Saludos a todos nuestros lectores, es grato poder compartir con ustedes este espacio de opinión y reflexión que no solo toca temas cotidianos y problemáticos de nuestra sociedad, sino que también plantea consideraciones interiores de nuestros corazones, específicamente de nuestras historias de vida, las enseñanzas que nos ha dejado nuestro corto paso por esta tierra, así como las valiosas personas que han dejado su huella en nuestra existencia. Hoy quiero hablarles de mí, pero en especial de Dios.
A Dios se le puede describir como lo hace el Diccionario de la Real Academia como: “Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.”; no obstante, esta definición es general e impersonal, se siente como alguien extraordinariamente poderoso, un tanto irreal y a la vez distante. Pero que tal que nuestras vidas son una oportunidad de constantes y nuevos descubrimientos sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea. En medio de ese viaje al contemplar las maravillas del universo, la belleza de la naturaleza, así como la energía que el mundo derrocha es lógico que lleguemos a preguntarnos ¿Todo esto se edificó solo, no es toda esta creación obra de una mente creativa, intencional y portentosa?
Este último interrogante puede despertar en nosotros dos sensaciones razonables, la primera es negar la existencia de un Creador, aceptando los planteamientos que indican que el universo surgió de la nada, de forma espontánea como consecuencia inevitable de las leyes de la física, tal como lo explicó el famoso físico de este siglo Stephen Hawking, que integrado con la teoría de Charles Darwin que plantea que las especies de la tierra son producto de evolución biológica por selección natural, resultan en una explicación aparentemente razonable de la existencia de la tierra y el cosmos. Otro camino, es reconocer que el mundo y el orden que lo gobiernan obedecen a unas manos sabias, todo poderosas que determinaron con sumo detalle la existencia de un mundo donde la vida es posible, donde tanto el hombre como la naturaleza viven en equilibrio, es en este cuadro de preciosos colores y paisajes variados. Esta hipótesis se llama diseño inteligente, ella indica que “las causas inteligentes son necesarias para explicar la compleja información de las ricas estructuras de la biología y que estas causas son empíricamente detectables”, en otras palabras, expone que ciertas características biológicas desafían la explicación Darwiniana de “coincidencias fortuitas”, toda vez que un diseño necesita un diseñador inteligente. Así la base teórica en mención, se soporta en la complejidad irreducible, complejidad especifica y el principio antrópico.
Luego entonces, las dos ópticas analizadas nos proporcionan dos conclusiones puntuales respecto al ser humano, la primera lo describe como un ser más del basto aparato evolutivo y la segunda lo describe como un ser diferente al resto de la creación, dotado por el mismo Creador de propósito y capacidades. Considero que esto es relevante a la hora de entender quiénes somos y los resultados tienen directa incidencia en nuestra cosmovisión.
Hasta aquí, las explicaciones pueden verse solo como argumentos a favor de creer o no creer. No obstante, el relato creacionista aporta unos detalles sumamente importantes sobre nuestra relación con Dios y ese nexo invisible que nos dice que si hay un Dios. Te invito a descubrir tu nexo.

Existen 2 tipos de personas: Las perversas y las que luchan