos, para terminar desfigurando las verdades con el uso del lenguaje, por eso se ha permitido cambiarle el nombre a los crímenes, masacres, desplazamientos y chambonadas fiscales como la de gravar salarios, pensiones y artículos básicos de la canasta familiar.
Aquí te presento algunas de esas mentiras disfrazadas de verdad o medias verdades:
Para octubre de 2018, apenas iniciando su mandato, el Gobierno de Duque Márquez radicó ante el Congreso el proyecto de “Ley de financiamiento”, con el cual se buscaba obtener $14 billones faltantes del presupuesto de 2019 y que, al igual que el de 2021, se consideró como una evidente reforma tributaria.
Un año después la Corte Constitucional hundió el proyecto por errores de procedimiento en su aprobación en el Capitolio, pero desde el Ministerio de Hacienda se presentó una nueva propuesta de reforma tributaria con la “Ley de crecimiento económico” que, entre otras cosas, tras su sanción aprobó los tres días sin IVA y cambió el tratamiento del IVA de vehículos eléctricos y algunos medicamentos.
Hacia febrero de 2020, cuando Alicia Arango fungía como ministra de Trabajo, develó a través de varias entrevistas algunos detalles de los planes que tenía el Gobierno Nacional sobre una posible reforma en el sistema de pensiones.
Posteriormente, el presidente Iván Duque ratificó las palabras de Arango, aunque le quitó el título de ‘reforma pensional’ y lo llamó “reforma a la estructura del sistema de protección a la vejez”.
Luego de la masacre de ocho jóvenes en Samaniego (Nariño) en agosto de 2020, el mandatario colombiano se dirigió hasta este territorio y en una conferencia de prensa emitió unas palabras por las que, incluso, todavía algunos le cuestionan.
“Muchas personas han dicho: ‘volvieron las masacres, volvieron las masacres’. Primero, hablemos del nombre preciso: ‘homicidios colectivos’, y tristemente hay que aceptarlo como país, no es que volvieron, es que no se han ido tristemente esos hechos”, aseguró en aquella ocasión.
Estos días de abril el Ministerio de Hacienda radico ante el Congreso de la República el proyecto de Ley de la nueva reforma tributaria, bajo el nombre de “Ley de Solidaridad Sostenible”. Y cuyo título se soporta con esta maravilloso prologo: “Proyecto por medio de la cual se consolida una infraestructura de equidad fiscalmente sostenible para fortalecer la política de erradicación de la pobreza, a través de la redefinición de la regla fiscal, el fortalecimiento y focalización del gasto social y la redistribución de cargas tributarias y ambientales con criterios de solidaridad y que permitan atender los efectos generados por la pandemia y se dictan otras disposiciones”.
Pero existen otros eufemismos a los que apelaron en su momento congresistas con el objetivo de encubrir dolorosas realidades sociales: “en Colombia no hay desplazados, sino migrantes interno” dijo alguna vez el senador José Obdulio Gaviria, “ideólogo” del Centro Democrático.
Una estratégica utilización del lenguaje en la que, según los analistas, la intención de disfrazar las cosas y no decirlas por su nombre. “El propósito de estos eufemismos consiste en darle un toque sutil y decoroso a reformas impopulares y claramente lesivas para las personas asalariadas del país”, enfatiza el catedrático de la Universidad Nacional, Andrés Felipe Mora.
Estamos ante un gobierno que cree que todos son tontos, ineptos e iletrados hoy se ha instrumentalizado la palabra no para mentir pero si para favorecer sus intereses y es algo que no podemos aceptar y se combate desde el conocimiento, llamando las cosas por su nombre, definiendo las ventajas y desventajas de la realidad que se esconde detrás de un decreto, proyecto de ley o argumento del discurso político.

Mi amigo campesino