A pocos días de finalizar este 2020, creo que una de las cosas más sensatas que haría una mente joven como la mía es la de detenerse y analizar todo lo aprendido. Recuerdo mirar el coronavirus como algo lejano, ajeno a todos nosotros, en mis pensamientos bastantes soñadores e ilusorios pensé que jamás llegaría; estaba convencida de que la América de los olvidos, de los nadie y la que está llena de demonios jamás tendría que pasar por algo peor que lo que ha enfrentado, pero como todos pueden adivinar, fallé en mis deseos y predicciones. La Covid llegó y ahora parece que el mundo no es el mundo sin ella, siento que ahora la historia se divide en un antes y después de Cristo, pero también en un antes y después del coronavirus.
Todos sabemos lo mucho que ha dejado esta pandemia, si me pidieran definirla en 3 palabras sería muerte, crisis y replanteamientos. No me quiero centrar en lo malo que ha ocasionado, ya bastantes análisis y analistas hay sobre ese tema, hoy sólo quiero destacar desde mi perspectiva lo que causó. La tercera palabra en mi definición de covid es un resumen de todo lo que creo que significó la pandemia: replanteamientos. ¿O es que acaso todos en algún momento no tuvimos la necesidad de replantearnos casi absolutamente todo? Replanteamos el orden de las cosas, replanteamos prioridades, replanteamos necesidades, deseos, costumbres y hasta nos replanteamos a nosotros mismos.
Siempre detestaré todo lo que ocasionó la Covid en el mundo, pero también, siempre estaré enormemente agradecida por permitirme replantear mi perspectiva sobre la vida y sobre mi mundo. Hoy puedo decirles a las personas que aprendí a conocer más a mi familia, que vi su amor, apoyo y calidez cuando más duras estuvieron las cosas. Hoy destaco el papel de todos los médicos, enfermeros y todo el personal que arriesgó y todavía arriesga su vida por luchar por la vida de otros. Gracias doy por todos los que hicieron honor a su juramento hipocrático y llevaron en alto el más grande valor que fue morir sirviendo a sus prójimos. A los profesores que replantearon su forma de enseñar, que fueron pacientes y que tuvieron la sagacidad para enfrentar la situación, a ellos también doy gracias. El vivir en carne propia el papel como estudiante hace que de gracias infinitas a todos lo que lucharon, los que trabajaron y a los que una y otra vez tuvimos que replantearnos la manera de seguir y lo más importante agradecer porque pudimos lograrlo.
Creo firmemente que, si definimos el 2020 como el año de la Covid, entonces habremos perdido el tiempo. Fue un año lleno de retos, de muerte, de crisis, de mucha tristeza y ansiedad, pero también un año en el que por fin le dimos importancia a lo importante, en el que la vida cobró especial valor y en el que tener un plato de comida y un lugar donde reposar tu cabeza fue un tesoro casi invaluable. A este punto sólo queda agradecer, tener esperanza y sobre todo no dejar que se pierda, incluso aunque en Colombia las personas entre 16 y 59 años se encuentren en la 5 etapa de la fase II de la programación de vacunación. De todo corazón espero que todas aquellas personas, cuya mayor preocupación fue la pandemia y que nos hizo replantear hasta la existencia, puedan disfrutar de lo aprendido.
Me despido deseando que en cada familia haya paz, felicidad y mucho amor. Espero que los padrinos se reporten, que los tíos den el aguinaldo y que tengan la dicha y el placer de darse cuenta de todas las pequeñas cosas que nos bendicen y que mejoran nuestro mundo. Ahora pienso cuánta razón tenía Ernest Hemingway al decir que todos somos aprendices en un oficio en el que nadie se vuelve maestro, porque siempre estaremos aprendiendo como vivir, con o sin la Covid.
Escrita por: Saray Tapia, estudiante de derecho de la Universidad del Norte

Los giros del deseo, un libro inquietante.