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Días contados

La reflexión de esta publicación la hice un viernes, tirada en el piso del caedizo (cadrizo como le dicen por estos lados)...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 2 min read >

La reflexión de esta publicación la hice un viernes, tirada en el piso del caedizo (cadrizo como le dicen por estos lados) del patio, bañada en sudor, con la piel amelcochada y un pelo sudado que no soportaba en la cabeza, todo porque ese día en Sincelejo se le dio al sol y a la humedad por lucirse. En medio de mi pensadera me acordé que por lo menos estaba mejor que el día anterior, porque ese jueves 22 julio, a las 12:30 del medio día, con una temperatura de 33° centígrados y una sensación térmica de 38° pero que se sentía más llegando a 50, a mi abuela se le dio por servirme un plato de sopa, de todas las comidas en el mundo ese día con el caló tan grande que hacía se decidieron por hacer sopas.

Por estos días no había hecho más que quejarme del sol, de vivir en la costa y de no sé cuántas cosas más, pero ese viernes me llegó la iluminación. Pensando con más detenimiento dejé de culpar al sol y a la humedad y empecé a pensar en los verdaderos culpables. Primero, me dediqué a pensar en todo lo que los seres humanos hacían mal, de manera general, me llenó de rabia y de impotencia saber que nosotros mismos seríamos los culpables de nuestra propia destrucción, porque desde hace años se sabe que palabras más, palabras menos la humanidad le ha causado el fin a este planeta llamado tierra.

Mis reproches empezaron por las personas que veía a mi alrededor y que decidieron talar árboles para hacer cualquier cosa de cemento; me lamenté al pensar en el montón de personas que usa motos y carros para pasear y van contaminando todo a su paso, casi que quería pegarle a los dueños de esos buses viejos que por dónde andan dejan pestilencia y contaminación. Sin embargo, aunque todas estas acciones repercuten en este mal conocido como cambio climático, no son sus principales causantes, si un gran aporte, pero no eran los culpables que yo quería tener en la mira ese día caluroso.

Rememorando un poco y también investigando un poquito más, recordé que los verdaderos enemigos de nuestro planeta, son esas grandes multinacionales, las más contaminantes, aquellas que por generar más riqueza de la que ya poseen le han restado millones de años al planeta. El hambre insaciable por el dinero de un grupo de hombres, ha llevado a que se presenten fenómenos meteorológicos extremos e intensos de manera más frecuentes. La representación más clara de estos cambios bruscos y dañinos la vemos reflejada aquí, en la costa caribe colombiana, donde hace unos días no podíamos aguantar el calor y la sofocación y hoy, el clima ha estado radicalmente diferente, al punto que durante el día ha hecho verdadero frío.

Más que un juicio final, una amenaza zombie o la tercera guerra mundial, me aterra mucho más que el destino de la humanidad sea morir de hambre y de sed por afanarse de manera enfermiza en conseguir riquezas y cosas materiales y acabar con el único planeta perfectamente posicionado para ser capaz de tener vida. Hay algunos que incluso hablan de la existencia de un apartheid climático, respecto a esto Philip Alston, un ser comprometido con los derechos humanos dijo lo siguiente sobre lo que se avecina: “un escenario de apartheid climático en el que los ricos pagan para escapar del sobrecalentamiento, el hambre y los conflictos, mientras que el resto del mundo tiene que sufrir”.

Las acciones que llevamos acabo día tras día, repercuten en la amenaza del cambio climático, pero si los gigantes de la industria no hacen un alto y crean políticas más saludables para el medio ambiente, nuestro planeta seguirá enfermando y los seres humanos seremos las principales víctimas. La cultura consumista, anti ecologista y fanática de lo ‘fast’ ha causado tanto impacto en nuestro planeta, que estamos llegando al punto de no retorno. No es una amenaza, no es ser extremista, nuestro planeta nos ha dejado ver que si no priorizamos otras cosas, si no dejamos de lado nuestra cultura basada en el consumismo, para el año 2030 tendremos más inundaciones, más sequías, más fenómenos meteorológicos extremos, 100 millones más de pobres y sin lugar a dudas los días contados sobre este planeta.

 

 

 

 

 

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