A la luz de lo escrito en los artículos anteriores, se puede notar que queda un largo camino por recorrer, la iglesia evangélica en Colombia tiene una responsabilidad tremenda con esta generación y con las nuevas generaciones. Ser sal y luz en este país les impele a comenzar a ver la política de otra manera y a no dejarse manipular y utilizar como hasta el momento lo hacen, tanto de políticos tradicionales como de políticos cristianos. Es necesario reevaluar el papel que la iglesia evangélica ha tenido en la política y la sociedad hasta ahora, y reflexionar en cómo se quiere ver en unos años en la arena de la participación política en el país.
Es recomendable recordar que la fe debe abarcar todas las esferas del individuo y que los valores cristianos -integridad, amor, entrega, abnegación y otros- deben ser reflejados en todo lo que el creyente, individual o comunitariamente, emprenda. Como se propuso anteriormente, se debe tener en cuenta la Escritura (estudiada de una manera seria, no tomando literalmente versículos aislados que, supuestamente, respaldan muchas de las estrategias y aspiraciones de algunos creyentes involucrados en la política electoral), y una verdadera reflexión, desde la fe, a estos temas que son coyunturales y con los cuales la iglesia va a tener que enfrentarse día a día, para así poder ser un verdadero agente de cambio en un país que realmente pide a gritos cambios y soluciones; un país que necesita a ese Salvador que la iglesia puede ofrecerles y que es el único que puede desarraigar el problema principal del cual se desprenden todos los demás problemas de la nación, a saber, el pecado. Entonces, es un gran reto y una tarea pendiente que la iglesia evangélica colombiana debe afrontar; y para ello, estar dispuesta a desaprender para aprender realmente cómo hacerlo y no seguir fracasando en el intento.
Muchas gracias por leer este ensayo, espero que esto haya generado en usted la idea de reflexionar acerca de la manera en que usted, como creyente, participa en política. Espero que lo haya animado a conocer un poco más la dinámica electoral de nuestro país y a ser parte activa, votando a conciencia y conociendo bien cada programa de gobierno. Que no seamos víctimas de ninguna clase de manipulación y que no se use a la iglesia como caldo de cultivo electoral.

Se las llevó el viento