(segunda parte)
Corría el año 2019 y me encontraba yo desarrollando un taller de cinematografía con mis estudiantes de undécimo grado. “La máquina del tiempo” fue la película elegida por mí para tratar el tema del diseño de producción y me pareció que esta era una buena elección para tal ejercicio. Quería yo que mis alumnos de lectura crítica descubrieran una nueva forma de ver el cine: la forma objetiva.
Basada en la novela escrita por Herbert George Wells y catalogada por la crítica como una joya de la ciencia ficción, esta obra sería perfecta para trabajar el cine desde el punto de vista en mención. De los casi cuarenta jóvenes que integraban la clase, solo uno de ellos manifestó haberla visto antes. Con algunos, en horas de descanso y otros momentos de la jornada, a veces nos sumergíamos a hablar de estos temas ya que es una de mis pasiones y la de muchos adolescentes. Nada podía salir mal. Sin embargo, una vez terminada la cinta, solo unos cinco o seis de ellos demostraron admiración ante esta. Tal vez por falta de acción, armas o chistes o quizá porque le faltaron automóviles conducidos por tipos rudos destruyendo la ciudad a su paso. No pretendía yo que les gustara a todos, pero al menos, en cuanto a la actividad que respectaba en ese momento, lo que buscaba era que ellos pudieran tomar esta cinta como ejemplo de lo que es una producción bien trabajada. Las sugerencias para la siguiente actividad no hicieron falta y tomé entonces la decisión de escucharlos a ver qué película escogían desde sus intereses para el análisis de la misma. Como era de esperarse, no se pusieron nunca de acuerdo, ya que, como lo he mencionado en materia de este tema, el cine es lo suficientemente subjetivo como para que todos pretendamos ir en la misma dirección.
Al ver que no todos poseían, de manera lógica, una inclinación a fin, decidí separarlos por grupos y que hicieran una exposición sobre la película que ellos quisieran y de la misma manera, enfocarse en el diseño de producción, lo cual tendrían que explicar en las siguientes clases. Esto resultó siendo una buena idea ya que hubo mucha variedad y retroalimentación al final.
Uno de los grupos trabajó sobre la cinta “Alita: Battle Angel”, basada también en una obra escrita, esta vez por el mangaka japonés Yukito Kishiro y que se encontraba por ese entonces en estreno en las salas de cine de todo el mundo. Me llamó la atención que, al igual que la película escogida antes por mí, ambas hayan sido basadas en obras escritas y que pertenecieran las dos a la ciencia ficción. Fue interesante comparar dos películas separadas por casi dos décadas y para públicos de diferentes generaciones.
Al final del ejercicio quedé bastante satisfecho porque ellos pudieron aplicar los conocimientos adquiridos en la clase con producciones más actuales y acorde a los adolescentes que eran en ese momento. Cada película que escogieron lo hicieron desde lo subjetivo puesto que se basaron cada uno en sus gustos. Pero el análisis de cada una fue hecho de forma objetiva acorde con el tema que se estaba trabajando en la clase. Debo decir que la recomendación hecha por el grupo en cuestión, fue una de las mejores que me han hecho. Probablemente dentro de veinte años, un profesor de lectura crítica estará escogiendo esta obra y así trabajarla también con sus estudiantes y para ese entonces podrá ser que “Alita: Battle Angel” sea considerada como una película de culto.
Lo bello del séptimo arte radica en su variedad y que existe un público para cada estilo. Creo que lo que experimenté con mis estudiantes de undécimo grado fue un buen ejemplo que me sirvió para nutrir mi tesis y así dejar demostrado que, en efecto, existen y seguirán existiendo dos formas de ver el cine: la forma subjetiva y la forma objetiva.

Batallas mentales