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Devotos cristianos (Parte 2)

Participación política de la iglesia evangélica en Colombia Luego de que cesara la persecución contra la iglesia evangélica, como se dijo anteriormente...

Foto del avatar Escrito por Armando Verbel · 4 min read >
  • Participación política de la iglesia evangélica en Colombia

Luego de que cesara la persecución contra la iglesia evangélica, como se dijo anteriormente (aunque todavía no se sabe a ciencia cierta si fue por su nueva fe o por su afinidad política con el Partido Liberal), esta empezó a crecer aceleradamente. Otro factor que permitió el crecimiento fue la violencia de los años 80 y la cercanía que sentían las personas vulnerables con el culto de la iglesia pentecostal (este se caracterizaba por ser festivo e incluyente), cuyas iglesias pulularon en zonas vulnerables. A través de su culto, en ese tiempo sencillo e incluyente, infundían la esperanza del cambio. Este cambio no se limitó solo a lo espiritual, sino que, con la adopción de la Teología de la Prosperidad, muchas de estas iglesias les pintaban un panorama de superación de la pobreza económica, lo cual hizo de estas iglesias un refugio para muchos. Fue así que tomaron fuerza estas iglesias y vieron la oportunidad de empezar su participación política.

  • Las décadas de los 1980 y 1990: los primeros intentos de participación política de la iglesia evangélica en Colombia

Desde que los pentecostales llegaron al país hasta finales de los años sesenta, la participación en política de la iglesia era vista como algo nocivo, como una fuente de contaminación, por lo que su actividad política consistía solamente de la evangelización y la guerra espiritual. Pero este panorama cambió porque fue “en los años setenta y ya hacia el final de los ochenta, [cuando] las iglesias evangélicas comienzan a reunirse, a acercarse entre sí, a mostrar los primeros signos de una organización y articulación.” Así expresa Cosoy los inicios de la participación política de la iglesia evangélica en Colombia.

Esta participación se vio materializada con la aparición de dos partidos, de los cuales, algunos de sus miembros hicieron parte de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 (ANC). Estos partidos fueron: Partido Unión Cristiana (MUC), movimiento nacido en las toldas de CEDECOL y Partido Nacional Cristiano (PNC), partido nacido en el seno de la Misión Carismática Internacional (MCI). Los representantes de estos partidos participaron de la implantación de la libertad de conciencia y libertad de culto en Colombia. Este fue uno de sus logros y, más adelante, en 1994, se aprueba la ley de libertad religiosa cuyo ponente fue la senadora Viviane Morales, representante de los cristianos en el congreso de la Republica. Aunque con esta ley, supuestamente, se pretendía que todas las iglesias fueran iguales ante la sociedad, en la práctica parece que lo que se perseguía era tener los mismos privilegios y la misma injerencia que alguna vez tuvo la iglesia católica en el gobierno.

  • Una radiografía crítica a la participación política de la iglesia evangélica contemporánea en Colombia

Esta transformación de la dinámica legislativa en Colombia abrió los ojos de la iglesia evangélica y les permitió ver que tenían en sus manos un buen caudal electoral. Esto hizo que empezaran a emerger nuevas propuestas de partidos y movimientos cristianos, como el MIRA, de la Iglesia Ministerial de Jesucristo Internacional, quienes se han consolidado como una fuerza política que dice representar a los evangélicos colombianos, pero que, paradójicamente, no es considerado como un partido cristiano porque la iglesia que lo respalda no es aceptada como protestante por la mayoría de las iglesias evangélicas en Colombia, las históricas y las pentecostales. Este movimiento de tipo caudillista mezcla la política con la religión, al punto de exigirles a sus miembros apoyar a sus candidatos so pena de castigo divino si no lo hacen.  Los partidos cristianos han aprendido de los partidos tradicionales la dinámica política del país, utilizando aun sus mismas estrategias –no muy santas- para lograr practicar sus derechos políticos.  También se ha podido evidenciar que existen intereses personales detrás de las aspiraciones de algunos cristianos a cargos públicos, esto se puede ver más claramente en la falta de consenso y las divisiones que existen entre los mismos.

Pero, no solo los evangélicos notaron esta transformación, también los políticos de los partidos tradicionales se dieron cuenta de la gran cantidad de votos que, probablemente, había en estas iglesias y que era fácil endosárselos a sus campañas. De aquí se desprende, entonces, la instrumentalización de la iglesia como ‘joya de la corona’ del juego político en Colombia (esto, tomando en cuenta que CEDECOL dice que tiene en sus filas unos 10 millones de creyentes). Por muchos medios y de muchas maneras, políticos tradicionales y partidos cristianos buscan endosarse el voto de los creyentes en cada jornada electoral. Partido político que logre convencer a los creyentes de que representa sus intereses, partido político que tiene el voto asegurado de muchos de ellos.

Lamentablemente, la participación en política de los evangélicos en Colombia ha sido más reactiva que propositiva. Aunque ellos afirman que su participación política va más allá de ser un proselitismo religioso, lo que se evidencia parece negar esta afirmación. Se han limitado a ser, como dicen algunos ‘la conciencia moral de la sociedad’ y solo se les ve haciendo fuerza por temas morales y de ética, pero dejan de lado otros temas importantes de la agenda gubernamental en Colombia, temas que les permitirían ser, como dice el Maestro, ‘sal de la tierra’.

Esta limitada visión de la iglesia en temas políticos los ha hecho presa fácil de los políticos de turno que fingen interesarse en sus causas y representarlos, pero es solo con el interés de salir elegidos. Temas como los derechos de la minorías LGBTI, la despenalización del aborto y las drogas, son los ‘caballos de batalla’ que los movimientos cristianos usan para ganar adeptos o para adherirse a movimientos políticos de derecha, o, paradójicamente, de línea conservadora. Es curioso ver que en Colombia lo que no han podido hacer los diálogos ecuménicos con la iglesia católica sí lo ha podido hacer la política, a saber, unir a la iglesia evangélica y la católica en fines comunes. Esta actitud merece una revisión y la puesta en marcha de estrategias que ayuden a los evangélicos colombianos a participar de mejor manera en la arena política nacional.

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