Charles Bukowski decía que un hombre de su pensamiento sólo saca problemas y yo, honestamente no dejo de darle la razón. Son muchos los temas que siempre dan vueltas en mi cabeza y hoy me gustaría compartir uno de ellos. Si nos detenemos un momento, sólo unos 30 segundos quizá y pensamos en cuántas publicaciones o comunicados hemos visto últimamente de personas desaparecidas, tal vez la preocupación no esté ahora sólo en mi cabeza.
En los últimos años he venido observando como montones de personas desaparecen a diario y lo más triste pero irónicamente consolador es que no sólo ocurre en Colombia, no es algo de la costa o del interior del país; este, es un fenómeno que está afectando a América Latina y probablemente podría tratarse de algo mucho mayor, pero me centraré en las noticias que reviso a diario y estas para mayor infortunio son de la tierra del olvido, de nuestro amado país.
En el mundo existe una cifra bastante elevada de personas desaparecidas y las causas y explicaciones suelen ser diversas; los conflictos armados, el terrorismo, terremotos, tsunamis, entre otros desastres naturales explicarían muchas de estas desapariciones pero, ¿Qué pasa con el resto? ¿Quién responde? ¿Quién da motivos que expliquen las otras desapariciones? ¿Qué se le dice a una familia para consolarla?
En Colombia sólo en el 2020 desaparecieron más de 2000 personas y no sólo son mujeres y niños los que desaparecen como nos quiere vender la prensa amarillista de este país, porque no es así, esta sombra que le roba la paz y la tranquilidad a miles de familias en el país no distingue nada, como diríamos acá en la costa ‘no come de cuentos’; en sus garras se los lleva a todos, niños, adolescentes, hombres y mujeres. De acuerdo al reporte presentado por Medicina legal en el 2020 fueron 1727 los hombres desaparecidos y 1086 mujeres; para octubre de ese mismo año 2813 personas eran buscadas por familiares y amigos y como las estadísticas hablan por sí solas, seguramente el año cerró con muchas otras desapariciones.
Por egoísta que suene jamás y nunca me gustaría enfrentarme a una situación como esta, deseo con todas mis fuerzas que nadie deba seguir pasando por una desgracia así; sin embargo, es claro que mis intenciones no solucionarán un problema de tal magnitud, las desapariciones no se detendrán y no lo harán porque no nos estamos ocupando por combatir el flagelo, no conocemos sus causas y me atrevería a decir que no nos incómoda porque nos hemos acostumbrado tanto a la desgracia y nos hemos vuelto tan egoístas que ya somos indolentes ante la desgracia de los otros y no despertamos sino hasta que esta toca nuestra puerta.
Compartir personas desaparecidas en Facebook, en WhatsApp o cualquier otra red social puede ser útil pero no deja de ser un paño de agua tibia. Necesitamos una Colombia llena de personas unidas, de personas que se detengan a meditar y querer soluciones para los problemas, no importando si estos te afectan o no. Yo no tengo historias personales en referencia a este tema, pero si pienso y te invito a ti que me lees a que medites un poco, solo necesitas otros 30 segundos para pensar: ¿Qué pasaría si la persona que más amas en la vida sale un día y nunca más llega a casa? ¿Qué sentirías? ¿Encontrarías algún consuelo? Acaso no te preguntarías, ¿Dónde estarás?
Te busco perdida entre sueños
El ruido de la gente
Me envuelven en un velo
Te busco volando en el cielo
El viento te ha llevado
Como un pañuelo viejo
Y no hago más que rebuscar
Paisajes conocidos
En lugares tan extraños
Que no puedo dar contigo
Te busco, interpretada por Celia Cruz

Devotos cristianos (Parte 3)