Antes de comenzar hablar del significado de trauma, es necesario trasladarse a la teoría de Mc clean (1990), quien propone que el cerebro está dividido en tres partes: la primera se refiere a la encargada de la sobrevivencia y tiene que ver con el lado más primitivo del cerebro, responsable de las funciones fisiológicas y los estados de alerta, la cual permitía identificar los potenciales peligros del medio ambiente.
El neocortex es la segunda estructura desarrollada posteriormente y su función primordial es proveer la razón y evaluar la información proveniente de los sentidos, para luego darle una orientación, por otro lado, está el sistema límbico, quien está compuesto por los órganos rectores de las emociones.
Van der Kolk (2017), retoma la teoría anterior para realizar un estudio acerca de cómo las personas reaccionan ante situaciones consideradas como difíciles o con una carga significativa de estrés y en base a su experiencia con militares que estuvieron en guerra, llegó a la conclusión de que existen experiencias externas con el poder de provocar un desequilibrio en la forma de comportarse ante situaciones similares, originando así síntomas adversos y que generan alteraciones bio-psico-sociales. Esto sentó fundamentos para lo que hoy es conocido como TETP (Trastorno por estrés post traumático).
Ahora bien, según Levine y Kein (2016), sugieren que la causa del trauma no es el evento en sí, más bien es la interpretación dada a una situación, que despoja a un sujeto de sus herramientas internas para un afrontamiento adecuado y lo hace vulnerable a poseer alteraciones o dificultades de los siguientes tipos:
- Estados de ansiedad
- Culpabilidad
- Síntomas depresivos
- Sentimientos de minusvalía
- Sentimientos de soledad
- Aumento en la agresividad
- Recuerdos recurrentes acerca del momento traumático
- Cambios notorios en el estado del animo
- Regresión en el desarrollo (volverse a etapas del desarrollo, que ya se habían
superado)
- Aparición de comportamiento disruptivos (desafiante a las normas planteadas por el
grupo).
Lo anterior muestra las afectaciones que trae la traumatología en los niños y niñas, ahora bien, es relevante resaltar que la niñez es un periodo altamente significativo para adquirir y fortalecer funciones cognitivas, dicho esto, resulta primordial proteger a los niños de cualquier tipo de abusos, puesto que este durante esa edad podría tener repercusiones en procesos tales como el aprendizaje, en otras palabras, a menor edad los niños sean víctimas de malos tratos y violencia, mayor probabilidad de padecer consecuencias a largo plazo, que pueden perdurar incluso en la vida adulta (Bannister, 2012).
Complementando lo descrito anteriormente, Moreno (1993), en su teoría del desarrollo infantil, aborda la problemática de los niños con trauma desde un enfoque psicodinámico y plantea las repercusiones nefastas que tiene para ellos, dentro de la adquisición de la identidad, trayendo la imposibilidad de conocerse a sí mismo y armar lazos afectivos con otros, lo cual a su vez favorece que un componente llamado espontaneidad disminuya, provocando comportamientos de inhibición social y la imposibilidad para fortalecer las relaciones sociales.
Por otro lado, en la infancia existen muchos factores que podrían convertirse en un detonante para la adquisición del trauma, pero esto es relativo, es decir, lo que puede presentarse en un niño, no necesariamente se presenta en otro, por esto la valoración que se le da a un hecho especifico ejerce una influencia para adquirir o no malestares psicológicos. Entre los desencadenantes más comunes según Levine y Kein (2016) se encuentran:
- Perdidas de personas cercanas a su núcleo primario de apoyo
- Separación de los padres
- Desastres naturales
- Violencia familiar
- Cualquier tipo de abusos
- Guerra
Aunque los anteriores, son eventos o situaciones nocivos para la estructura mental del niño o niña, se pretende puntualizar en la violencia intrafamiliar (VIF), ya que esta ocurre en el lugar donde deben brindar amor y protección, cuando el ambiente primario del infante se convierte en un lecho de violencia pasa a ser un lugar transmisor de inseguridad y miedo, lo cual predispone a la vulnerabilidad a despojarse de las herramientas internas para enfrentarse ante situaciones con un alto grado de estrés.
Es entonces que la VIF desencadena una serie de respuestas psicológicas, que dejan en indefensión a los niños, es por eso que entre más prevalente sea esta problemática, existe una mayor probabilidad de que el daño causado a nivel psicológico sea mayor (Levine y Kein, 2016).
En esta misma perspectiva, la violencia intrafamiliar está ligada directamente al trauma, puesto que aumenta los factores de riesgos de padecer alteraciones cognitivas, emocionales y sociales, estas posteriormente son reflejadas en los comportamientos del menor, causando así secuelas que podrían tener efectos durante toda la vida adulta, es por eso, que componentes como los estilos parentales, la cohesiona familiar, la comunicación, los buenos tratos y la confianza familiar deben fortalecerse, de tal forma que el ambiente sea sano y vele por la salud mental de los infantes.

Zapatero