Cultura

El espejismo llamado felicidad

Debemos ser felices. Esto es lo que nuestra sociedad actual nos dicta y nosotros creemos, ciegamente, que ese es el ideal. Pero,...

Foto del avatar Escrito por Armando Verbel · 4 min read >

Debemos ser felices. Esto es lo que nuestra sociedad actual nos dicta y nosotros creemos, ciegamente, que ese es el ideal. Pero, ¿debemos ser felices? Antes de responder esta pregunta, creo que es necesaria una definición acerca de la felicidad. Algunas personas, estudiosas y no tan estudiosas del tema, definen la felicidad como ese momento en que las necesidades, tanto físicas como emocionales, han sido cubiertas plenamente, lo cual genera la sensación de haber alcanzado el sentido supremo de la vida.

Esta definición es muy bonita y hasta parecería un fin loable, si no fuera tan fácilmente debatible. El psicólogo español, Edgar Cabanas junto a la socióloga Eva Illouz, en su interesante libro Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, demuestran, con bastantes evidencias, cómo esta moda de la felicidad ha sido un invento de algunos psicólogos, afiliados a la psicología positiva, y grandes empresas, que usan el genuino deseo de plenitud que existe en cada uno de nosotros, para ofrecer y vender sus productos, los cuales, según sus estrategias de mercadeo, van a darnos la tan anhelada felicidad. En este libro se muestra cómo, desde entrado el siglo pasado, la psicología positiva ha tenido un impacto en el mundo, especialmente el empresarial, presentando la tesis de que para vivir bien es necesario ser felices.

No solo Cabanas e Illouz han estudiado el tema, entre los muchos personajes que han hablado sobre este ítem también podemos mencionar al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, quien ha escrito mucho sobre la manera en que la sociedad consumista nos ha vendido el espejismo de la felicidad como una estrategia para generar ingresos. En su libro, La felicidad paradójica: Ensayo sobre la sociedad del hiperconsumo, el autor describe las maneras en que el capitalismo y los grandes emporios económicos, desde muy temprano en el siglo pasado, han usado el tema de la felicidad como caballito de batalla para generar en nosotros ese sentimiento de que somos unos infelices si no tenemos lo que marcan las tendencias del mercado. Luego de que ese sentimiento se genera, nosotros, obedientes como somos a las tendencias de la moda, salimos desbandados a “buscar la felicidad”. Esto ha hecho que varias generaciones hayamos crecido con esa visión manipulada de la existencia humana y la aceptemos como una verdad irrefutable.

Otro autor que habló sobre el tema fue el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman, quien describe nuestra sociedad como una sociedad líquida, impulsada por las tendencias y las modas, buscando adquirir identidad en cualquier novedad que aparezca y poniendo sus esfuerzos en alcanzar una felicidad ilusoria. Describe esta sociedad como una donde las relaciones son frágiles, impersonales y guiadas por las tendencias que el mercado impone. Quien más tiene o presume tener, más vale. Si no tienes o no presumes tener, no vales nada, no existes.

Entonces, tomando en cuenta estas miradas del tema, vale la pena evaluar en función de qué estamos viviendo. Nótese que es muy curioso que quienes hablan de la felicidad, la mayoría de las veces, la resumen al absurdo de tener más y consumir más. No sé si usted lo ha notado, pero la publicidad nos hace sentir cada día más “infelices”, los famosos y no tan famosos que muestran sus vidas ideales (y a veces falsas) en las redes sociales y medios tradicionales de comunicación, son fuente de frustración para personas que han basado su identidad en el espejismo llamado felicidad. Vivir en función de la felicidad es trabajar para obtener dinero y gastar en cosas que, la mayoría de las veces, no son necesarias sino accesorias, pero, según nuestro saturado medio social, son las que nos destacan y nos ayudan a alcanzar el loable fin de vivir una vida feliz.

También es interesante notar que, al parecer, la felicidad no es duradera, sino que siempre necesita adquirir algo más para realizarse y que, cuando se llega a ella, es tan frágil que cualquier cosa, por pequeña que sea, puede dañarla y convertirla en frustración. Esto es lo que Lipovetsky, en su libro mencionado, define como felicidad paradójica, una felicidad que en vez de generar emociones positivas y de bienestar, te deja frustrado y necesitado de más, luego de tanto gastar fuerzas y dinero por alcanzarla.

En mi opinión, creo que eso que llaman felicidad no es más que la glorificación de nuestra envidia, la promoción de nuestra codicia y el triste descubrimiento de que no tenemos una razón seria para vivir, sino que somos objetos fáciles de manipular y que se rinden ante cualquiera que les dé un motivo para respirar, llámese felicidad o cualquier otra meta “alcanzable”. Lamentablemente, estamos tan inmersos en este sistema que cualquiera que se atreve a mencionar el tema es tratado como loco, antisocial o simplemente un crítico amargado. Esto es tan así porque muchas de las instituciones en las cuales depositamos la confianza (gobiernos, grandes empresas y hasta iglesias), están movidas, igualmente, por esta ideología la cual han abrazado acríticamente para desligarse de sus responsabilidades.

Los gobiernos hacen encuestas de felicidad en países como el nuestro, donde el índice de desigualdad es altísimo, para mostrarnos que, a pesar de su incapacidad de solucionar los problemas para los cuales los elegimos, somos de los países más felices del mundo. Las empresas día a día exacerban nuestro deseo de alcanzar la felicidad para alcanzar sus fines comerciales, inclusive, a expensas de nuestra salud física, mental y emocional. Igualmente, muchas iglesias, faros de la llamada felicidad, están vendiendo lo que ellos llaman evangelio como una manera de alcanzar la felicidad, eso sí, esta felicidad te cuesta algunas donaciones a sus finanzas, donativos que entre más grandes sean mucho mejor, puesto que te ayudan a estar más cerca de alcanzar tu gran anhelo, ser feliz. Estas instituciones y muchas otras personas se han adherido a este juego macabro y están aportando su nefasto grano de arena para seguir creando una generación de frustrados y cansados de la vida, quienes gastan todo lo que tienen en alcanzar ese espejismo llamado felicidad.

Entonces, ¿debemos ser felices?, yo diría que no, no debemos ser felices como la sociedad nos indica. Debemos aprender a reconocer que la vida tiene momentos buenos y momentos malos, y que, por más que lo anhelemos, no vamos a comprar una vida de plenitud y felicidad absoluta, ni con todo el dinero del mundo a nuestra disposición. Es necesario empezar a pensar por nosotros mismos y dejar de creer en utopías y caminos fáciles para darle sentido a nuestra existencia. No existe tal cosa como la felicidad, pero sí hay algo llamado contentamiento. Esta es la capacidad de sacarle el jugo a la vida, viviendo cada situación, buena o mala, con la misma actitud, agradeciendo por todo y disfrutando cada momento o etapa de nuestra existencia. Ojalá que este escrito sea el punto de inicio para una reflexión que nos lleve a reconocer y, en lo posible, rechazar ese espejismo llamado felicidad.

 

2 Replies to “El espejismo llamado felicidad”

  1. Excelente, en ocasiones puedo llegar a ser tan felíz, y no estar conciente de que lo que estoy viviendo lo llame felicidad, pero en cierta ocasión la misma industria, la ciencia, mis pensamientos me hacen pensar que la felicidad es algo para alcanzar, cuando en realidad es disfrutar cada espacio, momento, circunstancias y tiempo que vivimos para sacar provecho de cada situación o área de la vida.

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